El humor, en tanto recurso idóneo para mofarse de la realidad y hasta evadirse de los traumas y las tragedias cotidianas, es, según se presume, tan antiguo como la humanidad.
En testimonios gráficos, tanto pictóricos como escritos, provenientes de las primeras civilizaciones, se encuentran ya parodias, chistes, caricaturas y demás variantes del género humorístico.
Además, cabe recordar que grandes genios de la historia como Leonardo Da Vinci, cultivaron también la sátira en algunos de sus escritos, además de una particular afición por las caricaturas.
Analizando los lenguajes del humor, las maneras mediante las cuales una sociedad se ríe de sí misma y muchas veces de las demás, pueden establecerse pautas culturales, sociales y valores éticos y morales, además de prejuicios e ideologías.
Por ejemplo, el humor político, como recurso cuestionador del sistema o el gobierno de turno, ha funcionado desde siempre como mecanismo de distensión social, como válvula de escape y modalidad expresiva.
El concepto de humor ha variado sustancialmente con el tiempo, más que nada en las últimas décadas, tornándose más burdo y menos imaginativo. Ello es una directa consecuencia del paulatino empobrecimiento intelectual, ético y cultural de la sociedad uruguaya.
Aquel Uruguay, que desde las lejanas y ya míticas épocas de la "Suiza de América", se jactaba de poseer uno de los niveles educativos y culturales más altos de la región, comparable al de países europeos, es apenas un mero espejismo instalado en el imaginario colectivo.
Humoristas como Peloduro, el más grande en sátira política y social, revistas como "El Dedo" o la "Guambia" de otrora, programas como Telecataplum o Decalegrón, entre otros, marcaron un estilo de humor nacional desenfadado, irónico, agudo, y algo refinado, destinado a gente con cierto nivel cultural y educativo.
Actualmente, casi no se concibe la idea del humor como un vehículo de difusión cultural o de valores sociales, ni siquiera la idea de un humor con cierto refinamiento, alejado de la chabacanería, que es su signo en estos tiempos, y la grosería.
Sin embargo, "Les Luthiers", un grupo legendario, que ha fascinado y entretenido a más de una generación en ambas márgenes del Plata, continúa haciendo humor con ribetes culturales, demostrando que la ecuación aún funciona.
"Los juegos de Mastropiero" es una obra que analiza, define y revela en detalle- todos los recursos ludo - lingüísticos, o sea, recursos de la lengua que pueden utilizarse en forma lúdica, que han sido utilizados por este grupo de compositores a lo largo de cuatro décadas de exitosa carrera.
El libro, más allá de lo exhaustivo del análisis, de lo disfrutable de sus textos y de su intención pedagógica, tiene el valor de estar escrito por uno de los miembros del genial grupo: Carlos Núñez Cortés, que, como él afirma, integra el cuarteto desde su "prehistoria", que vendría a ser la época en la que el grupo se llamó "I musicisti", antes de tomar la actual denominación.
Núñez Cortés examina ejemplos de los más variados recursos en la obra de "Les Luthiers", como ser la utilización de anagramas, acrósticos, trabalenguas, palíndromos, retruécanos, el doble sentido, la transposición, las variantes del soneto y muchos más.
Cada mención va didácticamente acompañada de una definición del recurso literario o musical, una breve historia y variados ejemplos en la obra del grupo.
Este libro es un invalorable texto de difusión cultural, en el cual el autor propone problemas de ingenio para que el lector pueda poner en práctica lo aprendido. *
(Editorial Emecé)
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