Soledad Bauzá
Uruguay es su destino en estos días. Desde esta noche y hasta el domingo 9, Julio Bocca se presenta en funciones del espectáculo "Adiós hermano cruel" en el teatro Solís, junto al Ballet Argentino. Días atrás el astro de la danza y primera figura mundial otorgó una entrevista epistolar a LA REPÚBLICA, cuya primera entrega a continuación compartimos.
Una crítica en su página web lo define "ágil, fuerte, técnico, vigoroso, fluido, rápido, preciso y natural". ¿Cuál de estos términos lo define mejor, en cuál ha tenido que trabajar más?
Todos son aplicables a un buen bailarín. Van apareciendo en la medida que son necesarios para la interpretación de un rol. Hay que trabajar sobre ellos. Yo fui comenzando a prestar atención a la actuación que tiene que ver con la naturalidad y la fluidez- cuando me di cuenta al interpretar a Albrecht la primera vez, en 'Giselle', que él no hacía aparentemente nada, más que observar el desarrollo de la escena, donde la protagonista es la mujer. Ahí me dije: 'Y acá, si no bailo, qué hago? ¿Me quedo mirando?'. Comprendí que necesitaba trabajar la parte actoral. Es elemental ser 'ágil, técnico y vigoroso' pero si no se es 'preciso, 'fluido y natural' no alcanza. La agilidad y el vigor son los primeros que comienzan a desaparecer. Hoy me siento fluido y natural, conservando muy bien la técnica, pero no tan fuerte y vigoroso como cuando tenía 20 años.
Apareció en tapas de revista con una carga erótica inhabitual para el ballet clásico.
No fui el primero. Hacía mucho que nadie aparecía así en un escenario o en una revista. Nureyev era de una sensualidad y una sexualidad arrolladora en la vida y en el escenario. Nijinsky también. A mí, lo que me seduce y divierte de esta profesión, es la posibilidad de explorar los límites, y una vez que los conozco, tratar de transgredirlos. Si no hubiera hecho eso, me hubiese aburrido un montón. No nací para ser únicamente el eterno príncipe en busca de la bella durmiente, ni el desesperado Romeo enamorado de Julieta.
¿Por qué se retira?
Ya no soporto más el esfuerzo diario de las clases y los ensayos sumados a los problemas lógicos de dirigir una compañía y tener que estar además diez puntos a la hora de la función. Sí, estoy muy cansado. Me retiro por ese motivo, y para que este romance tan largo y maravilloso que llevo con la danza desde hace más de 20 años no termine a las patadas. Tengo ganas de comenzar una nueva vida, con más tiempo para mí ya que si bien considero que estoy grande para seguir bailando, estoy todavía muy joven para empezar a vivir de otra manera.
¿Son los 40 años un tope regular para un bailarín?
Por lo menos lo son mis 40 años, que vienen acompañados por siete operaciones de rodillas y un esguince de intercostal permanente que no duele pero molesta. Cuando no se está seguro de cuánto tiempo más aguantará el cuerpo, y este se pasa dando avisos, lo mejor es hacerle caso, antes de que sea demasiado tarde.
Le han llamado el más emocionante bailarín de ballet en la era post Baryshnikov. Tiene debilidad por las bailarinas Eleonora Cassano, Alessandra Ferri y Cecilia Figaredo, con quien se despide de los escenarios. Tras 20 años en el American Ballet Theater, se despidió teniendo, como tituló La Nación, " Nueva York, a sus pies". Su imagen en el escenario, con la bandera argentina en los hombros desnudos, tomando cerveza del pico y levantada en andas, dio la vuelta al mundo. Lo criticaron por "perder la elegancia". Quizá porque siempre se le pidió ascetismo al ballet, sobriedad a sus artistas. Pero era el fin de una gesta admirada, aún compartida por miles, que sólo él, Julio Bocca, conoce. Su presencia en Uruguay es la escala del llamado "Último tour" que inició en enero de este año. "Adiós hermano cruel" cuenta con guión de Elio Marchi, música de Lito Vitale, coreografía de Ana María Stekelman, diseño de vestuario de Renata Schussheim, escenografía de Tito Egurza y diseño de iluminación de José Luis Fiorruccio. Bocca es secundado por el Ballet Argentino, nacido en Mar de Plata y por él dirigido desde hace diez años, y por su primera bailarina, Cecilia Figaredo.
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