GUSTAVO IRIBARNE
Ocurre que dentro de esta oferta múltiple con mucho relleno y filmes clase "Z" de vez en cuando aparecen realizaciones valiosas que no deberían pasar inadvertidas por aquellos cinéfilos que pretenden calidad en medio de la hojarasca. Dentro de esta búsqueda, por ejemplo, podríamos destacar el largometraje israelí "Caminando sobre el agua", de Eytan Fox, sobre la historia de un agente que debe capturar a cierto criminal de guerra nazi que continúa prófugo. En dicha misión, toma contacto con sus nietos y esta nueva realidad motiva un viraje que convierte al argumento en una metáfora de cambio y necesaria pacificación. Emblemática y provista de una frontal sutileza ideológica, es una obra que merece la más calurosa de las recomendaciones.
Otra producción inexcusable resulta "Un largo y doloroso camino", del cineasta chino Zhang Yimou, sobre conflicto generacional entre padre e hijo, la respectiva búsqueda para restablecer vínculos y un desenlace que eleva el contenido a la estatura de verdadero canto de amor y reflexión. Con diálogos medidos y un excelente apoyo visual, Yimou indaga en el espíritu de los personajes y muestra sus pasiones como un libro abierto pero sin rebuscamientos lacrimógenos. En resumen: una pieza sobria, tierna y de magistral sugerencia. Hay que verla.
Tampoco debería pasarse por alto la película "Triple agente" del reconocido director francés Eric Rohmer. La anécdota, ubicada en París durante la Segunda Guerra Mundial, da cuenta de un ex general refugiado que aparentemente realiza un complicado juego de contraespionaje. Más allá de la historia, el filme promueve una actitud consciente y reflexiva sobre los dilemas y las decisiones que el hombre debe afrontar en situaciones críticas. Tiene el sello Rohmer de principio a fin.
Continuando con esta selección, habría que hacer lugar a "La fuente", última propuesta del estadounidense Darren Aronosfky ( "Pi"; "Requiem por un sueño"), un realizador de culto que en esta entrega se juega a la fantasía y ciencia ficción. A partir de la necesidad de encontrar un remedio para la enfermedad mortal de un ser querido, el argumento del largometraje plantea un viaje en el tiempo que atraviesa varios siglos y atrapa al espectador tanto por su propuesta visual como por la inteligencia de su resolución. Como definición podría decirse que es una de esas joyitas que jerarquizan un género muchas veces subvalorado en forma injusta y prejuiciosa.
Por último queda la oportunidad de reseñar al españolísimo Alex de la Iglesia con una de sus primeras realizaciones, titulada "Acción mutante" (en realidad, su segundo largometraje después de "Mirindas asesinas"), un ejercicio cinematográfico bizarro y delirante que hará las delicias de los incondicionales de este singular realizador ibérico. A nivel de parodia y provista de un humor negro bastante grotesco, la película arremete contra todo lo que pueda resultar políticamente correcto (desde ideales estéticos convencionales hasta películas de acción intrascendentes).
A partir de la supuesta existencia de un comando de freaks y su guerra declarada a la belleza, la producción se permite el lujo de guiñadas cinéfilas varias en medio de un caos generalizado que no parece tomarse nada en serio. Vale la pena. *
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