Señor Director de LA REPUBLICA
Dr. Federico Fasano Mertens
Frente a la imagen de muchos viejos que el 17 de diciembre sufrieron una conmoción y rompieron en llanto al recibir la noticia de la prisión de Gregorio Alvarez, me surgen algunas reflexiones. Me doy cuenta que se ha escrito mucho sobre lo que pasamos los que estuvimos presos y exiliados. Se ha escrito sobre las cosas horribles que vivimos y también, por suerte, sobre la fuerza de la solidaridad que nos mantuvo bien y nos permitió aun crecer en esas condiciones inhóspitas. Es mucho menos lo que se ha escrito sobre los padecimientos de la gente común durante la dictadura.
Tal vez sea momento de decir que la dictadura además de la clasificación de los ciudadanos, significó para muchos autoexilio (dentro de su persona, dentro de Uruguay o fuera del país) ante arbitrariedades sin fin que les hacían imposible seguir viviendo en sus casas.
Para algunas familias significó ser detenidos, maltratados físicamente y extorsionados, con el pretexto de averiguar sobre sus familiares en el exterior.
Para otros significó no poder salir o entrar libremente de Uruguay porque los perseguían, a sabiendas de que no tenían nada que ver, debido al parecido de su nombre con el de un requerido. Por supuesto que estas cosas pasaron en algunos lugares donde la dictadura se propuso escarmentar; no sólo castigar a la gente. En otros lugares, era otro el estilo; perseguir para que la gente no pudiera ejercer su profesión dentro de la educación pero también prohibirle que participara de un grupo de teatro o en otras formas de ganarse la vida. Muchos de los que lean esto pensarán en otros ejemplos de cosas que sufrieron, pero aquí pretendí contar cosas que conozco y que sufrieron gratuitamente familiares cuando los "subversivos" ya habíamos cumplido condena por nuestra opción.
Se podrá decir que esto no es nada frente a los familiares desaparecidos o muertos y es cierto. Pero estas cosas también pasaron y determinaron vidas trastocadas y sueños perdidos a consecuencia de la dictadura.
Por eso, el 17 de diciembre cuando Alvarez fue a la cárcel, hubo muchos que lloraron, seguramente pensando "algo es algo".
M.S.G. - C.I. 1.678.547-2
Señor Director de LA REPUBLICA
Dr. Federico Fasano Mertens
Ayer en un comentario radial una oyente planteaba la alternativa: cuando se produce el fallecimiento de un obrero de la construcción, el respectivo gremio, Sunca, suele efectuar un paro de actividades.
Obviamente es una adhesión a la desgracia sufrida por un compañero de trabajo, pero la oyente en cuestión se preguntaba: dada la situación en que quedan sus familiares, no pocas veces viuda e hijos o padres a su cargo, ¿no resultaría más beneficioso trabajar la jornada y donar lo ganado ese día a los deudos?
Personalmente compartimos esa opinión porque la situación que se plantea a los deudos de un obrero fallecido es realmente conmovedora tanto desde el punto sentimental como económico.
Lo que paga el Seguro no es nada del otro mundo. A veces ni siquiera el obrero está asegurado, lo que obliga a un largo peregrinaje en lo judicial.
Por todo ello, la sugerencia de trabajar y donar los jornales de ese día, podría ayudar y mucho a quienes quedan a veces en desamparo total.
Es conveniente a nuestro juicio que tanto el PIT-CNT como el Sunca estudien el asunto. Además, lógicamente, insistir en que se tomen medidas de seguridad tanto en el ámbito de la construcción como en el de otras actividades donde los accidentes de trabajo dejan al año muchas víctimas fatales o a veces obreros imposibilitados por graves lesiones.
EL EVER - C.I. 1.677.443-4
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