HUGO ACEVEDO
En "Fuerzas armadas: una patología consentida", el escritor uruguayo Jorge Torres construye un crítico ensayo sobre la piramidal verticalidad de la institución castrense y la tesis de la ciega obediencia debida.
Antes de ingresar en el meollo de la cuestión, el autor reexamina la situación contemporánea desde un abordaje cuasi filosófico, signado por la eterno dicotomía entre el idealismo y el materialismo, que ha pautado y sintetizado la confrontación ideológica en el transcurso de la historia.
En ese contexto, Torres analiza el tema del poder, un fenómeno que debe interpretarse a través de diversas relaciones de subordinación y causalidad.
El ensayista desestima la tesis de que la esclavitud ha sido realmente abolida, como producto de un proceso de maduración humana hacia una convivencia más justa.
Para sostener su discurso crítico, denuncia la probada existencia de aberrantes cuadros de dominación mediante diversas estrategias: la guerra, la caníbalización cultural o la mera sujeción a voluntades que trascienden incluso a los gobiernos y las soberanías nacionales.
Según el razonamiento del autor, este paisaje humano es la consecuencia del avasallamiento económico y comercial y los severos planes de ajuste a los que son sometidos los países periféricos, por parte de los organismos financieros internacionales.
Todo ese proceso, a la sazón, termina por pulverizar literalmente a las democracias y establecer nuevos esquemas de sometimiento que asfixian las legítimas aspiraciones de desarrollo de los pueblos.
El escritor desarrolla explícitamente la teoría de la apropiación y, a partir de ella, reflexiona acerca del nacimiento del Estado y la mutación de la cultura comunitaria en sociedad de clases.
Partiendo de este presupuesto, el analista va evolucionando hasta el tema de las fuerzas armadas y sus funciones originales de defensa del territorio, los bienes y las soberanías.
Torres fustiga ácidamente al Estado, considerando que siempre estuvo asociado a intereses individuales, corporativos o sectoriales. De allí la necesidad de disponer de una guardia pretoriana que garantizara y preservara esos privilegios.
En ese contexto, afirma que dicha estructura siempre sirvió a las clases hegemónicas, desestimando toda eventual interpretación o valoración diferente del papel del Estado.
Su tesis -aunque en buena medida es compartible cuando ponemos bajo la lupa las asimetrías de la democracia burguesa- parece asumir una dimensión de discurso unívoco y verdad revelada que no se compadece con el necesario debate que el tema requiere.
No olvidemos que las peores críticas al Estado parten actualmente desde los sectores más conservadores, que proponen su virtual desmantelamiento mediante privatizaciones y concesiones de servicios, como forma de apropiarse de la riqueza de todos y asumir el control de las decisiones.
Lo que sí merece una discusión seria es la necesidad de refundar el Estado sobre nuevas bases, a los efectos de transformarlo en una herramienta de justicia, redistribución y generación de oportunidades de desarrollo económico, social y cultural.
Jorge Torres ensaya una minuciosa radiografía de las fuerzas armadas como institución, condenando su verticalidad piramidal, la antidemocrática práctica de la obediencia debida y la inconmovible disciplina interna.
A su juicio, los militares actúan como un poder paralelo al de los gobiernos civiles, cuyas reglas poca o ninguna relación guardan con el orden jurídico y los mandatos constitucionales.
Fustiga el tan mentado corporativismo castrense, afirmando que ante los excesos cometidos y las violaciones a los derechos humanos, resulta inadmisible que las responsabilidades individuales se diluyan ante las responsabilidades institucionales.
En el marco de su afinado razonamiento, el ensayista lanza artillería pesada contra la Ley de Caducidad de la Pretensión Punitiva del Estado, que consagró la impunidad de los delitos lesa humanidad perpetrados durante el período autoritario.
Ello contribuyó a generar una exasperante e inadmisible asimetría jurídica, que situó a los uniformados por encima de la Constitución y la Ley.
El analista construye un demoledor discurso crítico, para denunciar las deplorables consecuencias de las dictaduras latinoamericanas. Estos procesos han devenido en crisis económicas, perdurables traumas sociales y sociedades fuertemente polarizadas por las malditas herencias del pasado.
Un caso bien ilustrativo es el de nuestro Uruguay que, veinte años después del epílogo del gobierno autoritario, aún exhibe desgarradores estigmas de lo sucedido, por la flagrante impunidad de los crímenes cometidos y el aún no laudado tema de los desaparecidos por el terrorismo de Estado.
Torres ironiza la actitud cómplice de los presuntos especialistas en temas militares, transcribiendo fragmentos de algunos documentos que corroboran la obsecuencia y aceptación de los institutos armados como interlocutores válidos y hasta actores políticos de coyuntura.
Asimismo, elabora un fuerte cuestionamiento al característico ritualismo castrense por la disciplina, el mando y la obediencia, como una suerte de irracional trinidad antidemocrática.
En ese marco, analiza los diversos componentes psicológicos de este fenómeno, advirtiendo en torno a la pérdida de identidad de los integrantes de la institución armada y el espíritu de cuerpo que deviene inevitablemente en la anulación del individuo como tal.
A partir de este abordaje, el ensayista explica muchas de las aberraciones cometidas en el pasado reciente, que se alimentaron de la ceguera de uniformados de bajo rango que cumplieron órdenes superiores sin cuestionamientos y, en algunos casos, sin comprender la real gravedad de sus acciones.
El autor demuele el mito de que las fuerzas armadas están asociadas a la gesta emancipadora, evocando la historia desde los orígenes de la nación.
En tal sentido, corrobora la existencia de un culto militarista que se remonta a 180 años y está naturalmente instalado en el imaginario uruguayo.
Al respecto, desmitifica muchos de los acontecimientos cruciales de nuestro proceso fundacional y a varios actores protagónicos de los mismos. Este ejercicio revisionismo no soslaya ni a la figura de José Artigas, al que considera un caudillo provincial. Si bien está claramente articulada y argumentada, la tesis particular del analista sobre Artigas admite obviamente consensos y disensos.
Jorge Torres recuerda y deplora las actitudes de desacato militar al poder civil que se han registrado en los últimos veinte años.
También cuestiona los privilegios que ostenta la institución armada que son asumidos con naturalidad por nuestra sociedad, como la posibilidad de acceder a una asistencia sanitaria de gran calidad y muy elevado costo y el régimen previsional que permite a sus miembros jubilarse con un grado más alto al que ocupan en actividad.
El escritor dedica un nuevo capítulo a la Ley de Caducidad, aduciendo que vulnera los fundamentos de nuestra cultura democrática, instalando en la sociedad una ética grotesca y distorsionada.
En este libro polémico y revelador, Jorge Torres retrata el grotesco
rostro de la patología homicida originada en un discutible sentido de cuerpo y en la
autoritaria obediencia debida que rige en la interna militar.
El ensayista analiza lo que considera una actitud de consentimiento civil al mantenimiento
de un pesado aparato burocrático caro e ineficiente y a las inaceptables justificaciones
a los crímenes cometidos durante la dictadura.
En tal sentido, no soslaya críticas a juristas y dirigentes políticos, cuestionado incluso algunas reflexiones vertidas por el propio Líber Seregni, en una entrevista concedida a un semanario hace ya cinco años.
En este libro, el ensayista elabora un discurso fuertemente crítico contra las fuerzas armadas, que trasciende al mero análisis de su criminal actuación durante el gobierno dictatorial.
El autor escruta minuciosamente el origen de la patología corporativa, corroborando su naturaleza eminentemente antidemocrática.
El tal sentido, cuestiona la estructura rígidamente piramidal que caracteriza a los cuadros militares, basada en el mando, la ciega obediencia y el monolítico espíritu de cuerpo.
Jorge Torres reactiva el debate acerca del fenómeno autoritario, tan necesario en un tiempo histórico de cruciales acontecimientos y revelaciones.
(Editorial Fin de Siglo)
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