Sábado, 31 de diciembre, 2005 - AÑO 9 - Nro.2058
A A A

TEATRO: BALANCE 2005

Lo mejor y lo peor del año que culmina

* El año 2005 tuvo excelencias y errores: pero de las excelencias no todas fueron adecuadamente destacadas y los errores fueron éxitos de público y hasta de crítica.

JORGE ARIAS

 Doce hombres en pugna, con dirección de
Imilce Viñas, entre las mejores obras.
Doce hombres en pugna, con dirección de Imilce Viñas, entre las mejores obras.
 Patricia
Yosi, directora de "Onetti en el espejo".
Patricia Yosi, directora de "Onetti en el espejo".
 China Zorrilla: la mejor actriz, por Camino a la Meca.
China Zorrilla: la mejor actriz, por Camino a la Meca.

Entre los errores, el más grave, por lo costoso, es la Comedia Nacional en su conjunto. La Comedia nació como un epítome de buen teatro: ahora es una productora manirrota de espectáculos faraónicos, muy parecidos a los desfiles con vientos, bombos y platillos, que decoran las "fiestas patrias". "Las Mil y una Noches", que abarcó textos que no existen en "Las Mil y Una Noches", no tuvo un adarme de esa gracia, basta y runflera, del original y mucho menos su magia, ese vivir como un milagro que a cada instante veremos suceder. Se ha pretendido que hay dos o tres Comedias Nacionales, una burocrática y dispendiosa y la otra inteligente y atenta a la innovación y a la juventud: lo curioso es que ambas están dirigidas por las mismas personas y "El hombre inventado" de Roberto Suárez padece la misma hinchazón burocrática de "Las Mil y Una Noches". "El lector por horas" demostró la incoercible garrulería de Sanchis Sinisterra, dato en el que no había que insistir; fue presentada en este estilo terrorista cuya entrelíneas es "...el que confiese no entender esto es un palurdo": "Obra que encierra diversos niveles y códigos de lectura, se propone como una aventura hacia una discusión con centro en la comunicación en tanto acto vital, enfrentándonos, más allá de las máscaras, a ciertos abismos filosóficos y vivenciales de la cultura que somos". ¡Ufa! "El viento entre los álamos" de Gilbert Sibleyras fue demasiado literaria y etérea y los parloteos de "El gran día" tienen poco que ver con el estilo ceñido de Jean Luc Lagarce. En "El león en invierno" de Goldman encontramos, no a una obra histórica sino a una antigualla de la que lo mejor que se puede decir es que está escrita correctamente.

"La cena de los tontos" fue el primer sacrificio humano del año al Moloch del éxito; no sabemos que haya sido tanto para compensar tanta tontería, a la que se agregó un desagradable toque perverso que para nuestra estupefacción se creyó divertidísimo. Siguieron, en la misma línea y con los mismos dudosos méritos "Manual de supervivencia de la mujer casada", de Tulipano y Denevi, "Cual retazo de los cielos" de G. y A. Tulipano, "Servicio a la habitación" de Fernando Schmidt, "Inútil con experiencia" de Carolina Maissonave, con Adriana da Silva, "Las preciosas ridículas" de Molière pero sin Molière, "Money, money, money" de Ray Cooney, "La altura es un detalle" de Franklin Rodríguez, "La risa de Chejov" (¡ay!) selección y escenificación de algunos cuentos de Chejov por Arturo Fleitas.

 

Musicales, comedias y dramas

Entre los musicales "Tango, copla y cha cha cha" de Omar Varela fue, como lo indica el título, una síntesis de obras musicales anteriores, tan divertida como aquéllas; "Magic" de Rafael Dufort y Alvarez alió buen gusto plástico con un humor arcaico que demolió al espectáculo. "Sugar" de Peter Stone sonó a mala vejez y "Música maestro" de Franklin Rodríguez cayó en el olvido muy pronto.

En el género comedia "La brisa de la vida" de David Hare trató de ser un delicioso lance de esgrima verbal entre dos mujeres otoñales que compartieron a un hombre. Padeció una traducción populachera, vicio insistente en nuestras tablas, que contra lo esperado subrayó la inviabilidad de la pieza. "Shakespeare comprimido" , de Long, Suger y Borgenson, de gran éxito en el Reino Unido, no encontró aquí el público avezado que completara in pectore a las rápidas alusiones del texto. "Montevideanas", de los argentinos Botti y González Gil un espectáculo del que jamás dejaremos de avergonzarnos, fue un éxito de público, lo que demuestra hasta dónde se ha pervertido el gusto del espectador. "Erling" de Christina Herrstrom tuvo un primer acto delicioso, a cargo de dos grandes intérpretes, Júver Salcedo y Lilián Olhagaray que valió por toda la obra. "Excusas" de Joel Joan y Jordi Sánchez en un estilo más moderno, cortante como un cuchillo, tuvo eficacia y sacudió la modorra de la platea beata. "La edad de la ciruela" de Arístides Vargas, que ya había dado en el Stella Susana Rinaldi, no tiene remedio pero se insiste con ella. "Historias de Cronopios y de Famas", versión de Horacio Buscaglia de la obra de Cortázar, puso al autor en medio de la escena y tuvo presencia, dimensión fantástica e interés.

Las comedia dramática estuvo representada por "Celeste Flora, la asesina de las flores", duelo a muerte entre una asesina y una psiquiatra, que fue dada en dos versiones: la primera, y la mejor, por el teatro Albanta de Cádiz, la segunda, dirigida por Alvaro Pozzolo, con Elena Zuasti y Verónica Caissiols, "Conversación nocturna" de Daniel Veronese, puesta en escena de Juan Graña sin el vuelo onírico o de pesadilla del prolífico dramaturgo argentino, "Sazón de mujer" de Victor Hugo Rascón no fue mejor que las demás obras ya conocidas del autor mexicano, "Raspando la cruz" de Rafael Spregelburd, en una vigorosa puesta en escena de Ruben Coletto, fue uno de los mejores espectáculos del año. También fue buena, en colores atenuados y medios tonos, "Crónica de un amanecer", de Lucía Arbondo, Iván Solarich y Sergio Mautone. "La historia de la oca", de Michel Marc Bouchard fue una lograda realización de Alvaro Correa, que no alcanzaría la misma excelencia con la ulterior "El camino de los pasos peligrosos" del mismo Michel Marc Bouchard. "Interrogatorio en Elsinore" de Carlos Manuel Varela fue en su momento una metáfora de muy largo alcance que unía, vaya a saberse por qué, a Hamlet con los criminales de la dictadura. La metáfora, hoy, no tiene alcance. Resultó una siempreviva "Doce hombres en pugna" de William Rose, muy prolijamente dirigida por Imilce Viñas: de lo mejor del año, con muy buena interpretación general, donde se destacaron Emilio Pigot y Adhemar Rubbo. "La última tentación" de Nikos Kazantzakis, apasionada y sorprendente (por la carrera anterior del director) puesta en escena de Fernando Toja, fue una muy respetable tentativa de teatralizar una novela ruda, solemne y sobrecargada de ideas. Fue meritoria "Paria" de Augusto Strindberg, dirección de Pilar de León; "Erzébeth" de Nelson González, un solo de iluminación y verbosidad sobre una energúmena del siglo XVI, no tuvo ni la décima parte de la maldad de su modelo, la condesa Bathory. "Atlántida y El Dorado" de Ricardo Bartís, es una reedición de "Postales argentinas", tan penosa, para nosotros, como casi todo Bartís. "Morir (o no)" de Sergi Belbel gozó de una dirección ágil por Gabriel Calderón y Martín Inthamoussou, pero "Uz -el pueblo" del mismo Gabriel Calderón nos resultó una sucesión de efectismos de muy bajo costo. "Prometeo y la jarra de Pandora" de Carlos Rehermann, una pieza a la vez ambiciosa y reticente, no logró satisfacer las expectativas que su estreno había despertado. Algo semejante ocurrió con la críptica y glacial "Groenlandia" de Gabriel Peveroni, que se remontó demasiado rápido hasta mucho más allá del piso 26 de la torre de Antel. "Una relación tan delicada" de Loleh Bellon, que ha resistido bien el paso del tiempo, fue dirigida por María Varela: tuvo lo mejor de la comedia, como buena observación, pulcra escritura, discretos sabores agridulces y adecuadas actrices (Pelusa Vidal y Pilar Cartagena). "Luces de bohemia" de Valle Inclán debe ser una obra inmortal, pero la puesta en escena de Carla Cámara, no exenta de fallas, tuvo sus méritos, así como "Un campo" de Louise Bombardier, dirección de Carina Trías. "Subcutánea", creación colectiva bajo la dirección de Fernando Alonso, fue innovadora y atendible. "El hombre de la máscara de hierro", sobre la novela de Alejandro Dumas, dirección de Alvaro Loureiro, se benefició con una de las escenas más logradas del año, el electrizante enfrentamiento de D'Artagnan con el rey, a propósito de la prisión de Athos.

 

Viejas comedias y sainetes

Exhumar viejas comedias norteamericanas por las que tal vez no se paguen derechos de autor fue una especulación nostálgica transitada por "El viaje a Bountiful" de Horton Foote y "El café de Wally" de Bobrick y Clark, ambas intrascendentes. "Tres versiones de la vida" de la franco iraní Yasmina Reza, tuvo infundadas pretensiones de sofisticación.

La utilización de personas célebres por el teatro llegó por fin a la excelencia con "Onetti en el espejo", de María Esther Gilio e Hiber Conteris, que mostró en su madurez el talento de Patricia Yosi como directora y nos convenció de que Onetti existió para llegar a esta pieza; previamente habíamos padecido "Me llaman barro aunque Miguel me llamo" sobre Miguel Hernández, de María Varela; luego fuimos compensados con la muy buena "Madame Lynch" de Milton Schinca, interpretación de Cecilia Patrón y por "Tolstoi, el último viaje" de Ricardo Prieto, con Roberto Fontana y Nelly Antúnez.

El sainete rioplatense tuvo, no ya un canto de cisne sino el equivalente del graznido de una urraca con "¡Hoy juega! Humor de barrio" de Rolando Speranza y Hugo Bolón, "Todos los juegos el juego" de Dino Armas y "El saludador" de Roberto Cossa. Lo mejor del género, aunque también de brocha gorda, fue "He visto a Dios" de Defilippis Novoa, dirección de Dino Armas y Alvaro Loureiro con muy buena interpretación de Luis Lage. El género cómico, intemporal, estuvo representado por "Más loca que una cabra", de Omar Varela, con Petru Valenski y Marcelo Galli y "Don Quijote cada vez juega mejor", hipóstasis dramático - futbolera de Jorge Esmoris que estuvo por debajo de las legítimas expectativas del público.

Un capítulo aparte destacará un teatro renovado y un nuevo teatro. El teatro renovado es "El Tinglado", que consumó la faena, nada sencilla, de crear un público propio. Ese público es tan fiel que siguió al teatro en obras tan diversas como "Vodevil" de Hugo Daniel Marcos, "Cabrones, putas y maricones" de Ochoa Peris, "Bodas de sangre" de García Lorca, dirección de Stella Rovella, "Puertas adentro" sobre Florencio Sánchez y "Las viudas" de Gerardo Tulipano. El nuevo teatro que probó sus credenciales fue el restaurante, bar y teatro "Old'Mazz", alimentado por Javier Mazza y Christian Zagia, que presentó varios espectáculos de calidad: "Sobreviviendo a Calígula" de Javier Mazza y Martín Cerisola, "Amantes y enemigos" de Rosa Montero, dirección de Ana Pañela y sobre todo "Markheim", sobre el espléndido cuento de R.L. Stevenson, con dirección de Javier Mazza e interpretación de Chirstian Zagia y Gerardo Rojas. En cuanto a los nuevos artistas, destacamos el buen trabajo de dirección de Gustavo Bouzas, justamente valorado por su obra "HDP", en "El cartero de Neruda", de Skármeta. Angie Oña nos decepcionó con su obra "Corso criminale", casi tanto como la admiramos como actriz en "Zoo de noche", de Michel Azama. Sandra Américo intentó dirigir "El jardín de los cerezos", obra superior a sus fuerzas. "Fiebre" de Diego Caraballo tuvo el mérito de plantar la acción en el presente del Uruguay, pero malogró el tema con su mezcla de aftosa con "Barranca abajo". "Que el placer no deSida" de Adrián Bornes, bien inspirada, muestra carencias técnicas que deben superarse.

En cambio, Willow Vaz, con "Al pie del molino" exhibió un notable dominio de la técnica, sensibilidad para los efectos poéticos, ritmo narrativo, gran sentido del espacio y afinidad auténtica con el mundo de los sueños; en contra tiene la dificultad que deparó al espectador seguir, siempre de muy lejos y como a los tropezones, la trama argumental.

 

Los fracasos y lo mejor

El fracaso más ruidoso del año fue "El lugar del beso", misterioso título de Marianela Morena que no es más que un toqueteo irrelevante del "Don Juan" de Molière; la pieza, para nuestra estupefacción, recibió el premio Molière de la Embajada de Francia y una nominación para los "Florencio".

El Galpón organizó con Arturo Fleitas un festival de teatro que discurrió del 16 de setiembre al 2 de octubre, y que rindió homenaje a César Campodónico. Esperamos se reitere y, mejor aún, que coordine esfuerzos con el festival de Porto Alegre.

Lo mejor llegó al final: "Compañeros" de Luis Fourcade, dirección de Dardo Delgado, fue la mejor obra del año 2005; "Anhelo de corazón", de Caryl Churchill, fue el ascenso, prefigurado por "Amantes" de Pinter, de Alberto Zimberg como director, en una obra tan sutil como aguda; "Cabrerita", conmovedora pieza de Eduardo Cervieri sobre el pintor Raúl Cabrera fue justamente premiada con el "Florencio" a la mejor obra de autor nacional y "Zoo de noche" de Michel Azama, dirección de Ernesto Clavijo fue admirable de idea y realización.

A ellos, nuevamente, nuestras felicitaciones. *


Marcadores sociales

Enviar esta nota a: del.icio.us Enviar a Yahoo! MyWeb Enviar a Digg Enviar a reddit Enviar a Furl Enviar a Blinklist Enviar a Spurl Que es esto? Hace click aqui para aprender mas sobre marcadores sociales


Comentarios (beta!)

No hay ningún comentario aún. Hacé click aquí para ser el primero en enviar un comentario sobre esta nota
Powered by Comment Script

BUSCAR

Google
Web LR21

PUBLICIDAD LR21


TITULARES x MAIL

ESTE MES

diciembre de 2005
L M M J V S D
      1 2 3 4
5 6 7 8 9 10 11
12 13 14 15 16 17 18
19 20 21 22 23 24 25
26 27 28 29 30 31  

publicidad

publicidad


CONTACTATE    PUBLICIDAD
© 4Pixels SRL / www.lr21.com ® se edita en Montevideo, Uruguay.
Publicación digital administrada por 4Pixels