HUGO ACEVEDO
En "El acompañamiento", el investigador y religioso Charles Harper construye un documentado libro testimonial, que recrea la epopeya de la resistencia contra los gobiernos autoritarios que conculcaron las libertades públicas y perpetraron terribles prácticas de exterminio.
Este libro sintetiza la experiencia de lucha de numerosas organizaciones religiosas latinoamericanas, que asumieron un firme compromiso con la defensa de los derechos humanos y denunciaron las atrocidades perpetradas por las dictaduras que ultrajaron al continente.
El trabajo abunda en la recreación de episodios de solidaridad con presos, perseguidos políticos y refugiados, que pagaron caro su heroica resistencia a los regímenes genocidas que arrasaron la democracia en la región.
Aunque el autor soslaya algunas actitudes de complicidad de la Iglesia Católica con el poder que no deben ser olvidadas, los testimonios recogidos en esta obra confirman que buena parte de la comunidad religiosa asumió una postura abiertamente crítica a las violaciones a los derechos humanos.
En el capítulo inicial de este valioso documento, Charles Harper traza las líneas cardinales de su alegado a favor de la dignidad de los pueblos y la democracia política recuperada.
No obstante, no omite críticas a las causas de la polarización ideológica de las décadas del sesenta y el setenta del siglo pasado, que, en más de un sentido, se nutrió de las aún hoy sobrevivientes asimetrías sociales.
A los efectos de situar al lector en el contexto de un tiempo histórico de crudos conflictos políticos, violencia y represión, el autor repasa algunos de los temas vertebrales que operaron como disparadores de la tragedia colectiva latinoamericana.
En tal sentido, el investigador refiere concretamente- a las graves consecuencias de la confrontación bipolar, a la doctrina de la seguridad nacional inspirada desde el imperio y al denominado Plan Cóndor, un sistemático operativo de exterminio de opositores que se practicó en los países de la región.
Su abordaje de todos estos problemas no se agota en la mera visión histórica, sino que asume una mirada sociológica que apunta a condenar enérgicamente al terrorismo de Estado.
Con el propósito de recuperar la memoria de lo sucedido, el analista penetra las entrañas del drama de pueblos que fueron salvajemente sojuzgados por la barbarie.
Charles Harper inicia su revisión testimonial evocando los crímenes cometidos por la larga dictadura brasileña, que usurpó el poder durante veinte años.
Para ilustrar gráficamente estos dolorosos episodios, el narrador recuerda el martirologio del periodista Vladimir Herzog, detenido, torturado y asesinado en 1975, a consecuencia de su abierta oposición al régimen.
A partir de la recreación de este repudiable episodio, el autor se adentra en las causas y consecuencias del proceso brasileño, destacando naturalmente la resistencia organizada por grupos religiosos, organizaciones sociales y otros actores fundamentales de la lucha por la defensa de los derechos humanos.
Obviamente, el investigador analiza el contexto político en el cual se desarrollaron los acontecimientos, corroborando que bajo el autoritarismo subyacían fuertes intereses económicos y empresariales.
En el segundo capítulo intitulado "La isla", Harper alude concretamente al caso uruguayo, abundando también en una minuciosa recreación de las circunstancias históricas que devinieron en la dictadura.
Por más que equivoca el razonamiento cuando afirma que la actividad de la guerrilla urbana fue determinante en la instalación de la dictadura, igualmente demuestra una cabal comprensión de la dimensión de nuestro trágico pasado.
En efecto, es muy atinada su referencia a los graves atropellos perpetrados por el gobierno cívico militar y a la cantidad de presos políticos recluidos en las cárceles del régimen.
Aunque no sea totalmente novedoso, vale recordar que Uruguay fue, en el contexto de la región, el país que tuvo más prisioneros de conciencia con relación a su población.
Obviamente, el religioso denuncia los asesinatos y desapariciones sucedidas durante ese oscuro período de nuestra historia, con particular énfasis en los magnicidios de Zelmar Michelini y Héctor Gutiérrez Ruiz.
En ese contexto, no soslaya críticas a la innegable responsabilidad de Juan María Bordaberry, que el año pasado fue procesado por cautoría de ambos crímenes.
Uno de los capítulos sin dudas más estremecedores es el dedicado a la pesadilla chilena, tras el cruento golpe de Estado que derrocó el presidente socialista Salvador Allende.
Sobre el particular, Harper comenta que el 11 de setiembre no debe ser recordado sólo por el promocionado ataque a las Torres Gemelas, sino como el día en que los golpistas asaltaron el Palacio de la Moneda y demolieron la democracia trasandina.
Harper no omite denunciar la comprobada complicidad de la CIA y el gobierno norteamericano en el cruento alzamiento contra el gobierno constitucional.
Al condenar ese auténtico crimen contra la democracia, el autor recrea uno de los peores baños de sangre acaecidos en la segunda mitad del siglo pasado en el continente americano.
Obviamente, denuncia las brutales violaciones a los derechos humanos, las masivas ejecuciones y desapariciones y hasta los crímenes cometidos fuera de fronteras, en el marco del Plan Cóndor.
También pone un particular énfasis en el tema del exilio, resaltando la valiosa ayuda de las organizaciones humanitarias y de movimientos religiosos que colaboraron con ellas en la asistencia a los miles de refugiados que emigraron hacia otros países de la región.
La historia reciente de Bolivia constituye otro foco de atención de esta obra, que recuerda los sucesivos golpes de Estado y la instalación de criminales regímenes autoritarios.
En ese contexto, denuncia los brutales atropellos cometidos durante la dictadura encabezada por el general Hugo Banzer, que subyacen en la memoria colectiva del martirizado país del altiplano.
También en este caso Harper enfatiza la determinante influencia de los intereses económicos de las trasnacionales, que, con el apoyo de los gobiernos militares, se apropiaron de los recursos minerales y el gas natural de la recurrentemente saqueada Bolivia.
El capítulo tal vez más impactante es el dedicado a la Argentina, escenario de una de las dictaduras más sangrientas de todos los tiempos.
En este caso concreto, el autor analiza los acontecimientos previos a la ruptura institucional encabezada por la junta militar en marzo de 1976, particularmente la actividad de grupos paramilitares de ultraderecha, como la tenebrosa Alianza Anticomunista Argentina (Triple A).
A los efectos de retratar lo sucedido en toda su magnitud y crudeza, Charles Harper transcribe algunos fragmentos del contundente Informe Sábato, que es uno de los documentos más estremecedores de denuncia a la represión.
Sin reducir los decibeles de la condena al monstruo autoritario, el investigador destaca el papel de las organizaciones solidarias con las víctimas de la dictadura y la valiente militancia de las ejemplares Abuelas de Mayo.
El investigador también dedica sendos capítulos a la prolongada dictadura paraguaya de Alfredo Stroessner y al autoritarismo de Alberto Fujimori en Perú, otras dos grotescas expresiones de la alienación humana que asolaron al continente.
Aunque el mayor énfasis casi siempre radica en la acción solidaria desplegada por las organizaciones nucleadas en el Consejo Mundial de Iglesias, Harper analiza todos los múltiples aspectos de la épica de la resistencia.
El investigador asume una visión crítica del desenlace de todos estos procesos autoritarios, poniendo un particular acento en la necesidad de seguir profundizando la lucha por la verdad y la justicia.
Aunque valora los procesos que condujeron el enjuiciamiento de algunos de los criminales uniformados, el autor denuncia que muchas de las violaciones a los derechos humanos aún permanecen impunes.
Charles Harper convoca a atender debidamente las lecciones de la historia reciente, mediante un examen crítico de las situaciones que derivaron en la tragedia de la gran patria latinoamericana.
En ese contexto, el predicador presbiteriano estima indispensable reexaminar las causas de esos conflictos, que, en muchos casos, tienen su origen en las aún persistentes asimetrías y la injusticia social que aún castiga a millones de latinoamericanos.
(Edición de Trilce)
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