Por Alberto Couriel - Economista, senador del MPP-FA
La evolución económica de los últimos tres años marca nítidamente la presencia de dos variables centrales en la interpretación de la situación: la evolución de los precios internacionales de los productos de exportación y la del tipo de cambio.
Los altos precios internacionales de las commodities se ubican en el centro explicativo del alto crecimiento económico que se refleja en el fuerte descenso del desempleo abierto, el incremento de los ingresos fiscales y facilita la mejora del salario real.
El descenso del tipo de cambio tanto nominal como en términos reales facilita el control de la inflación e influye decisivamente en el logro del superávit primario, en la medida que permite un importante descenso, en moneda nacional, del pago de los intereses de la deuda.
Los aumentos relevantes de los precios internacionales de los productos de exportación se ubican en el centro explicativo del crecimiento económico. Pero hay factores que influyen complementariamente a dicha explicación:
a) El dinamismo del sector de la construcción, muy importante en la coyuntura, con alto financiamiento externo;
b) El aumento de la demanda interna como consecuencia de las mejoras en el empleo, de la política salarial, que permitió mejoras en el salario real, y del aumento del gasto público, aunque con ritmo inferior al del producto;
c) La confianza y credibilidad generadas por el gobierno en los agentes económicos, por las políticas en sí mismas y por la propia contención de la inflación.
La política cambiaria tiene rasgos de continuidad con respecto a la década del 90. No existe el atraso cambiario de dicha década pero en los últimos tres años se constata un peligroso descenso del tipo de cambio nominal. La situación actual marca las siguientes características:
a) La competitividad derivada de la política cambiaria es positiva con respecto a Europa, como consecuencia de la alta apreciación del euro con respecto al dólar.
b) La competitividad con respecto a Brasil es positiva por la muy elevada apreciación del real con respecto al dólar. Procesos especulativos llevaron al real, a principios del año 2003, a 3,80 por dólar. En la actualidad se ubica en 1,80 por dólar, en lo que José Antonio Ocampo consideró como una política cambiaria suicida.
c) La competitividad con respecto a Argentina es negativa tanto por el descenso del tipo de cambio nominal de Uruguay como por la política cambiaria de Argentina de mantener el tipo de cambio nominal. En los últimos tiempos en Argentina cae el tipo de cambio real por el aumento de la inflación. Esta situación no tuvo efectos significativos en la entrada de turistas hacia Uruguay, pero afecta la competitividad de rubros industriales que se exportan a ese país, incrementa el contrabando desde el país vecino y aumenta el turismo desde Uruguay hacia Argentina.
d) Lo que es extraordinariamente llamativo es el descenso del tipo de cambio nominal en los últimos tres años. El promedio del valor del dólar en el año 2004 alcanzaba a $ 28,70 mientras que la cotización actual se ubica en $ 21.00 por dólar. Los empresarios que exportan no podrían imaginarse que, con la asunción del gobierno del Frente Amplio, se pudiese efectivizar tan elevado descenso. Los rubros de exportación que se beneficiaron por los aumentos de sus precios internacionales no se ven afectados, como los principales rubros del sector agropecuario. En cambio rubros como la lana, textil, vestimenta y calzado, que incorporan más empleo y más valor agregado, sufren negativamente esta situación. El futuro de la inserción económica internacional debería centrarse en rubros de mayor contenido tecnológico que sin duda requerirán una política cambiaria que les facilite su competitividad.
e) El descenso del tipo de cambio nominal estimula la importación de bienes y afecta la competitividad de diversos rubros que se destinan al mercado interno. En la actualidad, pese al gran aumento de las exportaciones, la balanza comercial de bienes es negativa por el extraordinario impulso de las importaciones, facilitadas por el bajo nivel del tipo de cambio.
En estos tres años el Banco Central del Uruguay ha dejado caer el tipo de cambio nominal e inclusive estimuló su caída en setiembre del año pasado con la suba de la tasa de interés call en dos puntos para enfrentar expectativas inflacionarias. Nuevamente se utiliza el tipo de cambio con objetivos antiinflacionarios y no para cumplir su papel central, que es dotar de competitividad a la economía uruguaya. La elevada dolarización afecta una adecuada política cambiaria. Pero en esencia la intervención de los bancos estatales no fue suficiente para mantener el tipo de cambio nominal y mucho menos para mantener el tipo de cambio real. Una adecuada política cambiaria requeriría más compras de dólares por parte de las instituciones estatales. El aumento correspondiente de reservas internacionales se podría destinar a amortizar deuda en moneda extranjera, que sigue siendo muy elevada. Si dichas compras generan una inadecuada expansión de medios de pago se debería colocar títulos de deuda en moneda nacional para contrarrestar dicha situación. Esta política significaría un tipo de cambio más competitivo y un cambio de estructura de la deuda, bajando la expresada en moneda extranjera y aumentando la explicitada en moneda nacional. Si estos cambios se realizaran gradualmente no tienen por qué tener efectos significativos sobre la inflación.
La crisis financiera en Estados Unidos ha generado un proceso de desaceleración del crecimiento e inclusive puede llegar a una leve recesión. Ello aún no ha afectado el dinamismo de China e India y por lo tanto para el año 2008 no se esperan grandes cambios en la evolución de los precios internacionales de nuestros productos de exportación. Pero hay que prever la posibilidad de futuras modificaciones. Si las hubiera quedaría claramente de manifiesto la vulnerabilidad de la actual política cambiaria. Francamente no deseamos bruscas ni altas devaluaciones con efectos económicos, financieros y sociales muy negativos como ocurrieron en el pasado.
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