GUSTAVO IRIBARNE
Dentro de posibles logros no estaría de más considerar el filme Alma mater de Alvaro Buela. El título (una locución latina que literalmente significa "madre nutricia, que alimenta" y se emplea metafóricamente como una fuente de vitalidad) contempló la historia de Pamela, una retraída cajera de supermercado que aparentemente recibía cierto llamado místico, iniciando un particular proceso de transformación espiritual. A partir de aquí, el filme se jugaba a un clima onírico de posibles alucinaciones psicóticas (un siniestro ángel de la guarda, voces que atestiguan el llamado de Dios, etcétera) que establecía ambiguas posibilidades esotéricas. Con una evidente búsqueda cinematográfica por generar atmósferas inquietantes sin quebrar radicalmente con los límites de lo cotidiano, donde el diseño cromático del filme apoyó esa intencionalidad de manera muy marcada, Alma Mater dio cuenta de una preocupación intelectual que tuvo sus buenas dosis de autocrítica. El resultado, a pesar de todo, impresionó como incompleto aunque pautó la excelente caracterización de Roxana Blanco (Premio a la Mejor Actriz en el Festival de Biarritz y Mejor Actriz y Revelación Cinematográfica de 2005 según la Asociación de Críticos de Cine del Uruguay) en su rol protagónico. De todas formas, quizás no esté todo dicho sobre la película ya que Alma mater (además del lauro obtenido junto al Premio como Mejor Película, Mejor Guión, Mejor Director, Mejor Fotografía y Mejor Música que le concedió la Asociación) acaba de ser nominada a los Premios Goya para competir en el rubro Mejor Película Extranjera de Habla Hispana. Habrá que cruzar los dedos.
Menos acabado resultó el largometraje Ruido de Marcelo Bertalmío (Premio del Público en el Festival de Valladolid), calificado como una "comedia existencialista para metaleros" por su propio realizador. En resumen, el filme intentó registrar una vitriólica mirada que desnudara uruguayeces dando lugar, al mismo tiempo, a una reflexión más abarcadora del paisito. Bajo esta propuesta, Bertalmío acentuó los absurdos y se jugó al dibujo de perfiles varios -antiheroicos y atípicos- reunidos circunstancialmente en singulares cruzadas. Embarcado en cierta intención alegórica que hablaba de ciclos y resurrecciones en medio de una sociedad aturdida, el filme se autoparodió y llegó a reírse de las pacatas solemnidades que hacen a nuestro diario vivir. Lo problemático es que buena parte de esa fuerza potencial del guión se perdió en medio de chistes fallidos y un ritmo narrativo algo deshilvanado, lo que terminó desmereciendo el resultado global de un producto que tenía mucho para decir.
Por su parte, A Dios Momo de Leo Ricagni rindió tributo a la esencia del carnaval y la vieja mística de la garra charrúa (encarnada por el pequeño Obdulio, un moreno repartidor de diarios). La propuesta se explotó desde la emotividad aunque olvidándose de redondear un desarrollo narrativo coherente. En este flanco, precisamente, se vio debilitada la estructura del largometraje. Una propuesta contaminada, en definitiva, por continuas larguezas y reiteraciones que terminaron diluyendo todos los espacios de concentrada emotividad que el filme exponía. En el haber, de todas maneras, quedaron algunos chispazos de calidad como la excelente entrega de Jorge Esmoris (Premio al Mejor Actor 2005 de la Asociación de Críticos de Cine del Uruguay) en su estupenda recreación de sereno del diario que termina convirtiéndose en maestro del pequeño aprendiz de negro jefe. No menos reconfortante resultó la actuación del pequeño Matías Acuña que exhibió su desenfado a lo largo del filme o la prolija aparición del Canario Luna desempeñándose como pez en el agua frente a la cámara. Pero todos estos componentes - a lo que podríamos agregar una cuidadosa fotografía que supo reflejar la colorida magia del murguero - no alcanzaron para remontar un largometraje de ritmo empantanado que se repitió a sí mismo por falta de unas necesarias tijeras a la hora de editar. Finalmente, lo más discutible - a juicio de quien suscribe - resultó el desenlace en el que el director entrecruzó fervor partidario con estética fílmica en un "final arriba" que pareció convertirse -peligrosamente- en un panfleto más allá de la ideología política (a favor o en contra) que pueda tener un probable público receptor.
No todo se agotó en el largometraje ficción, claro está. A nivel documental las propuestas fueron diversas aunque todas desembocaron en el tema político. Desde Raúl Sendic Tupamaro de Alejandro Figueroa, pasando por Crónica de un sueño de la dupla Mariana Viñoles / Stefano Tononi, hasta Vientos de octubre de Adriana Nartallo y Daniel Amorín, todas la producciones coincidieron en una mirada politizada que fue desde la mítica figura del líder revolucionario hasta el proceso de las elecciones que consagró al Frente Amplio en el poder. Incluso el audiovisual Lula, más allá de la esperanza del compatriota Gonzalo Arijón (que se exhibió en el marco del Cuarto Festival de Montevideo) estuvo relacionado con el mismo tenor aunque cruzando la mirada al país del norte.
Pero las novedades tampoco terminan aquí porque felizmente existen otras propuestas que ya se encuentran en distintas etapas de gestación y/o difusión. En este sentido podemos hablar de títulos como El baño del Papa y La perrera que fueron exhibidos en el espacio de "Cine en construcción" del Festival de San Sebastián, al igual que Orlando Vargas que también alcanzó su difusión en la Semana de la Crítica de Cannes. En otro orden de cosas, retomando el tema de la nominación de Alma mater al Goya, no viene mal recordar que Whisky ya conquistó dicho lauro (y lleva más de quinientos mil espectadores en el mundo entero) a la vez que el filme El viaje hacia el mar, de Casanova, se estrenó exitosamente, este año, en Buenos Aires (un hecho histórico, en realidad). Cabe recordar además que, si bien las miradas se centraron en la filmación de Vicio en Miami en Atlántida, el maestro Krzysztof Zanussi exhibió Persona non grata (otro filme rodado parcialmente en Uruguay) en carácter de avant premiere para toda Latinoamérica en Cinemateca 18. Un verdadero honor.
Esta apresurada enumeración tampoco debería dejar de lado la Muestra de Cine Uruguayo que se realizó en Bremen (Alemania), los diez años de la creación del Premio FONA, la instalación de la Secretaría Técnica de la Recam (Reunión de Autoridades Cinematográficas del Mercosur) en Montevideo y el importante acuerdo realizado por el Instituto Nacional del Audiovisual para el pago a Ibermedia, un mojón de enorme trascendencia. (Dicho sea de paso, los proyectos que obtuvieron la coproducción de la organización Ibermedia fueron Rambleras de la productora Guazú Media y Salsipuedes de Taxi Films mientras que los premios a proyectos en desarrollo fueron otorgados a: Verónica bajo su mirada de BFS, El cuarto de Leo de Mandarina Films y Ojo de madera de Lavorágine). *
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