Los trabajadores de la salud deben respetar la confidencialidad de la mujer. Toda conversación tiene que ser en privado, sin la presencia de la familia. Esto es fundamental para garantizar la confianza y la seguridad de la mujer.
También es preciso escuchar a la mujer, confiar en lo que dice y hacerle sentir que no está sola. Es preciso reconocer que
ella no tiene la culpa y que no merece ser maltratada.
La mujer no puede ser presionada para actuar si no está preparada para hacerlo. El profesional de la salud debería ayudarla a elaborar un plan de protección que abarque un lugar a donde ir y llevar a sus hijos, en caso de tener que hacerlo con urgencia.
Además se le pueden aconsejar los servicios comunitarios adecuados para su situación, para que acceda y conozca los teléfonos de emergencia, los albergues, los servicios jurídicos y grupos de apoyo disponibles, entre otros mecanismos.
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