Lunes, 05 de noviembre, 2007 - AÑO 9 - Nro.2720
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ARTE

Pintor Juan Ventayol, redescubierto

* La idea no se le ocurrió a un investigador, a un crítico, a un curador, a un director(a) de museo o de un centro cultural. Nada de eso.

NELSON DI MAGGIO

Abstracto, óleo sobre tela, 1963, de Juan Ventayol.
Abstracto, óleo sobre tela, 1963, de Juan Ventayol.
Paisaje Cubista, óleo sobre tela de Juan Ventayol.
Paisaje Cubista, óleo sobre tela de Juan Ventayol.

Surgió de un remate judicial en la casa de subastas Bavastro e hijos que, desde hace quince días, con el notable antecedente de Manuel Espínola Gómez, se convirtió en el epicentro del arte nacional. Es alarmante el desinterés de los más directamente interesados, la ignorancia de muchos artistas y responsables de instituciones a pesar de la generosa difusión desplegada en la prensa acerca de la treintena de cuadros de Juan Ventayol que se exhiben hasta el martes en Misiones 1365, casi Peatonal Sarandí.

Es el acontecimiento de la semana. Durante los últimos años, varios empedernidos historiadores de la cultura artística nacional intentaron ubicar, sin resultado, la producción de Juan Ventayol. Sabían que sus familiares directos poseían un número importante de cuadros aunque localizarlos no fue fácil. Ahora, aparecen en Bavastro e hijos. Ventayol (1915-71), estudió en el Círculo de Bellas Artes, en 1933, con Guillermo Laborde, el mismo año de la visita del impetuoso mexicano Siqueiros. Aunque individualista, integró los grupos Paul Cézanne (Nicolás Urta, 1939) y Carlos F. Sáez (Barcala, Espínola Gómez, Solari, 1949), por corto tiempo, recibió premios en salones nacionales, municipales e internacionales (único representante uruguayo en la Bienal de Venecia de 1962, en la VI Bienal de San Pablo recibió el premio al mejor artista latinoamericano). De frágil salud, tuvo largos períodos sin pintar, y buena parte de su obra está atravesada por dos circunstancias. Una, el hecho de trabajar desde niño como vendedor de flores en el cementerio proyectó una dimensión de sombrío desamparo a sus composiciones, al elegir una paleta terrosa, de oprimentes grises. Por otro, las intervenciones quirúrgicas dejaron la huella en la trabajada superficie de sus telas, pobladas de rayaduras e incisiones.

De sus principios como retratista, Ventayol fue orientándose hacia un lenguaje acorde con la estética vanguardista que, a fines del cincuenta y principios del sesenta se identificó con el informalismo. Exhibiciones monográficas de Tapies y Burri, de la colección Di Tella, la cercana bienal de San Pablo, la prédica constante de Jorge Romero Brest en cursos y conferencias fueron factores dinamizadores de la renovación artística nacional.

Es lo que muestra (y demuestra) la numerosa serie de cuadros (no siempre en condiciones óptimas) en Bavastro. Desde Paisaje cubista, de inspiración cézanniana, posiblemente de los años cuarenta, a la libre figuración de tres Fachadas y figuras, 1966, donde aparecen los signos abstractos que perdurarán en su etapa posterior ( Abstracto es una separata de ellos) que alternan con Frontón, 1964, lápiz y acuarela, más abstracto, y Composición, 1965, un collage rudimentario. De inmediato, la pintura matérica, de blancos, grises y negros, característica de la época, lo encuentra entre sus mayores protagonistas, aunque resabios figurativos, alusiones místicas e incursiones sobrias por el color, alternan con la profundidad de sus propuestas audaces en la incorporación del metal, maderas y chapas en el cuadro ( Ventana, Sueño mineral, Encuentronera) que escapan al planismo de la tela.

Varios cuadros abstractos están fechados en 1971 y uno, Vertical, 1963, alcanza, al lado de otro del mismo año y otro de 1962 ( Metamorfosis), un registro notable en su poderío imaginativo. Todavía, Fondo blanco, obra inconclusa (¿?), parecería anticipar o por lo menos, coincidir, con los cuadros monocromáticos de Yves Klein y Piero Manzione luego llevados hasta las últimas consecuencias por Robert Ryman y Cy Twombly, todos herederos del legado constructivista de Malevich. Felizmente, sobrevive del remate anterior, un Semoviente de Manuel Espínola Gómez, para comparar y verificar el urgente erotismo y la vitalidad ardiente que lo impulsa.

La subasta no se agota con estos nombres. Nicolás Urta, Alberto Dura, Zoma Baitler (dos óleos que lo acercan a Soutine), Manuel Rosé, Cuneo, Gurvich, Costigliolo, Carlos González, Sartore, Cabezudo, Alceu Ribeiro, cerámicas de Silveira-Abbondanza, Nowinsky y López Lomba agregan al conocimiento y disfrute del arte nacional, irregularmente representado en pinacotecas montevideanas.


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