Tercera época Por Antonio Pippo
Hay unos dichos de Cela que deseo repetir, introduciéndome en una cuestión que me incomoda: "Seguimos en las mismas inútiles resignaciones (...) Es grave confundir la anestesia con la esperanza; también lo es tomar el noble rábano de la paciencia por las ruines hojas lacias, ajadas, trémulas de la renunciación".
Me preocupan los debates políticos preelectorales; siguiendo la frase de Cela, en el pasado hubo renunciación y hubo resignaciones inútiles: varios debates se diluyeron pese a cuánto los necesitaba la ciudadanía, y aquellos al fin organizados por una televisión abaratada se sumergieron en una pobreza absoluta.
Acabo de ver gracias a una televisión muy diferente a la nuestra los debates entre Rodríguez Zapatero y Mariano Rajoy. No me interesa detenerme en quién salió mejor parado sino en cuánto nos falta de la madurez política de los españoles. Esos debates fueron ejemplo de cómo es posible una confrontación política e intelectual, por tanto de balances, ideas y proyectos, en un encuentro que, si bien tuvo momentos de tensión, jamás perdió el modo civilizado, la abundancia de información, la síntesis, ni la gracia de expresión en los respectivos estilos. A diferencia de lo que nos hemos acostumbrado aquí, estuvieron cara a cara y no en posición sesgada o absurdamente parados detrás de atriles y mirando con fijeza al frente, como si en realidad no quisieran dialogar, debatir, sino hablarle a algo ¿una suerte de mundo ilusorio? que está más allá, lejos.
A veces es bueno copiar. Si lo hacemos, no habrá reprimenda.
Yo quiero, para la próxima campaña electoral en Uruguay, que haya entre los dos principales candidatos, aquellos que van a decidir la cosa, unos debates semejantes; el beneficio para el ciudadano será invaluable.
Llegado a este punto le confieso, lector, que me agarra una suerte de intensa picardía senil. Hoy, ¿quiénes podrían ser tales candidatos?
¿Y si juego unos pesitos a Astori y a Lacalle?
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