La ubicación temporal de la acción es muy precisa: 14 de junio de 1935. Todavía es otoño y hace calor, el calor nunca desaparece. En un lugar remoto del Paraguay, una pareja de ancianos campesinos, Cándida (Georgina Genes) y Ramón (Ramón del Río), esperan a su hijo que fue a pelear a la guerra del Chaco. También esperan a la lluvia, que se anuncia hace tiempo pero no llega; y al viento que tampoco llega; y que el calor amaine pero no lo hace a pesar de la estación; pero sobre todo, esperan a que las cosas mejoren. La pareja encara esta época de espera con diferentes actitudes: Ramón espera con optimismo; Cándida cree que su hijo está muerto, por tanto no tiene sentido continuar esperando. Estos papeles se van intercalando mientras la pareja está sentada, mientras esperan eternamente a que pase el tiempo.
Película experimental y rupturista, " Hamaca paraguaya" es el primer largometraje de la directora Encina. Está hecho de tomas largas o fuera de eje que contradicen a los manuales de rodaje y dan declaradamente la espalda a la ortodoxia cinematográfica occidental. "Somos un pueblo silencioso, callado, no encontramos la salida", sostiene la realizadora, y sus búsquedas de lenguaje apuntan a expresar esa convicción. Las formas del cine clásico provienen de otra realidad, y no sirven para expresar la propia.
La acción de la película circula, de hecho, en torno de esa hamaca, de ese matrimonio campesino paraguayo que espera vanamente el retorno del hijo, y es también la espera de la llegada de una lluvia que permita salir del "ahogo", no sólo del calor inclemente, sino también del paso del tiempo hasta el envejecimiento sin que nada cambie.
"Paraguay es como inhalar sin poder exhalar, no hay cuándo soltar el aire", afirma la directora Encina, quien estudió cine en la Argentina pero prefirió volver a su país para hacerlo, aunque las circunstancias económicas aconsejaban lo contrario. Y no parece haberse equivocado. Su película no solamente llegó a Cannes (donde se exhibió en la sección Una Cierta Mirada) y al elogio crítico: el diario Liberation, cuyo crítico la vio después de El código Da Vinci, sostuvo que con ella había aparecido el cine en el festival. Da Vinci, obviamente, no es cine.
Con "Hamaca paraguaya", Paz Encina parece afirmarse como una de las voces más personales e interesantes del reciente cine latinoamericano. Por el momento está recibiendo los halagos de la crítica, y reconocimientos en festivales importantes, empezando por el premio Fipresci en Cannes.
Cinemateca Uruguaya. *
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