Genoveva Malcuori
En lo que va del año, se han desarrollado diversas actividades vinculadas al turismo enológico. Bodegueros y empresarios uruguayos comienzan a profesionalizarse en el tema y amplían la oferta turística.
Tim Robertson, un inglés "latinizado" tal como se define, vive hace más de dos años en Uruguay, y seis en América del Sur.
Parte de ese tiempo lo transcurrió en Buenos Aires, y explotó la actividad turística por bodegas de Chile y Argentina. Luego conoció nuestro país, donde se instaló y desde entonces mantiene la preocupación de atraer turistas a establecimientos nacionales.
Lo más llamativo del trabajo de Robertson es la calidad de sus clientes. "No me gusta el turismo masivo, sí trabajar con gente que tenga bastante conocimiento de vino y también gastronómico", explicó. Recorre las bodegas de la región principalmente con visitantes de Estados Unidos y Europa. En un día llegan a visitar hasta tres establecimientos, disfrutan un almuerzo con platos típicos y degustan vinos de gran calidad. Sus honorarios rondan los 500 dólares por día y en sus tours nunca participan más de seis personas. La mayoría de sus clientes son bodegueros o gente con alto poder adquisitivo, vinculada al negocio de los vinos. Pero la invitación está abierta a todas las personas interesadas en saber más sobre la producción de vinos. El entrevistado no invierte en publicidad, porque su cliente está muy vinculado con el vino.
En proporción mayoritaria, los turistas que viajan dispuestos a realizar un completo tour por las bodegas de la región, llegan atraídos por los vinos de Chile. En cambio la realidad de Uruguay y Argentina es diferente; incluso en la vecina orilla se consume un 95% de la producción en el mismo país.
"Casi no se ven vinos uruguayos y argentinos en Europa, y los que se ven de Argentina son terribles", dice el especialista.
El grueso de los tours se lleva a cabo por los países vecinos y todavía son pocos los que deciden visitar Uruguay. "Para que vengan a Uruguay necesito primero vender las bodegas de Chile, después las de Argentina y finalmente Uruguay; y cuando las personas hacen el tour completo les encanta Uruguay. Les gusta la experiencia real, cuando los reciben los bodegueros; ¡eso no tiene precio!", puntualizó.
Al desconocimiento que existe sobre nuestros vinos, se suma que "hay demasiado vino en el mundo. Además la gente ahora bebe menos vino pero de mejor calidad", señaló.
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