Domingo, 12 de noviembre, 2006 - AÑO 9 - Nro.2369
A A A

Montevideo bar


Los bares como espejo de la vida cotidiana y ámbitos que permiten una pausa al vertiginoso trajín cotidiano y que ayudan a la reflexión y el intercambio amistoso, sentimental o familiar, han sido largamente abordados por la literatura nacional.

Lugar de circunstancial encuentro de los más variopintos personajes, heterogéneos en cuanto a sus profesiones, edades, géneros y niveles socioeconómicos, el bar ha sido una excusa más que propicia para la creación artística.

También ha sido recurrentemente utilizado como un espacio generador de historias, ficticias o no, que han alimentado buena parte de nuestra producción localista de corte urbano.

El mítico Sorocabana y el Tupí Nambá son apenas dos de los más emblemáticos por su concurrencia, establecimientos que, en doradas épocas de la cultura uruguaya, contaron entre sus clientes a figuras de la talla de Ángel Rama, Líber Falco, Juan Carlos Onetti, Mario Benedetti y Domingo Bordolli, entre tantos otros.

El ambiente intimista que aún hoy mantienen algunos bares clásicos, con sus tradicionales máquinas de café y mostradores de mármol, e incluso en contados casos conservando su otrora tradicional función de almacén, es particularmente propicio para permitirse una pausa y alejarse de la vorágine, disfrutando de un momento a solas, o bien compartiendo una charla en la que suelen aflorar sentimientos, reflexiones y recuerdos.

Esta es precisamente la temática de la novela de la autora uruguaya Carola Wuhl, quien, en "Montevideo bar", nos presenta, una vez más, ese indefinible microcosmos que se genera en estos ámbitos de encuentro social, con el mozo como inevitable testigo, confidente y consejero de algunos de sus habituales visitantes, llegando, incluso, a ser uno de los protagonistas de muchas de las historias que allí ocurren.

El libro está narrado precisamente por el mozo de un bar céntrico. Aunque la autora no precisa la ubicación del edificio ni tampoco aclara si este realmente existe, estos detalles no parecen ser demasiado revelantes.

El mozo, quien casualmente tiene veleidades de escritor, es quien recoge las historias que va oyendo o presenciando dentro del lugar, algunas con principio y final y otras inevitablemente fragmentarias.

La narradora crea o recrea numerosos personajes, algunos definidos apenas por fugaces trazos dada su efímero paso por el lugar.

Otros, sin embargo, están retratados con minuciosidad, con la familiaridad de un atento observar, que permite percibir gestos, actitudes, posturas, o palabras oídas como al descuido o bien información relevante en torno a la personalidad de cada individuo.

Los personajes son, lógicamente, cotidianos y fácilmente reconocibles, de esos que procuran generar una identificación inmediata con el lector.

Empero, pese a esas características que podrían inducir determinadas asociaciones de ideas, la autora no logra una voz individual para cada uno.

En efecto, todos se expresan del mismo modo y sus comportamientos son similares.

Por otra parte, pese a que las historias son pretendidamente cotidianas, reconocibles en el contexto local y particularmente en el urbano, la autora no consigue ir más allá de la mera anécdota de café, sin logar desarrollar adecuadamente los perfiles psicológicos.

Los protagonistas se diferencian tanto por edad, género, ocupación como por su nivel socioeconómico y, en algunos casos, por su nacionalidad. Sin embargo, sus modismos y personalidades aparecen ante el lector como demasiado homogéneos, lo que las torna pocos creíbles.

Las descripciones, principalmente las de los personajes masculinos, nos muestran a hombres idealizados y similares al estereotipo de las novelas románticas más clásicas, lo que desvirtúa la credibilidad hasta del propio mozo narrador de la historia.

El estilo narrativo es llano y salpicado de algunos lugares comunes, despojado de poses desmesuradamente discursivas pero también escaso en su contundencia y poder de descripción.

Respecto a las historias, si bien algunas están dotadas de un particular humor o de un melancólico dramatismo, poseen desenlaces bastante menos inesperados de los que su autora parece suponer. (Editorial Planeta)


Marcadores sociales

Enviar esta nota a: del.icio.us Enviar a Yahoo! MyWeb Enviar a Digg Enviar a reddit Enviar a Furl Enviar a Blinklist Enviar a Spurl Que es esto? Hace click aqui para aprender mas sobre marcadores sociales


Comentarios (beta!)

No hay ningún comentario aún. Hacé click aquí para ser el primero en enviar un comentario sobre esta nota
Powered by Comment Script

BUSCAR

Google
Web LR21

PUBLICIDAD LR21


TITULARES x MAIL

ESTE MES

noviembre de 2006
L M M J V S D
    1 2 3 4 5
6 7 8 9 10 11 12
13 14 15 16 17 18 19
20 21 22 23 24 25 26
27 28 29 30      

publicidad

publicidad


CONTACTATE    PUBLICIDAD
© 4Pixels SRL / www.lr21.com ® se edita en Montevideo, Uruguay.
Publicación digital administrada por 4Pixels