HUGO ACEVEDO
En "Los ovillos de la memoria", un grupo de heroicas presas políticas uruguayas, reunidas en el Taller Testimonio y Memoria", elabora un trabajo contundente y aleccionante, que arroja luz sobre episodios cruciales de la pesadilla autoritaria.
En este imprescindible material de alto valor documental se mixtura la crónica histórica con el testimonio, en un discurrir que transita todos los territorios del pasado, de un país fuertemente atomizado por pasiones exacerbadas y viscerales antagonismos ideológicos.
Este itinerario retrospectivo que desanda las huellas del tiempo, permite rescatar cruciales acontecimientos pero también numerosas historias personales, mediante las cuales se va reconfigurando el mosaico del imaginario colectivo, que es, a la sazón, la memoria colectiva de un país que padeció una pesadilla.
El prólogo de esta obra trasunta el intenso compromiso de sus autoras, tanto con la verdad como con sus más arraigadas convicciones y su vocación combatiente.
Esta introducción es parte de una batalla contra la desmemoria, el silencio y la impunidad construida por los gobiernos anteriores, que comenzó a desmoronarse con el procesamiento de ocho militares y policías represores, del dictador Juan María Bordaberry y de su canciller, Juan Carlos Blanco.
Las crónicas de vida aquí narradas operan como indispensable soporte de los escenarios históricos de hace cuatro décadas recreados en este libro, cuando se iniciaba el naufragio de la democracia que culminó con el golpe de Estado de 1973.
En el capítulo inicial sugestivamente intitulado "La generación de utopías", algunas de las participantes en este ejercicio de memoria reconstruyen sus infancias y adolescencias esperanzadas, en un mundo desafiante y en fermental ebullición ideológica.
Los inapreciables testimonios, que en este tramo del libro son presentados como efímeros pantallazos, permiten al lector posicionarse o reposicionarse en un tiempo de sueños y transformaciones, pautado por el paradigma de la revolución cubana y la monumental figura de Ernesto "Che" Guevara, el guerrillero heroico que ofrendó su vida en aras del parto del hombre nuevo.
Todas las narraciones, que emergen lúcidas y espontáneas, dan cuenta de un Uruguay que comenzaba a desperezarse de una larga siesta, mediante acalorados debates, lecturas críticas, movilizaciones, una intensa militancia y vocación combativa.
En cada recuerdo, se percibe una transformación cultural que estaba en pleno período de gestación, promovida por una juventud osada e irreverente que cuestionaba el statu quo conservador de las generaciones anteriores.
Eran tiempos de descubrimiento de literatura política y de cine testimonial y removedor, pero también de un cambio de estética en el modo de vestir, el largo del cabello y una nueva concepción del amor libre de dogmas.
El uso de la minifalda, los pantalones vaqueros y la pastilla anticonceptivas fueron, entre otros, inequívocos síntomas de una metamorfosis social que apuntó a cuestionar al modelo dominante, que exhibía visibles síntomas de agotamiento.
En esta obra, las voces que emergen del pasado y mutan en presente, reconstruyen, con acento elocuente, las múltiples vivencias condensadas en el imaginario colectivo.
Los dos siguientes capítulos, intitulados "Barranca abajo" y "Golpe de Estado", evocan acontecimientos que nos retrotraen hasta la década del cincuenta, cuando la depreciación internacional del valor de las materias primas y la caída de las exportaciones inició medio siglo de crisis económica y social con graves consecuencias institucionales.
En una breve referencia, se recuerda, como crucial antecedente, el derrumbe del mito de la Suiza de América, el grave deterioro de la calidad de vida de la masa asalariada, el descontento popular, la represión estatal de la década del sesenta y la heroica resistencia obrero estudiantil.
Obviamente, el relato culmina con el golpe de Estado, la huelga general que conmovió al Uruguay durante quince días de valor y sacrificio y la prolongada noche dictatorial.
El capítulo titulado "Muchachas de abril" es un contundente testimonio de la barbarie autoritaria. En efecto, la evocación del operativo militar realizado entre el 20 y el 21 de abril de 1974 en el domicilio del integrante del MLN Washington Javier Barrios, es una de las tantas páginas de sangre y paranoia asesina escritas por las bestias uniformadas que integraban el aparato represivo de la dictadura.
El relato, que está a cargo de testigos directos, impacta por la crudeza en la descripción de lo sucedido esa noche de horror.
Uno de los tramos sin dudas más removedores de este libro es "Viaje a la noche", una despiadada crónica del espanto, que denuncia la flagrante injerencia del imperialismo en nuestro país, durante las décadas del sesenta y el setenta del siglo pasado.
Aquí se recuerda, para que no sea olvidada, la actuación de asesores del servicio de inteligencia norteamericano, quienes adiestraron a la policía uruguaya en sofisticadas técnicas de tortura.
El más conocido de esos siniestros personajes fue Dan Mitrione, que fue ultimado por los tupamaros. Insólitamente, la derecha de la época lo transformó en mártir.
También en este caso, las voces de la memoria emergen del silencio, para revelar los terribles atropellos perpetrados contra los opositores políticos, con expresa mención a una "caza de brujas" emprendida en 1975, en Treinta y Tres, contra un grupo de jóvenes comunistas.
"Se precisan niños para amanecer" es una conmovedora historia de pérdidas y desaparecidos, de afectos robados e ilusiones crudamente aniquiladas por el odio y la intolerancia.
Otros testimonios no menos devastadores, recrean el terrorismo de Estado del denominado Plan Cóndor, un proyecto regional de exterminio de opositores políticos ejecutado por las dictaduras del cono sur.
Las múltiples historias de asesinatos, desapariciones y robo de niños nacidos en cautiverio, hieren la sensibilidad y exacerban la rebeldía.
Los relatos corroboran, incluso mediante la invocación de documentos desclasificados, que la coordinación represiva que insólitamente es aún negada por algunos voceros de la derecha cómplice- fue una auténtica máquina de asesinar.
El libro aborda todas las facetas de la represión liberticida, que se abatió, con inusual saña, sobra los uruguayos y las uruguayas combatientes que lucharon por una sociedad sin excluidos.
En el capítulo titulado "Regiones de cemento", varias sobrevivientes de la barbarie recuerdan su pasado como presas políticas.
En tal sentido, confirman que el terrorismo de Estado comenzó bastante antes de la ruptura institucional, durante el gobierno encabezado por Jorge Pacheco Areco.
Las experiencias de privación de libertad en los centros de reclusión en los que fueron confinadas las presas políticas, recobran vida a través de múltiples testimonios, los cuales recrean las severas condiciones de confinamiento.
También en este caso, los relatos resultan removedores, por la frontalidad de los lenguajes despojados de todo eufemismo.
"A cielo abierto", que recoge las vivencias de la ansiada liberación", es un cuadro realmente conmovedor, que recupera el momento del reencuentro y el comienzo de otro proceso no menos complejo: la reinserción en una sociedad diferente.
Este libro condensa fragmentos de vida individuales y colectivos, en la medida que la dictadura fue una despiadada experiencia que castigó a casi todo el pueblo uruguayo.
Las historias se alzan como voces que emergen de un pasado de plomo, para devenir en presente de militancia y rebeldía, en la denodada lucha por plasmar dos insoslayables aspiraciones: verdad y justicia.
Todo lo narrado por estas heroicas combatientes asume la dimensión de epopeya y de aleccionante discurso, destinado a reconstruir la historia a partir de la verdad.
El lenguaje coloquial aporta una mayor espontaneidad a los testimonios aquí registrados, que se transforman en ejemplares lecciones de dignidad y firme convicción en insobornables ideales.
Este documentado libro está construido por las hebras fabricadas por miles de manos, que devinieron, a la sazón, en "Los ovillos de la memoria".
Esta compilación de textos impacta y conmueve por su explícito realismo sin concesiones, en una suerte de alegato contra la impunidad de los aberrantes crímenes perpetrados por el terrorismo de Estado y un plausible intento por seguir construyendo una insoslayable ética de compromiso. *
(Editorial Senda)
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