Como exitoso calificaron los delegados de varios países al quinto Congreso Cultura y Desarrollo que culminó en La Habana, después de cuatro jornadas de debates y fragorosas reflexiones de más de ochocientos delegados, en torno a la diversidad cultural.
La edición 2007 de esta fiesta de la "otredad", el respeto, las artes y la identidad demostró un gran poder de convocatoria al asistir a sus sesiones representantes de setenta y seis países de los cinco continentes.
Un total de veinte ministros y responsables de Cultura viajaron a Cuba y rubricaron convenios de colaboración en disímiles esferas de acción que tienden a llevar a la práctica el espíritu y el llamado de la Convención sobre diversidad cultural de la Unesco.
Precisamente ese organismo internacional se hizo presente, estimuló el congreso y el espíritu de laborar con seriedad que prevaleció en sus sesiones.
Pero fue el programa de trabajo creado por el Comité organizador de la cita, el que viabilizó concretamente el quehacer de los delegados. Las relaciones entre el poder hegemónico y sus víctimas fue reflexión del foro Identidad y hegemonía, uno de los más exitosos del cónclave, el cual relató el saqueo y la depredación de los ocupantes de Irak y su lucha por desaparecer la memoria.
Ese foro fustigó el consumismo cultural pasivo, el mensaje unidireccional a través del dominio de la información y de las industrias culturales de las transnacionales, y las pretensiones de imponer un pensamiento único y avasallante. Los delegados pusieron en relieve el intento de establecimiento de modelos de vida, la filtración de una corriente homogeneizante que amenaza con ahogar la diversidad cultural y con ello borrar de la faz de la tierra el rostro de naciones, etnias y pueblos. Sin embargo, el congreso también mencionó las bondades de la resistencia, de la lucha de los pueblos autóctonos que reclaman el derecho a preservar sus lenguas y sus formas de vida.
Ante tales circunstancias -se constató- la cultura se convierte en razón de resistencia y esa realidad emergente requiere de estudio, debate, análisis y reflexión para configurar un diagnóstico atemperado a las necesidades de la contemporaneidad.
Sobresalieron las presencias de Francisco Sesto, ministro de Cultura de Venezuela, la activista social Blanca Chancoso, los escritores James Cockcroft y Octavio Getino, el intelectual afroamericano James Early y el líder indígena Dennis Banks.
En el contexto de la cita se abrió la muestra de cine itinerante caribeño, actuaron la orquesta ecológica de Brasil y grupos musicales y de teatro de Venezuela y Bolivia, este último país, altamente representado y por primera vez de forma oficial.
Exposiciones de pintura, fotográficas, y la actuación del Ballet Nacional de Cuba también se encontraron entre los actos más calificados.
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