JORGE ARIAS
En la primera había una historia desgarradora a propósito del gran tema del hombre que vuelve a su hogar; en ese caso, para morir, y, en todos los casos, como en el Odisea, para cumplir un destino que no se le revelará hasta que la última palabra sea pronunciada. Fue una pieza que nos llegó al alma, como todo en Lagarce (exceptuamos la versión local de lo que se tituló "El gran día"); pero llega al alma a condición de que se corresponda la puesta en escena con el libreto del autor. Esta versión es como un fantasma de aquella: hay una repetición tediosa de movimientos; no hay círculos que se cierren. Hay luces, tonos y vestuarios que no comprendemos y que no sostienen ni ocultan ningún misterio. Como en la anterior puesta en escena de Levón, "Tito Andrónico" de Shakespeare, la escenografía abstracta pareció condicionar la obra: todo fue tan lejano y frío como si sucediera en el interior de un iglú, y, sobre todo, tan poco explícito como si no importara que los espectadores se enteraran del hondo drama que tuvo ante sus ojos pero que no llegó a ningún corazón. Es posible que se haya querido buscar un contraste con la actuación, que fue cálida y hasta enfática por momentos; de ser así, la idea de la obra se quedó en un artefacto puramente geométrico.
La interpretación, pese a que la obra no llegó ni a la primera fila de platea, fue tan convincente (en especial Stella Texeira y Nadina González Miranda) que nos hizo soñar, en vano, con lo que ese mismo elenco pudo haber logrado, y no logró, con la misma obra. *
YO ESTABA EN CASA Y ESPERABA QUE LLEGARA LA LLUVIA, de Jean Luc Lagarce, por El Galpón. Con Rebeca Franco, Stella Texeira, Nadina González Miranda, Lucía David de Lima y Soledad Frugone. Escenografía de Claudio Goeckler, vestuario de Soledad Capurro, iluminación de Claudia Sánchez, música de René Pietrafesa, dirección de Levón. En teatro El Galpón, sala Atahualpa, estreno del 6 de noviembre.
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