Lunes, 17 de marzo, 2008 - AÑO 9 - Nro.2852
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MUJER Y PODER

Por Constanza Moreira | Politóloga. Universidad de la República. Este espacio fue ocupado desde 1999 por los fermentales análisis de Hugo Cores.

Ante su ausencia es cubierto por Constanza Moreira como homenaje a su memoria y aporte al colectivo.

"Hacer política desde las mujeres" fue el título escogido para organizar un seminario que tuvo lugar los días 10 y 11 de marzo en Montevideo. Apoyaron su realización la Unión Interparlamentaria, las Naciones Unidas, la cooperación española y el Parlamento uruguayo.

Cuando el seminario comenzó, el representante de la Unión Interparlamentaria se hizo esta pregunta: "¿Qué pasa en Uruguay?" Se refería a la bajísima representación de las mujeres en el Parlamento uruguayo, poco más de un 10%, cuando el promedio de los países de la región está rozando el 20%. La pregunta revelaba la sorpresa de un extranjero. Para los uruguayos, el problema de porqué hay tan pocas mujeres en política ha permanecido invisible durante mucho tiempo y aunque las organizaciones de mujeres han procurado escandalizar al prójimo con su denuncia, poco han logrado. Así como el voto en el exterior, la ley de cuotas para incluir un porcentaje mínimo de mujeres en los partidos o en el Parlamento no ha podido ser aprobada. Desde hace veinte años se viene luchando en este sentido, sin resultados. El resto de los países de América Latina (con la excepción de Chile) tiene algún sistema de cuota femenina. El sistema político uruguayo no ha podido procesar decisiones que, tanto en el caso del voto en el exterior como en el de la ley de cupos, representan claramente una "ampliación de la ciudadanía". Parece triunfar una idea restrictiva de la política. Una política para pocos; sólo para los que estarían "capacitados para hacerla".

No deberíamos asombrarnos de la fuerza que tienen las ideas que apoyan los principios de una política restrictiva. Baste recordar la exclusión de las mujeres del derecho al voto hasta hace sólo setenta años (y eran ya la mitad de la población) o de los analfabetos hace noventa (cuando eran una proporción bastante importante de la población). Y luego de conquistar el derecho al voto (y para eso hubo que ganar primero la lucha para que fuera el voto que eligiera las autoridades: esto llevó un par de milenios) se conquistó el derecho a la representación de los excluidos. En esta lucha estamos, en las últimas décadas.

¿Quiénes son y quienes fueron, desde siempre, los excluidos de la política? Los pobres, las mujeres, los trabajadores, y las mal llamadas "minorías éticas". Todas las encuestas sobre la composición social de la clase política en América Latina muestran el perfil de la misma: hombres blancos, y con un nivel económico y educativo muy superior al resto de la población. Cuando Lula asumió en Brasil, hubo una gran emoción: por primera vez en la historia de ese país la clase obrera llegaba al gobierno. Cuando Evo Morales asumió en Bolivia, se produjo un fenómeno similar. Por primera vez en un país donde las "minorías étnicas" representaban el sesenta por ciento de la población, ganaba un aymara. Cuando ganaron Bachelet primero y Cristina después, muchas mujeres festejaron. El desafío que estos liderazgos representaba frente a las políticas restrictivas era y continuará siendo enorme.

Los partidos de izquierda, en general, han sido los que han llevado a los trabajadores a la política. Ello nos enseña la historia política europea, y las encuestas a políticos en estos países, que se realizan ya desde hace décadas. Los partidos políticos de izquierda en Europa incorporan dirigentes sindicales. Los de derecha, por el contrario, tienen una mayor incorporación de dirigentes empresariales. Es así como los partidos de izquierda y derecha se han repartido la representación política de los dos factores productivos más importantes de cualquier economía: el capital (la derecha) y el trabajo (la izquierda). Así, los responsables por la entrada del trabajo a la política han sido los partidos de izquierda.

La izquierda uruguaya, la boliviana y la brasileña, cuando han llegado al gobierno, han incorporado en forma definitiva a los sindicalistas a los cargos de gobierno.

¿Y las mujeres? Las mujeres, a diferencia de los sindicalistas o los empresarios, no representan un factor productivo. No tienen poder estructural, como tienen los trabajadores o los empresarios. Su participación en la economía incorpora, además, en forma sustancial, el trabajo no remunerado: la economía invisible, la que no entra en las cuentas nacionales ni en el presupuesto. ¿Cuál es el poder de las mujeres entonces?

Que son muchas. Este es su poder. Y en general, este es el poder de los que no tienen poder. El número. Y por supuesto, la organización. Muchas sin organización valen poco. Pero el poder de los muchos organizados es un gran poder. Especialmente en política. Y más especialmente aun después que la universalización del sufragio obligó a los políticos a someterse a la voluntad de las mayorías.

Los partidos de izquierda han tenido una relación con la desigualdad de género mucho menos comprometida que con la desigualdad de clase. Les ha costado entender que la desigualdad de género, como la de clase, es estructural: está incrustada en el seno mismo de las relaciones sociales. Y que como toda desigualdad tiende a consolidarse políticamente. Que la escasa representación de las mujeres en la política es, al igual que la escasa representación de los trabajadores, una muestra de su debilidad en el sistema. Hay pocos, porque pesan poco; y porque su destino está decidido por otros.

Sin embargo, los partidos de izquierda en todos los países democráticos han tendido a ser mucho más sensibles a la cuestión de la mujer que los otros partidos. Por una parte, han sido más sensibles a temas de la agenda de género, como el divorcio o el aborto, dada su desvinculación histórica de la Iglesia Católica. Es cierto que en todas partes del mundo ha habido siempre representaciones partidarias "confesionales" en el seno de la izquierda. Pero el corazón de la izquierda es ateo. Por otro lado, han sido más sensibles a la participación de las mujeres, porque su "marca" de origen es la representación de los excluidos.

Es así que en Uruguay la llegada de la izquierda al gobierno representó un verdadero salto cualitativo tanto en materia de agenda, programas e iniciativas de combate a la desigualdad de género, como en la representación femenina, al menos a nivel del Poder Ejecutivo. De hecho, la tasa de participación femenina en el gabinete es hoy cercana al 30%, mientras que la del Parlamento apenas supera el 10,9%.

En este escenario, la pregunta del representante de la Unión Interparlamentaria sigue siendo válida: "¿Qué pasa en Uruguay?". El aumento del número de ministras mujeres o los planes de equidad de género (estos últimos menos) son dependientes de la llamada "voluntad política". En el caso del gabinete, de la voluntad presidencial. El aumento de mujeres en el gabinete queda atado entonces a que un próximo presidente demuestre tener la misma voluntad. Es por ello que las mujeres deben defender un principio, una norma, una regla, que sean independientes de la voluntad o el arbitrio de nadie.

Cuando el sucesivo fracaso en el Parlamento de introducir la cuota para cargos femeninos, los líderes de los partidos dijeron: "No queremos normas que nos aten", y también "nosotros tenemos la voluntad de incorporar más mujeres, y lo haremos". Pero está claro que no primó esa voluntad, y el resultado de las últimas elecciones lo muestra perfectamente. Las razones para que no se haya incorporado una ley de cupos femeninos hay que buscarla en la propia dinámica de nuestros partidos políticos. En un país donde la lucha por las bancas y cargos es un componente esencial de la política partidaria, diseñar una cuota del 30% es ceder un porcentaje similar de poder. ¿Quién querría ceder tal magnitud de poder? Esto conspira contra las reglas básicas del poder. Como dice Maquiavelo, ¿qué quiere un dirigente político? Ganar poder, y luego consolidarlo. El poder no es un recurso infinito, sino finito: lo que uno gana, lo pierde el otro.

Pero ésta es una concepción estrecha de la política. La política no es sólo lucha por el poder. Sobre todo hoy, cuando es importante "convencer", cuando los que votan son muchos y cuando los partidos están preocupados, el déficit creciente de legitimidad que enfrentan. La política es también capacidad de representación. De representar a los otros: a esas mujeres, a esos trabajadores, a esos indígenas, que son la "base" de la sociedad. Que nadie olvide que la política es también esta otra cosa. Y menos aún, cuando de votos se trata.


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CREO QUE MUCHAS NO HACEN NADA Y MUCHAS OTRAS NO HACEN LO SUFICIENTES QUIEREN SEGUIR SIENDO COMODAS
daniel - 17/03/2008 - 23:46 (#5)
LAS MUJERES HACEN ALGO POR CAMBIAR TU TIENES LAS RESPUESTA
daniel - 17/03/2008 - 23:44 (#4)
Paridad total, 50 y 50. Ya apesta el machismo de la política uruguaya, estamos a la cola de América Latina. Es otro punto para la reforma constitucional.
Esto beneficia a los hombres, hay muchos que quieren quedarse en su casa jugando con los niños y el machismo no los deja.
50 y 50 - 17/03/2008 - 20:57 (#3)
A ver si se entiende: No se trata de nombres, ni de ideologías, ni de quién es más inteligente ni más burro, ni de que si gobiernan las mujeres el mundo va a ser mejor o va a ser peor.
Se trata de una sóla cosa: DERECHOS. Es como el derecho al voto, vota todo el mundo, independientemente de su nombre o apellido, de si le gusta el empresario o el obrero, de si es burro o inteligente. Se trata del DERECHO a votar y a ser elegido. Este último DERECHO lo tenemos las mujeres restringido en un 10%.
El hecho de tener bolas no impide entender este sencillo, elemental, principio. Hagan un esfuercito, ustedes pueden.
Ténganse fe, muchachos - 17/03/2008 - 20:50 (#2)
Si y Eva Braun, manejaba al Fhurer desde la palanca de cambios.-
Saludos a la Tatcher (los pibes del crucero Gral. Belgrano desde el fondo del Atlántico Sur.-
marcos lopez - 17/03/2008 - 18:50 (#1)
Recuerde, Sra. Moreira, que también hubo mujeres de derecha que alcanzaron la máxima magistratura: Indira Gandhi, Golda Meir, Margaret Thatcher,...
Jorge - 17/03/2008 - 17:36 (#0)
AdsBot - 05-12-2008 - 13:48 (#6)
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