Por Alberto Couriel | Economista, senador del MPP-FA
El proyecto nacional abarca los ámbitos económicos, sociales, políticos y culturales. En el ámbito económico es indispensable la necesidad de conformar una estructura productiva que atienda simultáneamente la competitividad y el empleo. Esto significa elegir rubros con competitividad actual y potencial y con capacidad para generar empleos productivos.
Se requiere la elaboración de lineamientos estratégicos muy abiertos y flexibles para contemplar la velocidad de los cambios tecnológicos imperantes en la sociedad contemporánea. La nueva estructura productiva debería permitir avanzar hacia una mayor homogeneidad de la misma para que disminuya la brecha entre las actividades de alta productividad de la mano de obra con aquellas de baja productividad, que se ubica en el centro de las desigualdades económicas y sociales.
Para atender el criterio de competitividad, la innovación se constituye en una variable central a la luz de experiencias muy exitosas como las de Australia, Nueva Zelanda, Corea del Sur, Finlandia e Irlanda, entre otros. Para ello, es indispensable una articulación central entre el Estado, las empresas, los centros de investigación y desarrollo y los centros universitarios de excelencia. La articulación entre el Estado y las empresas privadas, nacionales y extranjeras, es vital para la promoción de rubros y actividades con potencialidad de innovaciones e incorporación de conocimientos para mejorar la capacidad competitiva.
Por lo cual, son indispensables los acuerdos sociales que incorporen a los empresarios, trabajadores y académicos donde se expliciten estas posibilidades. El gobierno ha hecho esfuerzos por tener un muy buen relacionamiento con los sectores empresariales que no siempre ha sido adecuadamente correspondido. Estos proyectos futuros, con horizonte de mediano y largo plazo, son más relevantes que las escaramuzas por reglas laborales o por la implementación de un impuesto que no afectan los necesarios niveles de rentabilidad. Son más relevantes que específicos corporativismos de trabajadores sin visión nacional y sin atender elementos de solidaridad indispensables para la construcción de un Proyecto Nacional.
También es indispensable asegurar una relación muy fluida con el ámbito académico. "Se trata de convertir la investigación científica y tecnológica y la capacidad educacional en una fortaleza industrial y exportadora, por lo que es necesario transformar tanto el sistema nacional de innovación como los organismos de desarrollo exportador y de desarrollo industrial o empresarial." (1) El actual gobierno inicia esfuerzos en esta dirección.
La conformación de la estructura productiva, atendiendo los criterios de competitividad y empleo, requiere de un profundo análisis sectorial, de las cadenas productivas, de los distintos eslabonamientos hacia atrás y hacia adelante que mejoren los procesos de integración productiva y enfrenten la actual heterogeneidad. El sector agropecuario se caracteriza por una abundancia de tierras de buena calidad que centraliza la competitividad histórica de Uruguay. En comparación con otros países con abundancia de tierras estamos lejos de la frontera tecnológica y muy por debajo de sus niveles de productividad de la tierra y el trabajo. En ese sentido, estamos por debajo de tales niveles con respecto a Chile, Venezuela, México, Brasil y Argentina y muy lejos de los niveles de productividad de la tierra y del trabajo con respecto a EEUU, Canadá y Nueva Zelanda (2). La productividad del conjunto de los factores productivos crece en el Uruguay, pero menos que en los países desarrollados y que en Argentina y Brasil. En esencia hay una tarea de programación del uso del suelo, de atender la capacidad de innovación en toda la cadena productiva, de determinación de los rubros más aptos en función de la calidad de los suelos. Esto nos va a facilitar decidir cuánto y donde de forestación, la combinación de ganadería y agricultura, las mejoras tecnológicas más adecuadas para atender la productividad de la tierra y del trabajo.
Este año se cumplen 40 años de la publicación, por el Instituto de Economía, del libro "El Proceso Económico del Uruguay" que elaboramos junto a Octavio Rodríguez, Raúl Trajtenberg, Raúl Vigorito y Samuel Lichtensztejn con la importante colaboración de Luis Macadar y Nicolás Reig. En ella demostrábamos que la tecnología disponible para la ganadería no se aplicaba porque no mejoraba la rentabilidad por activos, elemento relevante a considerar para el futuro. También es importante en el sector la necesidad de confluencia de los intereses propios de la inversión extranjera directa con los intereses nacionales. Ello se vincula con la necesidad de que la estructura productiva sectorial atienda también los requerimientos de empleo productivo, como por ejemplo la necesidad de tierras para los pequeños productores lecheros.
En la industria manufacturera importan los avances tecnológicos y la necesidad de incorporar conocimientos a los insumos provenientes del sector agropecuario, como los procesos de innovación en rubros que no provienen de los recursos naturales. La complementariedad productiva en el campo regional, especialmente con Argentina y Brasil, es un componente muy relevante para el futuro de la industria manufacturera, tanto para la especialización productiva como para la participación en distintos eslabonamientos de la cadena productiva.
En el sector servicios existen enormes potencialidades. El país ha conocido avances en los servicios financieros. La plaza bancaria ha tenido beneficios pero también elevados costos en las crisis financieras de 1982, 1985 y 2002. Es un tema importante definir las nuevas características del sistema financiero. Se han dado avances relevantes en los servicios vinculados al turismo. Pero en los últimos tiempos se han concretado avances significativos en la tecnología de información y comunicaciones, en software y en servicios a las empresas que ubican a Uruguay con una extraordinaria potencialidad de competencia y exportación de servicios.
(1) Cepal, Panorama de la inserción internacional
Tendencias 2007.
(2) Cepal, Progreso Técnico y Cambio Estructural en América Latina. Octubre de 2007.
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