Domingo, 18 de noviembre, 2007 - AÑO 9 - Nro.2733
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LIBROS

Cuba y el Che: la ruta mágica

* Cuatro décadas después de su martirologio, la figura del guerrillero Ernesto "Che" Guevara ha mutado en leyenda y paradigma de honestidad y sacrificio. Más allá de aciertos, errores o eventuales relecturas críticas, su lucha merece un respetuoso reconocimiento.

HUGO ACEVEDO


En "Cuba y el Che: la ruta mágica", el escritor y periodista Jorge Torres ensaya una controvertida mirada en torno a la gesta guevarista y el fracaso de las experiencias guerrilleras en nuestro continente.

El autor ha desarrollado una intensa actividad periodística, habiendo dirigido la revista "Barricada". Asimismo, fue articulista en "El Popular" y en "Mate Amargo".

Integró el Movimiento de Liberación Nacional y padeció cárcel durante la represión autoritaria. En su período de reclusión, escribió poemas que salieron clandestinamente de la prisión y fueron publicados en 1972, por el semanario Marcha.

En 1979, se exilió en Suecia, regresando en 1985 a nuestro país, no bien se concretó la reapertura democrática.

En 1980, fue distinguido con el Primer Premio de Poesía de Casa Uruguay en París y obtuvo tres menciones por los siguientes cuentos: "El cerco", "Sobre barcos abandonados" y "Aníbal y los zopilotes". También publicó relatos en la antología colectiva "Fuera de fronteras", que fue editado en Suecia en 1984.

Hasta el momento, ha editado los siguientes títulos: "Memorias de la noche" (Suecia, 1973), "En la misma tierra" (Suecia, 1979), "Marinerías" (Montevideo, 1985) "Tupamaros: la derrota en la mira" (Montevideo, 2002) y "Fuerzas armadas: una patología consentida" (Montevideo, 2005).

En este nuevo libro, Jorge Torres sorprende a propios y extraños, con una furibunda crítica a la guerrilla latinoamericana de las décadas del sesenta y setenta del siglo pasado.

Su relectura del pasado reciente de nuestro azotado continente, lo sitúa claramente en las antípodas de la historia del propio Movimiento de Liberación Nacional que integró hace cuatro décadas.

Aunque nadie puede negar su muy legítimo derecho a la revisión histórica, llama la atención la virulencia de sus cuestionamientos, que toman como blanco a la revolución cubana y también a la emblemática figura de Ernesto "Che" Guevara.

Aunque Jorge Torres admite que su aporte dista de ser un trabajo de nivel académico, igualmente se las ingenia para descalificar la lucha de los pueblos latinoamericanos por su autodeterminación, en un escenario continental fuertemente impactado por la hegemonía del imperialismo norteamericano.

Asumiendo una visión implacable en torno a los errores cometidos, el autor se dedica a demoler de plano todas las experiencias guerrilleras del continente durante la guerra fría.

Pese a que critica el supuesto dogmatismo de Cuba al intentar exportar su modelo revolucionario a otros países latinoamericanos, sus lenguajes están impregnados del mismo credo ponti-

ficante que aduce combatir.

En el primer capítulo de este ensayo, Torres describe los fracasos de numerosos movimientos insurgentes americanos, afirmando que la praxis revolucionaria fracasó en todos los casos, con la obvia excepción de Cuba.

Aunque le asista razón en torno al naufragio de esos sueños libertarios que afloraron a lo largo y ancho de nuestra América, no resulta demasiado admisible la falta de valoración hacia el indudable heroísmo de algunos de sus protagonistas.

Al mejor estilo de un politólogo, Jorge Torres ensaya una minuciosa radiografía en torno a la Cuba castrista del pasado y el presente. Sin embargo, su discurso demuestra un indisimulable rencor, lo cual no le permite analizar con lucidez las distintas condicionantes que rodearon a ese fenómeno histórico.

Torres acusa a la revolución cubana de construir un cuerpo de mitos y ficciones y fundar una doctrina política sin mayores sustentos teóricos.

El propio devenir de la historia contemporánea corrobora lo apócrifo de las afirmaciones del autor, quien, más allá de sus legítimas discrepancias, debería valorar el sacrificio de un pueblo que fue capaz de sostener su revolución durante casi medio siglo, en medio de un criminal bloqueo imperialista.

En el capítulo 3 de este análisis, el escritor bautiza a la prédica castrista de "pensamiento mágico", fustigando duramente a Fidel Castro, Ernesto Guevara, Regis Debray y otros promotores de la exportación del modelo revolucionario.

Aunque sus cuestionamientos a la teoría del foco pueden resultar de recibo en función del fracaso de algunas experiencias, lo que no resulta compartible es la agraviante adjetivación que utiliza para referirse a estos prohombres de la historia contemporánea.

Torres va a aún más lejos, cuando marca presuntas dicotomías entre el supuesto desmadre de la revolución cubana respecto a los presupuestos teóricos del marxismo leninismo.

Parece contradictorio que mientras critica este hipotético divorcio entre la ideología madre y la praxis revolucionaria, no advierta que los movimientos de liberación latinoamericanos intentaron transitar los caminos más adecuados a sus realidades.

Uno de los pocos juicios emitidos que merece ser considerado, es su reflexión en torno al conflicto de las analogías. Es cierto que había diferencias radicales entre la realidad cubana que permitió el éxito de la revolución y la mediterránea Bolivia, donde el Che pretendió instalar un foco que fracasó estrepitosamente.

Tampoco le falta razón cuando afirma que la situación de los pueblos latinoamericanos no guardaba ninguna semejanza con la de Vietnam. Sin embargo, no parece advertir que la convocatoria del "Che" a crear varios Vietnam, era más una expresión retórica de tono simbólico que una valoración estratégica.

Lo que resulta realmente inverosímil es su discurso desproporcionadamente realista, cuando insinúa y hasta aduce que los revolucionarios desafiaron al orden natural.

Jorge Torres, que ha demostrado ser un observador inteligente, debería considerar que las únicas leyes inmutables son las de la naturaleza y no las humanas.

Si todos los actores de la historia hubieran aceptado que en materia política, social o económica nada es susceptible de ser transformado, aún seríamos gobernados por monarquías hereditarias, caciques o meros hechiceros tribales.

El autor adjetiva a los revolucionarios de románticos, quijotes y hasta emplea epítetos más fuertes y agraviantes. No advierte, obviamente, que el romanticismo fue siempre el motor que alimentó las grandes utopías y parió los cambios más radicales.

Jorge Torres dedica naturalmente los últimos capítulos de su libro a analizar la frustrada expedición revolucionaria del Che Guevara en Bolivia y sus ulteriores consecuencias.

Ensayando una atenta relectura del diario del revolucionario argentino, el autor apunta sus baterías a la desmitificación del guerrillero heroico y a demoler el discurso cubano en torno a su figura tras el martirologio.

Luego, transcribe, día por día, los apuntes registrados por Guevara en los últimos ocho meses, que desnudan la situación de desamparo del grupo insurrecto, que fue aniquilado por las fuerzas gubernamentales con el apoyo de la CIA. Aunque nadie niega que el pequeño puñado de heroicos combatientes carecía de apoyo logístico, equipos y alimentos y fue virtualmente abandonado a su suerte, ello no justifica calificar al Che de ilusionista, alienado y paranoico.

Como colofón de todas sus reflexiones, Torres no omite ácidas críticas a sus propios compañeros del MLN, por comulgar explícitamente en el pasado con la teoría del foco y la praxis revolucionaria.

Aunque explica con relativo acierto las relaciones de causalidad que originaron el movimiento guerrillero en nuestro país, su análisis de coyuntura peca de algo epidérmico.

Su lectura de la realidad, que es obviamente reduccionista, no contempla la multicausalidad del fracaso de los movimientos revolucionarios latinoamericanos.

Más allá de meros errores estratégicos y de la falta de capacidad para sumar voluntades al proyecto insurreccional, lo real ­ que obviamente no debería omitir Torres- es que las guerrillas del continente fueron aplastadas por dictaduras genocidas y ejércitos cipayos armados hasta los dientes por el imperialismo y financiados por el capital financiero internacional y las oligarquías locales.

Más allá de la indudable validez del debate crítico y las prácticas revisionistas, "Cuba y el Che: la ruta mágica" aporta una visión muy acotada de la historia americana reciente.

La obra analiza temas demasiado trascendentes y vertebrales que no merecían un abordaje tan superficial. Sorprende que un agudo observador como Jorge Torres, que nos impresionó gratamente con un ensayo osado e inteligente como "Fuerzas Armadas: una patología consentida", se conforme con un planteo tan poco consistente. * (Editorial Fin de Siglo)


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