JORGE ARIAS
Hay además, en varias oportunidades, y con tanta relación con el tema de la familia, santa o pecadora, como con la filatelia o el aeromodelismo, una coreografía o gimnasia muy cuidada.
Este espectador se pregunta cómo se llegó a este despropósito. Se ve en la pieza la huella de enseñanzas de teatro, en particular en la actuación; en cuanto al teatro mismo, a lo que debe suceder sobre las tablas, parecería que el autor Alejandro Gayvoronsky encuentra suficiente decir que hay una familia y adosar a esta mera afirmación algunos accesorios, como "ambientación sonora" (rectius: "música") y "coordinación artística" para tener teatro. Es posible que cierta prédica, remotamente inspirada en Artaud, que desvaloriza la palabra humana (a la que se supone, misteriosamente, ajena al "cuerpo", depósito de todo el arte) haya conducido a la sobrevaloración de las meras traslaciones corporales que vimos en "Santa Familia" y que no dicen nada: eso sí, con todo entusiasmo. ¿Teatro es todo lo que sucede sobre un escenario, dura algo más de una hora, tiene actores que, bajo luces cambiantes, se mueven y hablan? No encontramos ni una reflexión trascendente ni sucesos intrascendentes; no encontramos ni realidad ni irrealidad; no encontramos ni frivolidad ni gravedad. En "Santa Familia" va y viene gente por la escena, pero no se ve ningún personaje.
SANTA FAMILIA, de Alejandro Gayvoronsky, con Alejandro Gayvoronsky, Enrico Greco, Danna Liberman, Rodrigo Peluffo y Bruno Pereyra. Coordinación artìstica de Inés Doutour, iluminación de Ruben Viera, ambientación sonora de Alfredo Leirós y Diego Piccardo, escenografía de Gustavo "Pingüino" Ferrari, dirección de Pablo Sintes. En Teatro de la Candela. *
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