Hugo Acevedo |
El fenómeno, recurrentemente pesquisado por la psicología y otras ciencias afines, ha asumido dramáticas expresiones en el caso de algunos notorios personajes de la historia, parteros de apocalípticas tragedias colectivas.
Sin embargo, con frecuencia, esas compulsivas conductas tienen un origen multicausal, determinado por razones genéticas, familiares y hasta sociales. Algunas masacres registradas en colegios norteamericanos así parecen corroborarlo.
El múltiple asesinato de la familia Cutter, acaecido en 1959 en un pequeño pueblo del estado norteamericano de Kansas, fue, sin dudas, un episodio singularmente revelador de las devastadoras consecuencias de la enajenación humana.
La irracional matanza, que conmovió a la opinión pública de la época e inició un maratónico proceso judicial hasta la ejecución de los homicidas, fue inmortalizada en "A sangre fría", la excepcional novela testimonial del controvertido periodista y escritor Truman Capote.
En 1967, el realizador Richard Brooks encaró la primera adaptación cinematográfica del relato titulada precisamente "A sangre fría", que fue protagonizada por Robert Blake y Scott Wilson.
El filme, cuyo rodaje en blanco y negro fue casi contemporáneo al conmovedor episodio, generó un debate en torno a la pena de muerte y los presupuestos éticos de una sociedad que por entonces se creía virtualmente inmune a estas expresiones de violencia urbana.
Luego, hubo una remake que pasó sin pena ni gloria, hasta el estreno de "Capote" (2005), de Benett Miller, una perturbadora historia biográfica centrada en la figura del propio Truman Capote.
El resonante suceso de "Capote", que fue amplificado y hasta vulgarizado por los gastronómicos esplendores de la gran industria cinematográfica, relegó a un segundo plano a "Infame".
Esta película de Douglas McGrath, que fue filmada en forma casi simultánea, propone un abordaje bastante más realista y oscuro del inmenso Truman Capote.
Aunque en este filme el personaje del polémico escritor y periodista no está revestido de la aureola de divismo que tenía en "Capote", exhibe sí una mayor hondura psicológica.
El relato se centra naturalmente en la investigación de campo emprendida por el osado reportero, quien viaja al escenario de la tragedia con el propósito de reconstruir todo lo sucedido.
En esta versión Douglas McGrath compone un jugoso cuadro costumbrista, al ensayar un atinado parangón entre la frivolidad de una burguesía fascinada con la personalidad de Capote y la metamorfosis de los no menos subyugados habitantes del pueblo.
Sin embargo, más allá de retratos sociales, el peso del relato reposa en la pesquisa emprendida por el personaje, quien también carga con el peso de una infancia infeliz y un pasado desencantado.
McGrath entreteje sabiamente los hilos de la narración, integrando al protagonista a diversos paisajes humanos: las glamorosas fiestas de la alta sociedad neoyorquina, la espartana sobriedad del pueblo chico y el despiadado encierro de la cárcel.
Una de las mayores virtudes de este filme es la intrínseca humanización de todos los personajes, incluyendo naturalmente a los homicidas que aguardaron durante años el momento de marchar rumbo al patíbulo.
Más allá de la mera verdad histórica y de eventuales víctimas y victimarios, en esta historia no hay ángeles ni demonios, sino seres humanos terriblemente agobiados por sus desencantos, sus dolores y sus culpas.
El realizador y guionista desestima de plano el discurso facilista tan habitual en el cine norteamericano, despojando a su planteo de todo maniqueísmo y efectismo.
Incluso, no es casual que el relato acentúe aún más la condición de homosexual de Capote y sus innegables sentimientos por uno de los homicidas.
Es realmente magistral la actuación protagónica de Toby Jones como el excéntrico escritor, en un reparto actoral que también otorga lucimiento a Daniel Craig y Sandra Bullock.
"Infame" es un filme potente, frontal y removedor que mixtura el drama con la reflexión moral, en torno a la pena de muerte, los traumas sociales y familiares y la alineación
En una disertación realizada en el marco del prestigioso Festival Internacional de cine de La Habana que se está desarrollando en la capital cubana, el director brasileño Claudio Assís defendió un cine que haga reflexionar al espectador, comprometido con lo social.
Assís participa por segunda ocasión en el festival cubano, en este caso con la película El bajío de las bestias, en la que aborda la explotación de la mujer, la pobreza y la violencia del nordeste de su país.
En diálogo con la prensa expresó su deseo de que los cineastas latinoamericanos, que tienen a su juicio un gran público por conquistar, dialoguen entre sí y no se dejen seducir por la meca del cine. Yo no vendo mi alma al diablo. No voy a vender mis ideas a Estados Unidos que desea imponer su ideología en el mundo, afirmó el director a una pregunta sobre una posible incursión en Hollywood.
Creo que nosotros, agregó, tenemos nuestros espectadores, nuestro propio público y nos estamos abriendo espacio. En mi país, por ejemplo, el gobierno ha organizado concursos y eventos para ayudar a los cineastas. Se ofrecen servicios de alquiler de edición y cámara. Existe un programa que apoya la realización de documentales y luego se exhiben en la televisión, explicó.
Con esta posibilidad, agregó, hemos avanzado mucho y ya todo no se centra en Río de Janeiro y São Paulo.
Tras ganar en Cuba en 2002 el premio Coral a la mejor ópera prima con Amarelo manga, Claudio Assís participa ahora en busca de otro lauro en la categoría largometrajes de ficción.
En el festival, que concluirá el viernes próximo compiten 121 obras en cinco categorías, entre ellas las uruguayas Matar a todos y El baño del Papa.
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