N.D.M.
Mientras la mayoría de las galerías, ansiosas de capturar a la farándula porteña, se concentran en La Barra y Manantiales, unas pocas resuelven, con buen criterio cultural, afincarse, como antes, en Punta del Este. Galería de las Misiones (Calles 24 y 29) es una de ellas y acaso la más importante. Luego de una presentación general de su acervo, inauguró numerosísimos dibujos (y algunos óleos y juguetes), de Joaquín Torres García (1874-1949). La muestra estuvo en la Sammer Gallery de Miami, ciudad convertida en un pujante centro artístico desde que se instaló la feria de arte suiza Art Basel, la más audaz de todas, multiplicadas, como las bienales, por el mundo.
Son dibujos de diferentes épocas, que Alberto Pedronzo, director de la galería, adquirió en diferentes colecciones. Constituyen un conjunto de excepcional representatividad. A la inexcusable calidad, se agrega el carácter casi inédito de esos dibujos que no suelen incorporarse a las habituales exposiciones del maestro del constructivismo. Hay obras fechadas a partir de 1898 (Dama recogiendo frutos, gouache sobre papel, de las pocas conocida) dentro de los cánones naturalistas para irrumpir, en 1901, con Madre y niño, un grafito de trazos sueltos y enérgicos, que acusa, al igual que Picasso del mismo período, la influencia del catalán Nonell, prolongándose en Señoras de espaldas, 1904, y en un curioso dibujo apaisado de 1912, de señoras y señores alrededor de una mesa.
La muestra sigue el derrotero de Torres García, luego de su encuentro fundamental con Barradas, que determinó su entrada en la modernidad, en Calle de ciudad con tranvías, 1917, apuntes rápidos que capturan la dinámica de la ciudad, El descubrimiento de sí mismo, 1917,dibujo a tinta para la carátula del libro del mismo nombre, de indisimulada referencia barradiana en las tres ventanas del edificio, y, ya en su etapa de Nueva York, El despertador, 1921, una caricatura, y una vista interior de café (New York), para entrar en el período constructivo con Sin título, 1926, tintas y gouaches de su estancia en París, entre las cuales hay que anotar El pianista , 1930, de clara prosapia lecorbisereana como lo indica, desde el título, en Módulo de la creación: el hombre abstracto, 1933, y en color. Los restantes dibujos están fechados en la década del treinta y algunos en la siguiente, ya decididamente constructivos. Auto de carreras, c. 1921, es una composición figurativa, en color, sesgada y planista, poco difundida, que perteneció a los nietos Alejandra, Aurelio y Claudio Torres. Con un catálogo, casi sin textos introductorios (apenas fragmentos del Manifiesto 2 de Torres García) pero con excelentes reproducciones de la totalidad de la muestra, la Galería de las Misiones, que también tiene su sede en Montevideo (espléndido local en 25 de Mayo 464, realizó exposición de Ricardo Pascale que pasó inadvertida, acompañada de un buen catálogo) se ubica entre las más serias y prometedoras del país, en lo que puede considerarse como el regreso de las galerías de alto nivel profesional. *
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