Mariana Rabinovich | Punta del Este
Laetitia D´Arenberg es reconocida como una mujer valiosa, emprendedora y comprometida, a nivel empresarial y personal, en nuestro país. Creadora de empresas familiares relacionadas con la producción ganadera, agropecuaria y turística como los establecimientos Las Rosas y Lapataia-.
La princesa ha sabido ganarse el respeto a fuerza de trabajo, de centenas de personas que laboran día a día con y para ella. Ese trabajo y ese compromiso le ha valido, a la princesa de Punta del Este, el cariño de la mayoría de las personas que la rodean y acabado con la crítica fácil que en un principio se le hacía, por la aparente "frivolidad" de su modo de vivir. Laetitia no es en absoluto superficial. Muy por el contrario, esta mujer, menuda físicamente, con 66 años y unos ojos azules imponentes, demuestra y transmite una fuerza y unas ganas de vivir que imponen respeto. Se define a sí misma como "supersensible" y "rebelde". Y lo es. Su compromiso con esta tierra valida sus polémicas palabras contra los gobiernos, las leyes o la falta de-, y parte de la innegable idiosincrasia uruguaya.
A pocos días del accidente que dejara a uno de sus dos hijos al borde de la muerte, está lista para partir en un avión privado que lo llevará a él, Guntram, de 39 años, hacia Buenos Aires. Desde el Sanatorio Cantegril de Maldonado, donde le salvaron la vida, le practicaron tres operaciones delicadísimas y lo estabilizaron, lo transportan a la clínica donde seguramente le intervendrán nuevamente, para luego iniciar una larga rehabilitación.
"Quiero decir que no tengo palabras para agradecer lo que han hecho con mi hijo. Admirable. Desde la gente que lo trajo en la ambulancia y no sabía quién era. El tratamiento que le han dado los doctores Moisés Salgado, Gabriel, el director del CTI, ha sido el mejor del mundo, concreto, cariñoso, firme y de un profesionalismo infinito", señaló.
Laetitia destacó el trabajo que han hecho los médicos Fernández -alias "el pajarito"-, y el equipo del Cantegril.
"Es el que hubiera hecho un equipo en EEUU, Japón, Alemania, en cualquier parte del mundo desarrollado. En ningún otro lado podrían haber hecho una operación más fabulosa que la que han hecho. Los médicos tienen que ser duros, por el horror que viven día a día, pero si no, no pueden sobrevivir. Pero hay un lado humano cuando ellos hablan, tratan con los pacientes, lo viví allí. Esto sigue siendo el porqué de que yo esté en Uruguay, el porqué de que siga viviendo aquí, trabajando, y de que termine mis días en este país", confesó.
Laetitia reconoce que en Uruguay faltan muchas cosas en verdad. "Por ejemplo, falta descentralizar; seguimos centralizando, porque lo que necesitamos no es que el gabinete entero esté yendo a los diferentes departamentos. sino hechos concretos, tener lo que se necesita en cada lugar, en cada escuela, en cada campo y no tanta palabra", aseguró a LA REPUBLICA.
Sin embargo, antes que nada, "rescato lo maravilloso de este país". "Que esto me haya pasado a mí, Laetitia D'Arenberg o a cualquier otra madre, es aquí lo mismo, el dolor que se siente cuando en riesgo está la vida de un hijo es el mismo, y la atención que le han dado a Guntram es la que le hubieran dado a cualquiera, así que no hay palabras ni manera de ponerlo sobre papel", comentó.
Señaló además que la mujer de Guntram, Devora, está pasando un momento muy difícil. Pero admitió que "es increíble' la cantidad da apoyo, de cariño que les han dado. "Son un matrimonio ejemplar, de 15 años que están juntos, 12 de casados, se conocen desde la escuela. Ambos son de muy bajo perfil, extremadamente capaces, se apoyan uno en el otro y hoy están pasando por un momento espantoso, con dos hijos, mis nietos, de 3 años y de 6", contó.
Sobre el estado actual de su hijo, dijo: "La vida de Guntram está aún en muy alto riesgo. Muchos medios han dicho que venía a 220 y yo quiero que se sepa la verdad, eso es imposible. Dos minutos antes pasó a un amigo de él, que luego lo encontró ya accidentando, y Guntram no iba a más de 100 kilómetros por hora. Algo debe haber pasado, o estaba agachado mirando algo, no vio el auto", apuntó Laetitia, para luego agregar: "Yo creo en las fatalidades. Creo que en la vida uno quiere siempre encontrar algo para dar una explicación a una tragedia. Soy extremadamente creyente y desde el momento en el que uno nace hasta el momento en que muere, nuestra vida está escrita y esto, tenía que pasar. Estoy segura que pasó para algo, no por, para algo. De esto vamos a aprender, algo tenemos que ajustar, cosas en nuestras vidas, no sabemos en este momento qué y dónde, siempre y para todos, en cualquier nivel, es así, nos tenemos que mirar para adentro y lo que pasó con Guntram nos servirá para eso".
Siguiendo con el tema, comentó que lo que pasó "es un milagró". "Está vivo y es un milagro, porque no tendría que estar vivo, dos veces fue dado por muerto y volvió a vivir. Tuvo tres operaciones gravísimas, una de la aorta que la tenía arrancada, otra de la pelvis, que se le partió por la mitad -4 centímetros- y las dos piernas, la derecha ni puedo decir cómo estaba", destacó.
El tema de su hijo era excluyente, sin embargo, pese al cansancio, el dolor y los nervios, ella aceptó feliz la invitación a hablar también, un poquito, de su vida.
"Me casé con un hombre con quien tuve dos hijos divinos, después estuve muchos años con un uruguayo y ahora estoy con un inglés, Jhon Anson, hace 18 años, que es mi cable a tierra", destacó. "Nací en 1941, en Líbano, en la ciudad de Broumana, bajo el protectorado Francés. Nací en condiciones extremadamente difíciles, porque mi madre voló sobre una granada y me tuvo a mí con un embarazo de ocho meses. Había hambre, no había en la guerra para comer. El lugar del que hablo se encuentra entre Beirut y Siria. Pero el destino de que yo siguiera adelante estaba ya marcado", añadió.
"Cuando nací pesaba 800 gramos y a los 11 meses nació mi hermano. El 13 de mayo de 1943, murió mi padre, en la Batalla de Montecasino. Mi madre se casó con un familiar nuestro, que nos adoptó, porque no podía tener hijos y en nuestra familia, para que el nombre no muera, nos adoptamos entre nosotros. Siempre hay que dejar alguien atrás para que quede con lo que uno ha construido en la vida", agregó.
La princesa sonríe un ratito en silencio, y luego continúa: "Mis padres tenían grandes propiedades en el Congo Belga, en 1950, viendo la situación del país, dijo que no era un país para terminar ahí; la cosa estaba muy mal y no estaba para enfrentar otra guerra. Entonces buscó un país chico, vinimos para acá y nos movíamos a Europa. De allá para acá y al revés".
Laetitia comentó de que a pesar de que era una baguala, siempre fue la contra de todo, nunca quiso entrar en el sistema ni en los parámetros que me le querían poner, "siempre me salía de esos parámetros". "Acá es el paraíso de los niños, acá se les permite todo, cosa que en mi familia nunca me permitieron, nada. Supe encontrar siempre una escapatoria. Todas las locuras que un ser puede llegar a hacer, las hice todas. No me faltó una, no dejé una sin probar, ninguna cosa por hacer atrás; hasta llegue a tirarme de la segunda terraza de la Villa D´Arenberg con una sombrilla", dijo entre risas. "Tenía 12 años, primero caí precioso, pero en la segunda vuelta, adiós sombrilla, que se dio vuelta, y menos mal que caí sobre el pasto y como soy muy flexible, fue el traste el que soportó todo. Tuve unos moretones bastante interesantes que por varias semanas me acompañaron y el codo en un estado bastante feo, pero en relación a lo que podía haber pasado no fue nada. En realidad me dolió más la paliza de la institutriz, que el golpe. Imaginate, con 12 años, si querés sopa, dos platos. Así que de esa manera no volé más. No hice más de Mary Poppins", finalizó riendo.
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