Tercera época Por Antonio Pippo
La peripecia de la patente única, o patente nacional, está para una de esas comedias ligeras, divertidas, con un cuplé final que bien podría ser éste: "Yo no saco patente,/ tú no sacas patente,/ ellos no sacan patente./ Todos somos solidarios./ ¡Ah, no! ¡Ahí hay uno que empadronó en Colonia!".
Una tontada, realmente. Pero como somos duros de entendederas, y encima parece que masoquistas, aparecieron unos contribuyentes que inventaron otra nadería: se trata de esos autollamados "Los rehenes de siempre", que han convocado para mañana, a tambor batiente, a un paro de vehículos particulares en todo el país. Creen, con sublime ingenuidad, que será una protesta masiva contra los intendentes que siguen anadeando sin resolver el asunto de los empadronamientos y, además, contra la elefantiásica burocracia uruguaya.
Ciertamente, intuyo que no pasará nada considerable.
No sé por qué quizás influya cierta pereza intelectual que me quedó de la semana pasa-da esta protesta me recuerda un chiste gallego: "Y entonces va el contribuyente y le dice al alcalde gordo: '¡Usted es un cochino!'. Y el alcalde gordo le contesta: 'Oiga, oiga, ¡a ver si cree usted que siempre huelo así'! Y sigue tan campante".
Al margen de tontadas, y no pretendo incomodar a nadie, el problema de fondo ha quedado frente a una encrucijada de dos caminos: o se resuelve por vía legal, aunque haya que reformar la Constitución, o se institucionaliza como exquisita forma de la imbecilidad vernácula.
Porque los intendentes claro que hay excepciones están, mientras tanto, haciendo todo lo posible por asemejarse a aquel comerciante del Centro que recibe a un visitante de paso que le pregunta por el camino más corto a Belvedere:
¿A Belvedere?
Eso es.
¿El camino a Belvedere?
-Sí.
¿El camino más corto?
Sí.
No sé.
El comerciante como algunos intendentes deseaba aclarar la naturaleza de la cuestión, pero su actitud dejó la impresión de no tener interés en resolverla.
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