JORGE ARIAS
No negaremos que Cristina Morán tenga nietos; menos aún que los trate maravillosamente; pero no es una abuela; por lo menos no lo es en el sentido que evoca, de inmediato, el término. Es una mujer, primero, y después una mujer; y después una mujer que tal vez cometerá lo que llamó Proust ese "casi frívolo acto de morirse", pero que lo hará de pie, como los emperadores. Como China Zorrilla; y no sólo por "El camino a La Meca".
Decimos con esto que el monólogo de "Los nietos nos miran" no le sienta. Lo dice; a veces lo dice bien; a veces no le notamos convicción.
Los esquicios son muy débiles dramáticamente. Incurren en el error, tan típico del teatro uruguayo, de contar una historia en vez de hacerla vivir. Es un error que viene de la idolatría del chiste, de los espectáculos "de humor", de "la gente quiere reír" y demás paparruchas. El teatro debe suceder aquí, ante esta platea. Sabemos que estamos, como dice Heiner Müller, ante un actor, aquí una actriz, que agoniza; sabemos también que los espectadores nos estamos muriendo. Pero debe suceder algo ante nuestros ojos, ahora.
No creímos mayormente en los personajes de los esquicios. Sus temas son plausibles; su realización es muy descuidada, como si la autora (Juana Rottemberg) se hubiera sentido satisfecha con identificar un buen tema y así diera por cumplida su labor. El episodio de una nieta, hija de padres asesinados por la dictadura y sin sepultura conocida (recordemos la lección de Fernando Peña y no digamos más "desaparecidos"), tenía con qué sacudirnos, no sólo por lo que dice de la agresión general del hombre contra la vida, sino por lo que debió decirse de nuestra historia más reciente, de la angustiosa interrogante de cómo fue posible tanto horror, y aún, de cómo son posibles, hoy, tantos paños tibios para tratar el crimen. Cristina lo dijo en un medio tono que casi logra el efecto necesario; lo dijo como con pudor, como si hubiera mucho más por decir. Pero el teatro no debe callar nunca; ni aún con la excusa de la imprescindible diversión. *
LOS NIETOS NOS MIRAN, de Juana Rottemberg, adaptación de Beatriz Mattar y Andrés Tulipano, con Cristina Morán. Música de Carlos García, arte de Nelson Mancebo, vestuario de Carlos Reyes, escenografía de Carlos Maldonado, luces y dirección de Sergio Pereira.
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