Tercera época Por Antonio Pippo
-¿Cuántas grapas tomás por día? le preguntaron a Ruedita.
-Y..., s'hice piso, y empiezo a la' ocho e' la mañana...capa' que pa'l mediodía me chupé treinta...
-¡¿Y después?!
-¡Ah, yo qué sé...!
Perdón por la licencia, de todos modos ajustada a la verdad histórica, pero aprovecho la anécdota exclusivamente desde su ángulo metafórico.
No sé si es buena cosa medir la efectividad de un Parlamento por la cantidad de leyes que aprueba cada año.
Ya dije repetidas veces que Uruguay ha de ser uno de los países con legislación más nutrida, a la mayoría de la cual se presta poca atención. Sería interesante que alguien hiciera una investigación al respecto, a fin de comprobar si yo, como en otras ocasiones me ha ocurrido, estoy desproporcionando la sentencia. Pero tengo para mí que si me equivoco es porque, a lo sumo, pegué en el palo.
Tampoco sé si es buena cosa que, en su recta final, el gobierno envíe a los legisladores, de un saque y con la sugerencia, indicación u orden de aprobarlos sin mayor debate, proyectos sobre asuntos tan complejos y hasta vitales para el futuro del país como la Rendición de Cuentas, la nueva Ley de Educación y la reforma del Estado. Ya sé: acerca de la Rendición, los plazos mandan. Pero lo demás...
El apuro no es buen consejero, aunque la intención sea nobilísima: cumplir a rajatabla los compromisos contraídos.
Es cierto que el oficialismo tiene mayoría legislativa absoluta, así que la aprobación bien podría ser un mero trámite. Ahora bien y no miremos a la oposición, cuya estrategia en todo esto es previsible, cualquiera sabe que, en ocasiones anteriores, esa mayoría sufrió sacudones internos y se dio jaque a sí misma.
Quizás estoy profundamente errado, pero me queda la sensación de que la cuestión electoral sobrevuela con tal insistencia que muchos la sienten como un escalofrío en la nuca.
Sólo espero que al decir de Nora Castro Montesquieu todavía viva y luche entre nosotros. Por las dudas.
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