Por Alberto Couriel |*|
En estas últimas semanas han surgido los más diversos comentarios sobre la inflación en Uruguay. Existen diversas concepciones teóricas que intentan interpretar las principales causas de los aumentos de precios internos.
Una de las más conocidas es la concepción ortodoxa que explica que la inflación deriva de factores de demanda interna. En muchas ocasiones se responsabiliza al déficit fiscal como causa central de los aumentos de precios internos, sobre todo cuando éste se financia con emisión monetaria. En estos casos se busca una restricción monetaria, por distintas vías, la restricción del gasto público y de los salarios, para contener los principales elementos de la demanda interna. Pero puede haber otras interpretaciones sobre los procesos inflacionarios, como la influencia de factores de costos internos, de costos internacionales por aumentos de precios internacionales de determinados productos, las expectativas de los agentes económicos que son formadores de precios internos, la indexación entre precios y salarios, la puja por la distribución del ingreso entre distintos sectores sociales y así sucesivamente.
Para una mejor comprensión del fenómeno conviene analizar la evolución de los precios de los distintos componentes de la canasta que mide el índice de precios al consumo. En abril de 2008 el aumento de precios fue de 0,33% con respecto al mes anterior, alcanzando para los últimos 12 meses un aumento de 7,08%. En esencia estamos en una inflación de un dígito, relativamente razonable si analizamos sus causas y que no influye ni sobre las expectativas de los agentes económicos, ni sobre la inversión, ni el crecimiento económico. Si miramos la estructura de los distintos rubros de la canasta, nos encontramos con dos rubros que superan el índice global: alimentos y bebidas que aumentan en el último año 14,69% y vivienda, que se incrementa 8,65%. En el caso de los alimentos influyen especialmente los incrementos de los precios internacionales de rubros como carnes, lácteos, trigo y arroz como consecuencia de la demanda de economías con muy alto crecimiento como China e India, el uso de rubros agrícolas como biocombustibles y acciones especulativas de inversores financieros sobre el petróleo y commodities agrícolas como defensa de la crisis financiera de EEUU. En el caso de la vivienda influye el subrubro combustibles, muy influido por los precios internacionales del petróleo. El Poder Ejecutivo toma medidas adecuadas como el subsidio al boleto para limitar las subas del precio de los combustibles sobre el transporte colectivo. Limita los aumentos de las tarifas de los servicios públicos eliminando el impuesto a la compra de moneda extranjera y otras medidas con costos fiscales. Elimina el IVA a determinados rubros de carnes blancas o intenta acordar para alcanzar una rebaja de algún producto como el asado del Pepe. Ahora puede intentar importar frutas y verduras si se volviera a dar una restricción de la oferta. Enfrenta costos derivados de precios internacionales.
A nuestro entender en el actual proceso inflacionario de Uruguay no influyen significativamente factores de demanda interna. En el año 2007 el producto bruto interno creció al 7,4% mientras que el gasto de consumo final lo hizo al 7,2%. Inclusive el consumo privado aumentó 7,8%, apenas por encima del aumento del PBI. No se puede plantear que haya existido un exceso de demanda. La inversión bruta de capital fijo aumentó al 5,8%, también por debajo del crecimiento del PBI. En los economistas ortodoxos se plantea con mucha fuerza la influencia del gasto público. Sin embargo la formación bruta de capital fijo del sector público solamente aumentó el 2,1%, reflejo de la enorme influencia de los intereses de la deuda del Estado, mientras que el consumo de gobierno solamente se acrecentó al 2,9%.
En esencia la inversión pública en 2007 está 18,7% por debajo de la realizada en el cuatrienio 1998/2001, mientras que el consumo de gobierno se ubica en 2007, 7,7% por debajo del gasto del cuatrienio 1998/2001. Por ello atribuimos a elementos ideológicos y a veces dogmáticos cuando se pretende atribuir al gasto público la causa central de la inflación. El déficit fiscal se encuentra relativamente controlado y se financia con endeudamiento colocado en el mercado financiero. Pueden surgir elementos estacionales de demanda como el aumento de precios en el rubro enseñanza en el mes de marzo, cuando comienzan las clases, o de vestimenta en el mes de abril por cambio de temporada. Pero ellos no son elementos relevantes en el proceso inflacionario. Cuando analistas económicos y autoridades del Banco Central del Uruguay hacen referencia a factores de demanda, habría que interrogarlos sobre qué rubros de la canasta de consumo influyen factores de demanda.
Por estos fundamentos no compartimos las medidas del Banco Central cuando el temor a la inflación los llevó a restringir la masa monetaria con una suba de la tasa de interés de 5% a 7% suponiendo una influencia inexistente de factores de demanda. Lo que sí ocurrió fue un nuevo y continuo descenso del tipo de cambio nominal, que puede ayudar al descenso de la inflación, a bajar el gasto en moneda nacional para el pago de los intereses de la deuda del sector público y para mostrarle al mercado financiero internacional un descenso del coeficiente deuda sobre PBI, inflando artificialmente el valor del producto en dólares por el descenso del tipo de cambio. Pero este descenso afecta la competitividad de rubros esenciales que incorporan valor agregado, empleo y contenido tecnológico, que serán esenciales para la futura inserción internacional. Sin duda no afecta a los rubros que mantienen muy altos precios internacionales, que son los determinantes de los altos niveles de exportaciones. Pero la historia muestra sobre los precios internacionales que siempre que llovió, paró. Las autoridades económicas siguen declarando que están monitoreando la situación cambiaria con extrema atención. Pero en el gobierno del Frente Amplio, desde diciembre del 2004 a la fecha, la inflación en dólares asciende al 66,6%. Más que preocupante para la competitividad.
|*| Economista, senador del MPP-FA
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