Martes, 23 de octubre, 2007 - AÑO 9 - Nro.2707
A A A

"JULIETA Y ROMEO", DE FRANKLIN RODRIGUEZ, EN ESPACIO TEATRO

Un primer tiempo para la tercera edad

* Como "Pentágono" de Dino Armas, "Julieta y Romeo" trata de dos internados en un geriátrico que redescubren el amor. Nada hay de la atracción fatal del "Romeo y Julieta" de Shakespeare, a que alude el título; tampoco hay nada de la pieza homónima, hoy olvidada, de José María Pemán, "Julieta y Romeo" (1936); tampoco vemos que el título se justifique por contener especiales dosis de sentimiento, amor o ternura.

JORGE ARIAS

"La interpretación de Nelly Antúnez es de primera. Merece calurosos plácemes en todos los aspectos: voz, presencia, expresividad, mímica. (Foto de archivo).
"La interpretación de Nelly Antúnez es de primera. Merece calurosos plácemes en todos los aspectos: voz, presencia, expresividad, mímica. (Foto de archivo).

Casi no hay más que buenos consejos para la tercera edad: conviene tener buen sexo, tanto como hacer ejercicio, cepillarse los dientes y comer crucíferas. Así, de buenas a primeras la otoñal y atractiva María (Nelly Antúnez) se ofrece impávida, en la mejor escena de la pieza, al frígido Alfonso (Augusto Mazzarelli), quien previamente nos había alertado sobre su impotencia sexual. Los encantos de María, empero, bastan para potenciar al anciano, que escapa del geriátrico y pasa una noche con ella, que califica su rendimiento con un 8 sobre 10.

Esto sucede en la primera media hora. Luego Rodríguez apaga sus fuegos: el resto es repetición (otra escapada) y relleno (los escarceos amorosos entre los hijos de Alfonso y María). Hay un momento en que al autor le cruza por la cabeza otro conflicto, proveniente quizá de otra pieza: María, enferma terminal, pide a Alfonso que la ayude a irse de este mundo; él se niega; queda sólo el apunte de un drama que se diluye. En otro momento anota Rodríguez, también como para otra pieza, cierta tensión entre padres e hijos; pero los vástagos (por Christian Zagia y Luciana Acosta) son demasiado intolerantes, casi crueles, como para creer en ellos.

La escenografía de "Julieta y Romeo" es mínima. Se ve un muro, unas ramas y unas sillas: eso es, así debemos creerlo, tanto el geriátrico como el apartamento de María. La dirección de Marcelino Duffau no va más allá de la rutina: entra un personaje por la izquierda, otro sale por la derecha. Anotamos, recordando algunos fragmentos de bravura de los teatros brasileños y argentinos, la pacatería: se omite toda insinuación carnal en una pieza donde los protagonistas vuelven, por fin, a las glorias del sexo. La tercera edad es discriminada sobre las tablas.

Franklin Rodríguez muestra destellos. Siempre mostró destellos; salvo, en negativo, en los "Debajo..." (de las polleras o de los pantalones, y similares); y salvo, en positivo, en "Los cuentos que nunca me contaron", acierto ignorado por su público. Hay que decir que sus diálogos, aun en los peores momentos, son más creíbles que los usuales en los autores uruguayos: tiene oído, a veces tiene memoria para lo que oyó; sabe que el público, al que con justicia puede llamar su público, lo va a seguir siempre, haga lo que haga. Tal vez lo sabe demasiado y dio por cumplida su labor con la primera media hora. Podía haber ideado otro desarrollo, creado un nudo dramático, buscado una buena conclusión; porque la muerte de la protagonista es un punto final, ya que la obra no puede seguir, pero no un desenlace, y casi no hay lágrimas. Lamentablemente, Franklin Rodríguez no amó lo suficiente a su "Julieta y Romeo". La pieza queda allí, distante y sin conmover, huérfana.

La interpretación de Nelly Antúnez es de primera. Merece calurosos plácemes en todos los aspectos: voz, presencia, expresividad, mímica. Mazzarelli, cuyas aptitudes como actor apreciamos grandemente, compone con demasiada aplicación y perseverancia a su anciano. Lo hace perpetuamente envarado; lo excede en miradas perdidas, chasquidos de lengua, movimiento de labios que no encuentran los dientes. Una mole de tics, inhibiciones y miedos nos bloquea el alma del hombre. Si nos ponemos del lado de Antúnez, no logramos siquiera ver al personaje que recobró una virilidad que creyó perdida. Era natural que le volviera, así fuera un instante, un porte varonil, algunas ínfulas, un signo de deseo físico; una recuperación como la que a veces acontece a los muertos, que en el ataúd, quizá por el rigor mortis que tensa los músculos faciales, se encuentran con la sorprendente belleza de su lejana juventud, que llega presurosa, como uno más de los deudos, a despedirlo. *

JULIETA Y ROMEO, de Franklin Rodríguez, con Augusto Mazzarelli, Nelly Antúnez, Christian Zagia, Sofía Ott y Luciana Acosta. Vestuario y escenografía de Ana Arrospide, música de Gustavo di Landro, iluminación de Ruben Vieira, dirección general de Marcelino Duffau. En Espacio Teatro, Mercedes 865/869.


Marcadores sociales

Enviar esta nota a: del.icio.us Enviar a Yahoo! MyWeb Enviar a Digg Enviar a reddit Enviar a Furl Enviar a Blinklist Enviar a Spurl Que es esto? Hace click aqui para aprender mas sobre marcadores sociales


Comentarios (beta!)

No hay ningún comentario aún. Hacé click aquí para ser el primero en enviar un comentario sobre esta nota
Powered by Comment Script

BUSCAR

Google
Web LR21

PUBLICIDAD LR21


TITULARES x MAIL

ESTE MES

octubre de 2007
L M M J V S D
1 2 3 4 5 6 7
8 9 10 11 12 13 14
15 16 17 18 19 20 21
22 23 24 25 26 27 28
29 30 31        

publicidad

publicidad


CONTACTATE    PUBLICIDAD
© 4Pixels SRL / www.lr21.com ® se edita en Montevideo, Uruguay.
Publicación digital administrada por 4Pixels