Domingo, 07 de septiembre, 2008 - AÑO 10 - Nro.3022
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NOVENTA AÑOS DE REFORMISMO Y UNOS DIAS DE VACIAMIENTO

Por Emilio Cafassi |*|

Uruguay y Argentina comparten un raro privilegio internacional. Sus universidades públicas son las únicas en el mundo que lograron conservar en su totalidad, y profundizar aún más, los derechos reformistas que, noventa años atrás, iniciaron el sismo político con epicentro en la ciudad de Córdoba.

Aquella erupción social fue estremeciendo paulatinamente, por influjo de su onda expansiva, las esclerosadas estructuras universitarias de América Latina. Alentada por las expectativas emancipatorias de las revoluciones mexicana del 10 y rusa del 17 y las confrontaciones de las clases medias (representadas por el yrigoyenismo gracias a la ley Saenz Peña) con el modelo agroexportador oligárquico, la rebelión estudiantil del 18, significó mucho más que un cambio de planes de estudio. No es propósito de esta contratapa realizar una simple efemérides. Por el contrario, lo es destacar que sus consecuencias sociales, aún con los ataques recibidos y las interrupciones dictatoriales, están entre los objetivos vertebrales de las reformas que varios países de la región se proponen encarar actualmente: en pocas palabras, los de una movilidad social ascendente e inclusión social. Algo de este sendero, que comenzó a abrirse por entonces a machetazos movilizatorios y fuerza popular, persiste en reclamar su resguardo y vigencia, si de encarar transformaciones progresistas se trata.

Aquella reforma universitaria fue la resultante de un imaginario desaristocratizante y anticlerical en nombre de la libertad de cátedra, la meritocracia, la modernización cognitiva, la secularización, la periodicidad de las cátedras y el recambio de titulares. Un espíritu antifeudal derrumbó el carácter vitalicio y hereditario de los cargos docentes y abrió paso al inicio de la universidad crítica y de masas, sin la cual sería impracticable reformismo político, social y cultural alguno, particularmente en países periféricos y dependientes como los nuestros. No es ajena al movimiento reformista, la expansión geométrica y consolidación de las capas medias y su alta calificación laboral comparativa en el Río de la Plata a lo largo del siglo pasado.

Las palas que cavaron aquella brecha entre los feudos del pasado y los embriones del presente fueron dispositivos político-estatutarios: la autonomía, el cogobierno, los concursos de oposición y antecedentes, la periodicidad de los cargos. La leyenda según la cual habiendo empujado estas normativas, arrastraron literalmente con ellas al rector conservador por la ventana, ha propiciado la simplista y estéril concepción izquierdista de que basta tomar del fundillo a alguien con investidura para lograr con ello transformaciones revolucionarias. Las grandes reformas, e inclusive las propias revoluciones, son algo más que una simple patada en el culo.

Las nueve décadas transcurridas han trazado muy sinuosas trayectorias en cada uno de los países influidos por esta experiencia. Casi todos ellos han sido atravesados por distintas dictaduras, a las que sucedió el neoliberalismo en los últimos años, con iniciativas que intentaron avanzar sobre los logros de la reforma, además del crecimiento de las universidades privadas en general y católicas en particular. Exhaustas presupuestariamente, los chantajes económicos del Banco Mundial, presionan con la implementación de proyectos neoliberales que pretenden convertir a las universidades en productoras de bienes terciarios e insumos excluyentes de las empresas, con la consecuente asfixia del pensamiento crítico y la libertad de cátedra e investigación, además de la coacción hacia el abandono de las tareas de extensión, es decir, del compromiso social de la actividad académica y científica.

Sin embargo, aún en este contexto de deterioro, los sistemas universitarios rioplatenses no sólo lograron sostener los principios reformistas, sino extenderlos para apoyarse en cuatro patas de arraigo social: la autonomía y el cogobierno del proyecto reformista original, potenciados luego por la gratuidad plena y el ingreso irrestricto. Encontraremos en el mundo muchísimos modelos universitarios que sostengan algunos de estos cuatro muros demarcatorios de esta arquitectura institucional, mas en ningún caso la totalidad de ellos, con los que queda resguardada esta fisonomía educativa excepcional. Surge de esto último, que, sin dejar de someterla a permanente examen crítico y posible profundización, la amenazada reforma histórica y su continuidad hasta el presente, exige su defensa y conservación.

En mi universidad, desde la crisis argentina de diciembre de 2001, los líderes del radicalismo (históricamente hegemónicos y blandos herederos de los reformistas de antaño) fueron sustituidos por una alianza de agrupaciones radicalizadas, ahora en su acepción más literal de inspiración trotskista, que asumió la vacante directiva, sus negociados y repartijas en similar proporción y metodología, conjuntamente con una nueva escisión de la conducción gremial docente de idéntico signo y matiz. La "adeomización" de la universidad comienza a estructurarse.

Luego mi facultad estuvo en las portadas de los diarios a raíz de un pequeño, aunque muy preocupante y peligroso derrumbe, que es verdadera metáfora de su profunda decadencia material y política. Las condiciones edilicias, precisamente aquellas ­únicas por otra parte­ sobre las que la universidad privada ofrece ventajas comparativas mediante un intercambio pecuniario, no sólo aconsejan una sostenida y enérgica lucha para su recuperación, sino todo un llamado de atención a la sociedad respecto al deterioro ­y riesgos posteriores­ del sostenimiento material de la continuidad reformista con sus posibilidades socialmente inclusivas. La dirección estudiantil y una de las cuatro burocracias sindicales docentes en que quedó dividida la representación de los profesores (que sólo representan a unos pocos afiliados) llamó, correctamente en mi opinión, a una toma y movilización.

Pensará el lector sensible que esta táctica combativa, de larga tradición internacional, consistiría en la reunión de la comunidad en su conjunto para exceder el mero ejercicio habitual de las cursadas ¿Quién desprovecharía la estructura física de reunión y la organización de la agenda curricular para encarar debates, organizarse, articular los insumos teóricos que se imparten en las clases con las exigencias de la coyuntura y nutrir masivamente la marcha desde cada cátedra? ¿De qué otra manera poner el cuerpo a estos propósitos? ¿Cómo sostener una actitud cívica y ética frente a un riesgo y una perspectiva indubitable de creciente decadencia? Pensará además el lector que la peor de las estrategias, la más funcional a la ofensiva privatizadora, es el vaciamiento y la parálisis de una institución con estas características.

Pues no. No dejaron pasar a ningún profesor, a ningún estudiante. En la semana, una gendarmería de algunas decenas de militantes custodió celosamente las barricadas montadas en las escaleras y ascensores expulsando a todos los miles de actores hacia sus casas. Impidieron así la propia redacción de su guión al constituirse en una aduana infranqueable que se apropió de un tesoro público como es la sede material de cualquier práctica deliberativa y movilizadora: la facultad misma. La deprivación del espacio, lo fue también de todo lazo político, social, intelectual y de una posible sinergia dignificadora. Los organizadores afirman que cuatro mil estudiantes y algunos docentes asistieron a la marcha, lo que consideran un éxito. Los doscientos noventa y seis mil restantes no asistieron a marcha alguna, ni tuvieron siquiera oportunidad de debatir. Independientemente de las inmejorables intenciones de los "dirigentes", difícilmente los contrarreformistas imaginaran semejante homenaje.

Tal vez ayude a entender esta desembocadura el hecho de que uno de los pilares de la conducción estudiantil es el mismo partido "revolucionario" que acompañó el reciente lockout patronal agrario, los cortes de rutas y movilizaciones, rearticulando a toda la derecha política, al que ya nos hemos referido desde este espacio en otras ocasiones. Tal vez ayude a explicar parcialmente por qué Argentina ha sido y es un país sin izquierda.

El manifiesto liminar de los reformistas del 18, popularizó la sentencia "los dolores que nos quedan son las libertades que faltan". Precisamente aquellas que hoy supuestos revolucionarios nos conculcaron impidiendo acudir en su homenaje y defensa.

|*| Profesor Titular de la Universidad de Buenos Aires, escritor, ex decano.


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¡Por dios! Hace varias contratapas que el chiste era pedir diccionarios. Nadie se animó a cazar alguno y pedir discuplas por la propia ignorancia. Este diario deja mucho que desear, pero por suerte escriben algunos brillantes como en este caso en el cuerpo del diario, y cuando no tambien están en bitácora. ¿Será realmente Olivera o algún resentido que alguna vez escribió acá y que fue desplazado por mejores exponentes? Dejensé de joder que en la izquierda necesitamos nivel, literario como en este caso y contenidos también.
Enrique - 08/09/2008 - 00:51 (#4)
Cada vez que encuentro columnas de opinión de gran nivel, como en este caso, aparece un anónimo insultando, que es el mismo porque se va cambiando el nick ya que aquí se puede. Siempre me encuentro con él. Cuando no son de opinión sino noticias políticas firma como Olivera y allí es un sostén de los genocidas, un defensor de la dictadura que descalifica a todos los intelectuales de izquierda. Obviamente es el mismo, que luego dice que no es quien es en nuevas intervenciones. Pero vamos a la de hoy. Tampoco conozco todos las universidades del mundo como para afirmar o desmentir al autor. Pero ya que cree que hay deshonestidad intelectual, que ponga un ejemplo que indique lo pruebe. De los ejemplos que dio, ya se le cayeron Brasil y México. Agrego Chile que desde Allende es un sistema público caríiiiiisimo!!! ¿Cuba? Hay terribles exámenes de ingreso y cupos.
¿O no está claro que el ignorante es Olivera aunque ahora se vista de Confussionista? Ya lo dije otroas veces. Acá hay pocos, pero la mayoría realmente muy fachos.
Vanessa - 07/09/2008 - 21:53 (#3)
Vivo en Brasil. Acá existe el vestibular. El ingreso no es irrestricto, al contrario. Solo lo pasan los egresados de escuelas privadas para acceder luego a la universidad publica. En México la universidad es arancelada. No se si sera efectivamente que solo en Argentina y Uruguay se dan esas condiciones. Lo que si se puede afirmar es que el comentariasta de abajo es un ganso que convendria que se informe antes de hablar.
Gustavo Verner - 07/09/2008 - 14:36 (#2)
Che, por qué para la contratapa del domingo no contratan a Sandra Russo, también es argentina.
Ah, ¿que ya sale en Bitácora?
¿Y Juan Gelman?
Se busca: columnista argentino/a para sustituir a Confussi - 07/09/2008 - 10:20 (#1)
En México, Venezuela, Colombia, Perú, Chile, Brasil, por decir algo, existen, en cada uno de esos países, DECENAS de universidades. Pretender que SÓLO "en el Río de la Plata" se mantienen incólumes los pilares de la autonomía, el cogobierno, la gratuidad y el ingreso irrestricto, es una falsedad.
Y es una falsedad hacer el análisis tomando en cuenta SÓLO estos elementos.
Es el problema de estos enfoques, primero describen una camisa de fuerza; luego, ven a quién le queda a la medida. Todo lo demás no existe porque no entra en la camisa.
Esto tiene un nombre: "deshonestidad intelectual".
¿Hasta cuando las mamagüevadas de Confussi? Qué plomazo!!! - 07/09/2008 - 10:17 (#0)
AdsBot - 04-07-2009 - 20:16 (#5)
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