Por Eleuterio Fernández Huidobro |*|
Se dice que luego de lo de Georgia "volvemos a la Guerra Fría". Discrepamos: estamos volviendo a 1914 y por lo tanto también a los prolegómenos de la Segunda Guerra Mundial.
La Guerra Fría, posterior a la Segunda Guerra e iniciada cuando según dijo Churchill un "telón de acero cayó sobre Europa" separando tajantemente a los recientes "aliados" victoriosos, fue una confrontación esencialmente bipolar que con diversos avatares duró desde entonces (más o menos 1947) hasta la caída del muro de Berlín, unos cuarenta años.
Dicha bipolaridad tajante, acérrima y fanática dividió no sólo a las naciones sino también dentro de cada país a cada sociedad. No admitía mantenerse al margen y, menos, "terceras posiciones" o simples neutralidades: había que enlistarse en uno u otro bando bajo pena de ser golpeado al unísono por los dos tanto a nivel nacional como internacional y no fueron pocas las grandes tragedias ocasionadas por eso. Quien quiso atreverse lo pagó muy caro tanto a nivel personal, como grupal, como internacional. No estaba permitido. Era sospechoso a priori tanto para unos como para otros.
Derrotada la URSS el mundo "inauguró" una época unipolar: los Estados Unidos quedaron dueños del mundo en casi todos los aspectos (económicos, financieros, militares, culturales).
Dicha unipolaridad duró dieciocho años y por poner una fecha o un evento, digamos que la actual crisis de Georgia marcó su fin.
En realidad la crisis financiera y económica de los EEUU viene de antes y sus fracasos bélicos también pero siempre hay un momento en que esas y otras cosas quedan muy en evidencia.
Vamos entrando entonces en una nueva (vieja) multipolaridad como si la Historia (ya fue dicho) volviera sobre sí misma en espiral que no se sabe bien si es ascendente o descendente.
La Unión Europea hace ya tiempo que ni las tiene todas consigo ni se lleva bien con su viejo aliado norteamericano (en especial en su papel de neocolonia de lujo segundona de cuánta aventura inicia el otro incluso en su patio trasero); emerge, recompuesta, Rusia pletórica de gas y petróleo carísimos y por ende ahíta de dinero y con "canillas" de suministro vitales para Europa y el mundo en momentos de escasez y gran demanda; emerge China, principal acreedora de los EEUU y su indispensable prestamista; emerge todo el Lejano Oriente donde, además, está Japón; emerge la India; emerge Brasil...
Y vuelven a tejer alianzas como en el lejano pasado. Alianzas que van y que vienen, que irán y que vendrán. Como poco antes de 1914 o poco antes de 1939 cuando el mundo era también multipolar.
Antes de seguir debemos declarar que para nosotros y para muchos (está escrito hace muchísimo por suerte) una de las principales críticas al proceso burocrático asestado a la Revolución Rusa de 1917 poco después de su nacimiento, fue haber transformado la lucha social e ideológica en un subterfugio para encubrir la por entonces ya vieja lucha internacional imperialista transformando el enfrentamiento entre los EEUU ("Occidente") y Rusia ("Oriente") en eso: una lucha entre estados. Del otro lado hicieron lo mismo. Ambos "polos" fueron, en ese sentido, cómplices de la trampa.
Ya antes de la Primera Guerra Mundial (lo cual es decir) este enfrentamiento, el mismísimo que seguimos presenciando hoy, estaba presente como lo está (por ejemplo en los Balcanes y el Cáucaso). Ya en aquella época de insipiencia de los motores a explosión y por lo tanto del gran consumo de gas y petróleo, la energía, sus fuentes, y las fuentes coloniales de las demás materias primas estratégicas, explicaban las carnicerías locales, regionales y mundiales. No se está innovando.
En aquella primera conflagración mundial que da fin al siglo XIX y principio al siglo XX, se repiten, como calcadas, las mismas contradicciones estratégicas de hoy. Alemania en plena guerra, potencia capitalista naciente, pujante y expansiva, no vacila en permitir que Lenin, proveniente de Suiza, atraviese su territorio en un tren blindado con tal de contribuir a la Revolución en su entonces enemiga Rusia y, vaya anticipación estratégica, los Estados Unidos, a pesar de estar aliados en ese momento con Rusia tampoco vacilan en dejar pasar a Trostsky desde Nueva York (donde vivía asilado) vía Canadá y Finlandia a Rusia, para derrocar a los zares (el abuelo de Bush estuvo en esa y, luego, en la financiación de Hitler). Luego de las Revoluciones de febrero y de octubre, Lenin por Rusia firma la paz por separado con Alemania entregando vastos territorios en el tratado de Brest Litovsk y siendo muy criticado por los "izquierdistas" al punto de tener que escribir su famoso y tan actual folleto "El izquierdismo enfermedad infantil del comunismo".
Antes de la Segunda Guerra Mundial y muy mal terminada la Primera, se produjeron los mismos tipos de alianzas y por los mismos objetivos: Rusia no vaciló en acordar la paz con Alemania y repartirse Polonia (recuperando a sus expensas aquellos territorios perdidos) pero cuando ésta invadió la URSS tampoco vaciló en aliarse con los Estados Unidos ni, para ello, en disolver la Tercera Internacional (el Komintern), al Partido Comunista de los Estados Unidos (Mr. Browder) y ordenar a todos aliarse con su aliado (los EEUU). La pésima "actuación" en Argentina (Mr. Braden), Nicaragua, Cuba y otros países se explica por esa directiva.
Ganando se repartieron el mundo: los rusos, aceptando la propuesta de Churchill con el lápiz azul de Stalin, fijaron las fronteras artificiales europeas en total acuerdo con aquel primer ministro: por ese trazo amargo fueron sacrificados el Partido Comunista Italiano, el francés, el griego y el yugoslavo. ¡Y, nuevamente, la mártir España con su Partido Comunista incluido! Del "otro lado", y a cambio, los países y regiones que luego formarían parte del "Pacto de Varsovia" también fueron sacrificados.
De tamaña tragedia sólo se salvó Yugoslavia que, por no aceptarla, por ser realmente independiente, pasó, en la opinión stalinista "oficial" a ser "Titista" (agente nazi) en masa, No sólo allí sino acá y por eso Héctor Rodríguez en el marco de densas purgas planetarias fue expulsado del Partido Comunista en la época de Gómez.
Luego de esa repartija estratégica, dominación colonial o semicolonial mediante, a uno y otro lado del trazo azul, tomó vuelo la Guerra Fría (continuación de la guerra por otros medios incluso bélicos) que fue ni más ni menos que una tautología o pleonasmo geopolítico, describía, como nuevo, un asunto viejísimo. Ahora, según parece volvemos a las "andadas".
|*| Escritor, senador de la República
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