Basada en una historia verídica sobre una maestra de violín en pleno Harlem, "Música del corazón" posee un tono melodramático y si se quiere humanista. Dirigida por Wes Craven, el filme posee un rendimiento superlativo de Meryl Streep. Acompanan Aidan Quinn, Angela Bassett y Gloria Estefan.
Alguna vez uno de los maestros del género de terror como Wes Craven debía permitirse probar otro estilo, otra modalidad de relato, otra escritura visual. Y la convocadora, empecinada y emprendedora historia verídica de la violinista que encarna formidablemente Meryl Streep (Roberta) lo ha situado al cineasta de Shocker, por ejemplo, en la superficie de un melodrama contenido donde en rigor pese la trama (y sus conflictos, sus júbilos y sus desazones) y el rendimiento en abanico de los actores.
Música del corazón posee una pizca de Mr. Holland's Opus, aquel brillante ejercicio sobre un apasionado músico que deviene profesor hasta el fin de sus días o mejor dicho hasta su forzado retiro (Richard Dreyfuss) por el retiro del programa de ensenanza musical en su higt school. Algo similar, luego de haber obtenido una posición de prestigio entre el alumnado, la rectora (impecable Angela Bassett), el profesorado (por ejemplo su amiga Gloria Estefan) y las familias de los estudiantes, le ocurre a esa mujer de provincias abandonada por su esposo (Meryl Streep) marcha a Nueva York con sus dos pequenos hijos y sus cincuenta violines.
Todo se vuelve difícil en la metrópolis. Pero posee el respaldo inicial de un viejo enamorado de los lejanos tiempos de la secundaria (Aidan Quinn siempre solvente), y así comienza su peripecia de ser aprobada como maestra en una conflictiva escuela de Harlem.
Nada es imposible para Roberta Guaspari: durante sus clases se vuelve inflexible, estricta y a la vez apasionada: el zumbido de un violín es el nervio vital y liberador de una vida, la suya, que las traspasa a sus alumnos. Lo que empieza muy dubitativamente, finaliza en una gestión fascinante y alumbradora.
O sea: ?quién podría pensar que una mujer de pueblo chico iba a terminar armando una orquesta de violinistas? ?Y que a través de los anos formaría a generaciones de alumnos, algunos de ellos con un talento y sensibilidad más que encomiable?
Solitaria, independiente, esa Roberta Guaspari tendrá su propia casa, una relación por momentos tempestuosa con sus hijos (también músicos, aunque uno cellista y otro pianista) y una existencia frontalmente dedicada a la ensenanza. Nada de citas de ocasión, a excepción del affaire con el personaje que interpreta Aidan Quinn. Su mundo es la música y el arco tensado sobre las cuerdas de un violín.
Música del corazón es todo un ensayo para Wes Craven, quien trabaja en forma aplicada los climas con una narración asordinada no exenta de barnices humorísticos y también algo melosos, sobre todo cuando después de décadas de ensenanza le cancelan el programa a esa maestra del corazón por recortes presupuestarios.
Pero luchará hasta las últimas consecuencias para obtener los fondos necesarios y así solventar el programa. El epílogo con los ninos violinistas, viejos alumnos ahora grandecitos y maestros del instrumento como Isaac Stern, entre otros, otorgan un final a toda luminosidad en un concierto en el Carnegie Hall para recaudar fondos y lograr el reestablecimiento del programa y la gestación de una fundación dedicada a la ensenanza musical. Craven hace el seguimiento cronológico con oficio y paciencia, utilizando planos de toda índole para atrapar los cautivantes múltiples rostros de esa humanista que viene a ser Roberta Guaspari en la piel inmensamente expresiva de la Streep. Vale la pena verla solamente por la performance excepcional de una actriz cada vez más intensa y perfecta en sus roles.
(*) Estreno en Hoyts Cinema de Punta del Este.
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