Los blues con sabor oriental, los cantos senegaleses al ritmo cubano, los tangos rioplatenses, y los violines con algo de gitano de la orquesta multiétnica de Piazza Vittoria en Italia, han seducido a miles de italianos con unos conciertos que demuestran con la música fronteras no se pueden cerrar.
Entrar en el ómnibus que los conduce por toda Italia para una gira de conciertos, es como ingresar a una Torre de Babel donde descansan un ecuatoriano con nostalgia de música andina, un violinista estadounidense con formación clásica y un violonchelista húngaro graduado en el conservatorio de Milán. Los dieciséis músicos pertenecientes a nueve países conquistaron Italia ofreciendo los sonidos del mundo: melodías africanas, sonoridades árabes y latinas con las que conducen al espectador por entre los vericuetos cálidos que dejan los tríos de cuerda o de viento. Repetidamente aplaudida, la orquesta, que toca durante más de una hora y media, propone en estos días su segundo álbum, "Sona", que se vende como el pan.
Nacida hace cinco años en Roma, la orquesta debe su existencia a un soñador genial, el italiano Mario Tronco, pianista y compositor, quien se instaló en el 2001 en el céntrico barrio romano del Esquilino, uno de los lugares más multinétnicos de la Ciudad Eterna. "Todo era nuevo para mí. El panadero era de China, el vendedor de frutas de Bangladesh. En el patio de mi edificio se escuchaban cantos hindúes", cuenta Tronco, de 44 años, vencedor del festival de San Remo en 2000 con la refinada orquesta Avion Travel. "Me dio curiosidad. Quería saber cuántos músicos se escondían detrás de esa población. Se me ocurrió crear una orquesta con gente de culturas musicales diferentes, lo más lejanas posibles", explicó el músico, apasionado de ecuaciones musicales desconocidas y múltiples. Después de varias semanas sin grandes resultados, en ocasión de un gran festival en la capital, decidió "hacer un poco trampa" y aceptar también músicos italianos. "Teníamos sólo siete días para ensayar. Las primeras horas fueron terribles. Luego, comenzó todo a funcionar, ensayábamos, improvisábamos, cambiábamos cosas, etcétera", cuenta. Dos álbumes y más de doscientos conciertos son un resultado más que satisfactorio para la primera orquesta multiétnica de Italia, que combina instrumentos tradicionales africanos y andinos con batería rock, violines y saxos.
Las influencias musicales y culturales de cada uno de ellos parecen mezclarse sin chocar dentro de los oídos y las notas del mundo se funden en un único lenguaje:
La magia está asegurada. "Se trata de un trabajo delicado", reconoce el tunecino Ziad Trabelsi, quien toca el laúd oriental. "Hay que utilizar nuestra raíces sin destruirlas. Hay que darle tiempo a las culturas para que se casen y produzcan niños lindos", comenta.
Un exitoso filme les ha sido dedicado, mientras intentan resolver una paradoja: los problemas que enfrentan algunos de sus miembros, entre ellos dos músicos de India, quienes tuvieron que regresar a su país por estar indocumentados. *
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