Tercera época Por Antonio Pippo
Cuando Bertrand Russell explicaba los límites de la voluntad, recurría a la historia de Canuto, quien quiso prohibir por decreto que subiera la marea. Esto tiene que ver con la falta de conocimientos, un fenómeno que se repite sorprendentemente en un planeta inundado de información que va y viene sin cesar.
Pues bien, ni poniendo toda la voluntad imaginable, ni echando mano de ese aluvión de datos, yo he logrado entender qué cuernos pasa con el precio del dólar en Uruguay. Me conforma sólo en parte por aquello de "problema de muchos, consuelo de tontos"- saberme uno más en esta dilatada ignorancia; es un misterio para la gente común y muy poco están ayudando los economistas al entendimiento de la cosa, ya por su léxico intrincado, ya por la repetida mención, casi escolar, a que la moneda norteamericana está perdiendo terreno en el mundo entero.
¿Un asunto sólo para especialistas? No, no. Precisamente es la gente común, en una sociedad aún profundamente dolarizada, la que necesita, como el pan y el agua, saber qué ocurre y tener a la vista las hipótesis probables sobre lo que vendrá. ¿Dónde están las respuestas precisas, verosímiles, dónde las orientaciones? ¿Acaso no es posible darlas por la complejidad de la cuestión? ¿Sencillamente no las hay porque dependen de factores inmanejables? ¿Ah, sí? Y entre tanto, lector, usted, yo y los demás ¿cómo carajo enfrentamos este intríngulis cotidiano que afecta a toda la sociedad?
¿Nos están obligando a convertirnos en un Canuto? Sería espantoso, hasta por las rimas que ese nombre puede sugerirle a un pícaro cualquiera.
Caramba, cómo envidio a Ruedita, único ser del territorio nacional inmune a tan prosaicas inquietudes. Deudor consuetudinario por filosofía de vida, disfruta su morosidad con alegre inconsciencia.
Siempre atrasado, sólo le paga con relativa frecuencia al Chiquito Otegui. Bajo amenazas y en arrugados pesos, porque jamás vio ni la foto de un dólar.
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