El término "negro" (o más estrictamente noir) aplicado a una variante de la literatura y el cine policiales es de origen obviamente francés, aunque la materia a la que se aplica sea básicamente norteamericana, con alguna derivación secundaria en Inglaterra y Francia, e imitaciones aisladas en otros países.
La expresión en sí misma nació en París en los años cuarenta, cuando algunos autores importantes del género fueron traducidos al francés y publicados en una serie llamada literalmente Serie Noire, cuyas tapas eran efectivamente de ese color. A partir de ese momento, escritores y cineastas norteamericanos supieron que habían estado haciendo "policiales negros", del mismo modo que el burgués de Moliére descubrió que siempre había hablado en prosa sin saberlo.
En el papel impreso, el género nace en los Estados Unidos a fines de los años veinte y comienzos de los treinta, como una reacción ante las convenciones de la novela policial "a la inglesa" (el whodunit? o "¿quién lo hizo?"), con su ámbito aislado, su crimen perpetrado del modo más extravagante posible por un asesino listo y solitario, y su detective más listo aún (generalmente un aficionado) que resuelve el enigma en el último capítulo.
Los escritores norteamericanos que aún no sabían que eran negros y que en ese momento comenzaron a ser llamados hardboiled (algo así como "los duros de pelar") se rebelaron contra ese esquema artificioso y conservador (un orden transgredido que se restaura), instalaron sus intrigas en un universo mucho más realista y duro, acentuaron los rasgos de violencia (el policial británico es siempre mucho más educado, y hasta los crímenes son sosegados y elegantes) incorporaron frecuentemente elementos de crítica social y describieron un universo donde las fronteras entre el bien y el mal no solían estar claramente definidas.
Autores como James M. Cain ( Pacto de sangre, El cartero llama dos veces), W. R. Burnett ( La jungla de asfalto), el fundamental Dashiell Hammett ( La llave de cristal, El halcón maltés, Cosecha roja) y poco después el culminante Raymond Chandler ( El largo adiós no es solamente acaso la mejor novela policial que se haya escrito nunca, sino también una de las mejores novelas norteamericanas del siglo XX, a secas) introdujeron dosis de realismo, frescura y hasta calidad de escritura casi inéditas hasta entonces en el género.
Esa literatura ambigua y sombría, tan alejada de Agatha Christie (quien no por casualidad es la autora de novelas policiales que gusta a quien no le gustan las novelas policiales), debe ser entendida como un reflejo indirecto de las oscuridades de la Gran Depresión, fue escrita a menudo por gente de izquierda (Hammett, cuya Cosecha roja es, directamente, una novela política) y remitía a menudo al desorden moral y social (las motivaciones de los asesinos de El cartero llama dos veces de Cain son el sexo y la inseguridad económica, sin ir más lejos: no es casual que el neorrealismo italiano, a través de Obsesión de Visconti, se origine en él).
Oficialmente, el cine tardó una década en dar cuenta del fenómeno, aunque hay de hecho una primera versión cinematográfica de El halcón maltés en 1931, y Hammett dio origen a una célebre serie policial (la del Hombre delgado) que se ubicaba más bien en la línea de whodunit con cierto humor. El código Hays vigilaba de cerca, y el cine policial de los treinta osciló entre esas lecciones moralistas y el filme de gángsters.
Lo "negro" irrumpió oficialmente en la pantalla hollywoodense en 1941 con las tercera y más famosa versión de El halcón maltés dirigida por Huston, y se extendió a través de toda la década con otros clásicos del género (Pacto de sangre de Wilder, Al borde del abismo de Howard Hawks, Los asesinos de Siodmak, Traidora y mortal de Tourneur) que reflejaron algunos de los desencantos provocados por la Segunda Guerra Mundial y después.
El género conoció en cine algunas variantes. El código continuaba vigilando, y el componente erótico solía suavizarse (la versión de Tay Garnett de El cartero llama dos veces). Algunos rasgos se conservan, sin embargo, incluyendo cierto fatalismo existencial y un clima onírico que puede ser el aporte de algunos alemanes formados en el expresionismo (Fritz Lang, Robert Siodmak, Edgar Ullmer) que influyeron en el género.
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