En el universo literario, el lector consecuente que gusta de conocer nuevos autores más allá de los nombres ya impuestos, está lastimosamente habituado a enfrentarse a obras de deplorable calidad.
Estos productos son casi siempre pergeñados por personas que, desconociendo su escasa o nula capacidad literaria y tomando la escritura como un mero pasatiempo o como una forma de ganar prestigio social, se creen escritores.
Tal es el lamentable caso, por ejemplo, de un reconocido profesional médico, exitoso émulo criollo de foráneos gurúes de la autoayuda, entendiéndose esta por la ayuda que el autor se brinda a sí mismo con los beneficios obtenidos por las ventas.
Este no es, ciertamente, el caso de la abogada Laura Chalar, joven doctora en leyes que, paralelamente a su oficio y vocación jurídica, se empeña en forjarse una sólida carrera dentro del mundo de las letras.
Su libro de cuentos "El discreto encanto de la abogacía", título en el cual parafrasea a un recordado filme del emblemático realizador Luis Buñuel, es un disfrutable ejercicio literario, que perfila a su autora como una novel y talentosa exponente de la narrativa uruguaya.
Chalar, quien se recibió hace seis años, vuelca parte de su experiencia en el mundo jurídico, revelando jocosos, inusuales y hasta oscuros secretos de una de las profesiones más antiguas.
La autora publicó un libro de poemas en el año 2005 y se encuentra preparando un nuevo volumen de cuentos, al tiempo que esboza su primera novela.
El estilo de Laura Chalar destaca por su versatilidad. Se nota, por momentos, el lenguaje propio de una persona joven, que está inmersa en este deshumanizado universo contemporáneo.
Su escritura revela un destacable nivel cultural y de manejo del discurso, más allá de aquel que le es propio por su condición de abogada.
Una de las cualidades literarias más destacables de esta joven escritora, es su capacidad para retratar a la gente común, mediante una aguda mirada a su psicología y los rasgos de su entorno social.
Chalar es una atinada observadora de la cotidianidad, desde sus aspectos aparentemente más grises hasta aquello que rompe la monotonía, para adentrarse fugazmente en el territorio de lo mágico.
Aunque sus personajes poseen algunos rasgos arquetípicos de los uruguayos, cada uno de ellos tiene una identidad propia y una impronta siempre intransferible.
La autora no se hace evidente, al menos en forma explícita, detrás de las criaturas de ficción que pueblan sus relatos.
No obstante, es lógico suponer que muchas de las anécdotas narradas o las características de los protagonistas de los cuentos, son forzosamente extractados de su práctica profesional o su vida privada.
La abogada y escritora posee la inusual capacidad de extractar episodios mínimos y pasajes cotidianos de la vida de los individuos, logrando historias de buena factura literaria.
En algunos casos, aunque aparentemente no sucede nada relevante, el curso de la narración revela un riquísimo y variopinto universo social.
Sus historias, que casi siempre están correctamente estructuradas y resultan ágiles y ocurrentes, discurren con fluidez, no extendiéndose más allá de lo necesario.
Quizá podría criticarse algún error mínimo en la utilización de metáforas o figuras literarias, pero estos no llegan, en ningún caso, al punto de entorpecer ni empañar la narración.
"El discreto encanto de la abogacía" es una obra disfrutable y prometedora, que permite augurar una interesante carrera literaria a la joven autora. *
(Editorial Fin de Siglo)
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