Martes, 11 de diciembre, 2007 - AÑO 9 - Nro.2756
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Danza. Adiós hermano cruel, la despedida del bailarín Julio Bocca en el teatro Solís de Montevideo

La gran ceremonia del adiós

Fue "Adiós, hermano cruel" su despedida. Como todo gran artista, Julio Bocca mostró en una sola obra, algo del pasado, algo del presente y algo del porvenir. "Adiós hermano cruel" podría aludir, desde el título, a la despedida de Julio Bocca de su arte, del ballet.

Jorge Arias |

En 1917 Fernando Pereda vio bailar a Nijinsky y quedó tan impresionado que en 1922 escribió uno de sus mejores poemas, "El bailarín". Pereda había encontrado en Nijinsky, por una de esas dádivas de los dioses, el "Sésamo, ábrete", la flor azul de Novalis, los versos mágicos oídos en sueños del "Kublai Khan" de Coleridge, el huerto claro donde madura el limonero de Antonio Machado, la magdalena en el té o las baldosas desiguales, en una calle de Venecia, de Marcel; revelación simultánea de un arte y del alma del espectador, que será, desde ese momento, otro hombre, tal vez un artista. Todavía no se ha escrito para Bocca, que lo merecería, un soneto como el de Pereda; pero sabemos, entre tanto, que el recuerdo de su arte iluminará nuestros días por venir con la imagen de quien, húmedo desde ayer de su paso por la Estigia, es hoy una leyenda.

Balzac escribió que Homero vivía en concubinato con la Musa; fue a la vez, como suele sucederle, profundo y un tanto vulgar. Pero su frase revela que sabía del precio del arte, de la imperiosa necesidad del trato asiduo, de la dolorosa unión perpetua, con sus ribetes de fatalidad y mutua esclavitud. El arte es un hermano cruel, amado y amante, temible en sus exigencias. Reclamos celosos sobre el tiempo, sobre el cuerpo, sobre las costumbres y hasta sobre nuestros placeres. Por eso este adiós es un adiós con dolor, porque el hermano con quien compartió la vida hasta hoy, contra quien debió luchar como Jacob con el ángel, nunca podrá serle indiferente.

Esta obra es una creación, para Julio Bocca, de la coreógrafa Ana María Stekelman, que este año ha recorrido triunfalmente el mundo con su "Tangokinesis". Stekelman, que ha dedicado para de su carrera a la coreografía del tango, es, no menos que Bocca, una figura artística de muy bien merecido relieve internacional. Aquí es una felicidad extra para el espectador que la coreografía de "Adiós hermano cruel" nos traiga a Stekelman en lo mejor de su carrera. Hay uno o dos momentos, muy medidos, en que la coreógrafa alude alguno de los grandes puntos fuertes del pasado de Bocca, como las "pirouettes", las "double tours" y el "pas de deux".

Pero suceden como un relámpago, casi subliminalmente; el espectador asocia de inmediato la imagen que ve en la escena del Solís con el Bocca del ballet clásico, disfruta un instante con la proximidad de los dos recuerdos, como con dos perfumes que se encuentran y se alían de pronto; pero de inmediato lo arrastra el ritmo febril de las difíciles y fluidas invenciones de Stekelman, donde las figuras del ballet clásico reflorecen en contacto con nuevas formas y movimientos. Todo ello aparece en escena, con un vestuario (Renata Schusheim) diseñado hoy y muy moderno pero que, paradojalmente y concorde con la idea rectora de "Adiós hermano cruel" de asociar el pasado con el presente, viste a personas de épocas pretéritas.

Encontramos también algo del pasado y del futuro de Bocca en la obra misma, en la trágica historia de un amor entre dos hermanos, que, dada la época y las circunstancias, sólo podía terminar en la muerte de los dos amantes.

Y así como Marco y Lucía entienden que a veces es preferible la muerte a la vida, Marco, en su encuentro final con Franco casi le pide a su rival que lo mate; para que la muerte, que es inevitable, lo encuentre en la plenitud de su vida y aún de su pasión. Así como el rey de Thulé, que lanza al mar su copa de oro, la misma copa con la que brindó en horas de felicidad con su amada muerta, Bocca se despide del ballet lanzando una copa de oro al mar, en medio de la gloria y del amor por su arte.

El presente es Bocca hoy. Lo vimos, como nunca, en forma, tanto física como espiritualmente. Tuvo gracia, fue incorpóreo y carnal, fue liviano como una pluma y fuerte como el hierro. Supo al mismo tiempo bailar y actuar; y se demostró como todo un actor trágico. Sus desplazamientos fueron veloces y medidos, su porte elegante y adecuado a cada momento de la interpretación.

El drama que interpreta y baila, "Adiós hermano cruel" es una inquietante historia sobre la fractura del tabú que impide la unión de dos hermanos, con un libreto de Elio Marchi basada en la tragedia de John Ford (1586- 1640) "Lástima que seas una puta" (que se estrenó en nuestro medio por la Comedia Nacional).

 

APLAUSOS FINALES

La obra exige que los bailarines sean intérpretes, y el conjunto de la obra tiene el mismo efecto que la gran tragedia. Algún espectador nos dijo, seguramente impresionado por los elementos teatrales de "Adiós hermano cruel", que esperaba algo más de Bocca; que, sin perjuicio de comprender, no sólo que es el gran protagonista sino que su arte de bailarín brilla por encima de todo, encontraba que es un personaje entre varios. Creemos que esta circunstancia, que es real, pertenece también a la ceremonia del adiós.

Los grandes artistas tienen grandes satisfacciones públicas, pero pagan el precio de tener sus vidas privadas bajo constante escrutinio, cuando no bajo acoso. El papel de Marco, que no es el papel de un divo, es, mucho mejor aún, un paso hacia las delicias del anonimato, la "aurea mediocritas" de Horacio. Algunos aplausos finales, antes de que caiga definitivamente el telón sobre esta nota. Cecilia Figaredo interpretó a Lucía con similar arte de intérprete, con todo el temor y temblor de quien rompe una prohibición ancestral que se sanciona con la muerte; y tuvo, además, el apoyo de su refinada gracia e impecable técnica. Una segunda salva de aplausos es para el escenógrafo Tito Egurza, que también nos adelanta el futuro, con su escenario casi puramente virtual, hecha de luz y sin nada más corpóreo que dos columnas y algunos bancos o mesas. Por momentos estábamos en la solemnidad de un castillo, por momentos bajo las luces místicas de una iglesia gótica; siempre hubo en la escena poesía, sugestión, magia.

Nada dirá mejor, sin embargo, la emoción que sentimos al ver a Bocca en "Adiós hermano cruel" que este fragmento del poema que a Fernando Pereda inspiró, hace noventa años, Nijinsky: Agil de gozo, libre, fuerte, en los triunfales saltos en que sonaban címbalos y timbales, su cuerpo era una lámpara. ¿Su gran cuerpo profundo brillaba entre las manos solitarias de un dios? Miré la curva tensa de su cuerpo veloz como si revelase el misterio del mundo.


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