Jorge Yuliani
Ayer cuando empezaba a caer la tarde, en el Salón Zorrilla de San Martín del piso 25 del Hotel Sheraton, con una bellísima e impresionante vista de la ciudad a través de los amplios ventanales del salón, el catalán Joan Manuel Serrat y el andalúz Joaquin Sabina lucieron un despliegue de buen humor e inteligencia como pocas veces se ha visto en artistas de esta talla.
El fuego se abrió explicando el orígen de este trabajo conjunto que ya lleva más de sesenta presentaciones en diferentes países.
"A lo largo de los últimos 25 años y o me he pasado el tiempo persiguiendo a Joan, babeando, siguiéndole para ver si me hacía caso y al final lo logré. Nos tomamos unas copas, y unas copas y unas copas y otras más y al cabo de unos años empezamos a fantasear y pensar que seria bueno venir a Uruguay juntos.
"Yo le decía Joan y el me llamaba imbécil. Y aquí estamos"- dijo Sabina.
"Tambien se dió la coincidencia de que ambos terminamos unos poyectos y coincidió que teníamos el mismo manager y todo fue relativamente fácil. La decisión la tomamos cuando todo esta ya estaba en marcha"- agregó Serrat.
"Llevamos seis meses subiendo juntos al escenario y compartiendo la música, la comida, la estupecfacción y otras cosas que no vamos a revelar. Tenemos una larga historia pero tenemos cosas más largas que nuestra historia"- exclamó con picardía el catalán- "lo importante es que para nosotros esto es una fiesta, no somos dos artistas que comparten el escenario sino dos artistas que comparten lo que ocurre. Nos dejamos ir bastante, la confianza nos ayuda. Estar trabajando con un compañero con un amigo nos da fluidéz. Proponemos una gran fiesta en la que la gente tiene mucho que ver.
La gente es fundamental. No estamos haciendo música para que la gente nos escuche, sino para compartirla con la gente y emocionarnos juntos."
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