Genoveva Malcuori
Mientras que en los países europeos la ropa antigua es considerada un "vintage" por el que se cobran muchísimos euros, en Uruguay la mayoría de la gente busca estas prendas para vestirse a la moda con marcas reconocidas, por menos plata.
Un vestido de los años ochenta para algunas mujeres puede tratarse de un trapo viejo imponible. Sin embargo, para otras es un vintage, una prenda única que no se consigue más pues no se fabrica, una "cosecha años ochenta".
En un local ubicado en Italia, en las pequeñas calles venecianas, un cartel recibía a los clientes: "No está permitido sacar fotos". Y es que, más que clientes, curiosos eran los que se acercaban para ver las prendas de vestir y los accesorios de la época de sus padres y abuelos. Allí un vestido a rombos de la década del noventa costaba 85 euros, una campera de cuero con muchos años de uso, 300 euros y una remera de marca, al borde de la desintegración, 40 euros.
En cambio, en Uruguay quienes buscan vestirse con un estilo alternativo encuentran en las casas de ropa usada prendas a muy bajo precio. Y quienes desean vestirse a la moda pero de una forma más clásica y con prendas de marca, pagan un poco más, aunque siempre menos que un shopping.
Resulta sencillo distinguir un local pionero de ropa usada de los más nuevos. Antes la ropa colgaba de percheros y si la prenda estaba limpia o en buenas condiciones, poco importaba. Ahora todo se encuentra en percheros ordenados, a tal punto que a veces es difícil darse cuenta de que se vende ropa de segunda mano.
Pero la tendencia a abrir casas de ropa usada en distintos barrios montevideanos ha generado gran competencia, un mayor cuidado en la presentación del local y a veces un incremento de los precios. La modalidad de venta casi siempre es a consignación y el porcentaje es variable.
Celia tiene un tienda de ropa usada en la calle Libertad y Br. España. Hace 17 años atiende el negocio y reconoció que la competencia aumentó y ella tuvo que "adecuarse a la situación". Aun así, tiene su clientela fiel. "Trabajo con mucha gente joven, que viene con frecuencia para ver qué encuentra", contó. "También vienen vestuaristas de obras de teatro o productoras en busca de ropa de otra época", agregó. Durante la conversación dijo que sus precios son muy en cuenta porque "hay locales que cobran 400 pesos por un pantalón usado y eso es mucha plata".
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