JUAN MENDIETA
La semana pasada, cuando la población estaba aterrada por la aparición de vacunos muertos de rabia paralítica en la frontera norte del país, rabia transmitida nada menos que por herederos del Conde Drácula, la prensa uruguaya, consciente de su papel informativo y esclarecedor, publicó una nota de corte científico en la que se explicaba que los mamíferos responsables de la rabia eran murciélagos hematófogos.
Quedeme perplejo ante este curioso adjetivo, desconocido para mí, y corrí presuroso al diccionario para intentar desentrañar el arcano sentido de la frase. Dado que la búsqueda resultó infructuosa, púseme a elucubrar sobre cuál sería la característica del murciélago que el redactor se había propuesto resaltar.
Supuse, en primera instancia, que se trataría de animales hematófobos, esto es, bichos que sienten hematofobia, o sea aversión, rechazo e incluso un terror enfermizo hacia la sangre. Rechacé tal posibilidad pues si así fuera, no andarían mordiendo vacas y cristianos, y además, en vez de con ajo, habría que ahuyentarlos con morcillas.
También pensé en murciélagos hematófugos, vale decir animalitos de Dios que huyen de la sangre; que ante la presencia de plaquetas y glóbulos rojos, salen despedidos como las pilchas que huyen del centro del tambor cuando son sometidas a la fuerza centrífuga del lavarropas.
Descartada esta segunda hipótesis por las mismas razones que la anterior, la luz se hizo en mi pobre cerebro y descubrí qué se había querido escribir, por fin. De lo que se trataba era de quirópteros hematófagos ("dícese del animal que se alimenta de sangre, como muchos insectos chupadores y, entre los mamíferos, los vampiros"). El elemento compositivo correcto era, pues, fago, cuyo significado es "que come". Por algo decimos de los caníbales que son antropófagos y no antropófogos.
--Mire, Mendieta, el ajo será muy bueno p' ahuyentar vámpiros, no se lo discuto. Pero yo tengo un remedio infalible: me como unos dientes de ajo, los bajo con unos cuantos vasos de tinto, y me duermo tranquilo porque ni las moscas se me arriman.
--¡Qué lo parió! *
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