Por Antonio Pippo
¡Ay, don Paco, cuánto barullo y dinero hay siempre alrededor suyo!
Ahora, además de hacer pública su disputa con la Impositiva, y luego de fotografiarse sonriente junto al presidente Vázquez, parece haber errado de juzgado, aunque yo hablo por mentas pues soy un ignorante total. Pero hay quienes dicen entre ellos el propio director general de Rentas- que el recurso presentado ante la Justicia Civil debió ir al Tribunal de lo Contencioso Administrativo.
¿Dónde está el nudo de la cuestión? Don Paco ha reclamado una medida de no innovar, que lo proteja, hasta tanto se dicte "sentencia declarativa de certeza" acerca del régimen según el cual debe tributar. Hace seis años que la DGI está desarrollando inspecciones para investigar las actividades de este caballero y le ha exigido el pago de quince millones de dólares, de acuerdo al nuevo derecho tributario. Don Paco discrepa con ese criterio y ha argumentado que tanto tiempo de investigación, sin despejar de toda duda a la norma aplicable, le perjudica grandemente por los eventuales recargos y multas que sobrevendrían.
La DGI ha contestado que "la duración de cualquier actuación se regula por la colaboración del contribuyente", sutil sugerencia de que no la ha recibido en la medida esperada.
El caso tiene, para empuje de las comidillas que revolotean en torno al notorio contratista, concesionario de derechos de televisión y millonario confeso, una frutillita: uno de sus patrocinantes es nada menos que el doctor Leonardo Costa, coautor de la reforma impositiva vigente.
Entre tanto, para un tipo como uno, poco advertido y bastante distraído, queda esa sensación, probablemente equivocada, de alguien muy rico y poderoso que no quiere pagar todo lo que debe. Puede ser un estereotipo y, ante confirmación de inocencia, sabré pedir disculpas.
Pasa que es difícil sacudirse una fama que se ha creado durante años. Y más cuando él mismo, ¿sin darse cuenta?, da pasto a las fieras.
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