El jurado, que otorgó por unanimidad el lauro, destacó la excelente factura, actuaciones, guión y fotografía de una cinta que aborda sin estereotipos el tema de la pobreza, a partir de la lucha por la sobrevivencia, común en casi toda América Latina.
También valoró la alta calidad de la fotografía, la solidez del guión y de un lenguaje narrativo a medio camino entre el drama y la comedia, pespunteado por una ironía que insufla intensidad al tema tratado.
El premio Glauber Rocha se instituyó en 1985 a fin de estimular el movimiento del nuevo cine latinoamericano, que "irrumpió con singular fuerza en la década de los años 60 para proponer la búsqueda de una imagen visual descolonizada".
Se entrega anualmente a un largometraje de ficción -entre los concursantes en el festival habanero- que refleje la realidad social de América Latina y la lucha por el mejoramiento humano, con un alto nivel artístico.
El cine uruguayo inició un despegue sobre bases firmes y una muestra palpable es El baño del Papa, de Enrique Fernández y César Charlone, abocado con humor, sensibilidad e ironía a la vida en las márgenes de América Latina.
Exhibido en concurso en el 29 Festival del Nuevo Cine Latinoamericano de La Habana, aborda la historia de un contrabandista en tono menor -tráfico en bicicleta- en las fronteras de la localidad uruguaya de Melo y Aceguá (Brasil).
Sesenta kilómetros de pedaleo sin tregua con una carga a bordo que transita por una carretera casi infinita, con atajos abruptos para burlar los controles aduanales. Beto es uno de la cuadrilla de habituales en busca de hacer la vida más llevadera.
Un día anuncian que el papa Juan Pablo II pasará por Melo y a su visita acudirán 20 mil fieles provenientes de Brasil. Algunos medios de prensa hablan incluso de 50 mil personas.
Las familias más pobres invierten sus ahorros en puestos de venta de comestibles: chorizos, tortas fritas, dulces, bebidas.
Están seguros de que la venta les abrirá una puerta para salir de la pobreza. El más inventivo de ellos, Beto, decide construir un servicio sanitario para alquilarlo al público que lo necesita. Asume su reto hasta las últimas consecuencias.
Al final todo se derrumba. Solo llegan a la ciudad cuatrocientos brasileños.
El crítico cubano Anubis Galardy opina que la escena de la comida convertida en un desparramo de desperdicios deviene metáfora del naufragio de las esperanzas.
Charlone y Fernández integran un dúo de excepción. El primero con una fotografía sin concesiones al folclore y al servicio de una realidad al desnudo, sin los estereotipos habituales con que suele mostrarse la pobreza, la corrupción, el despeñadero de las vidas.
Fernández se luce con una cámara que atrapa desde abajo el tropel de ruedas en desbandada, los travelings deslizándose por caminos abruptos y la loca carrera por llevar a buen puerto la mercancía traficada, a salvo.
Planos como el de Beto imaginándose en el vuelo ascendente de una moto, un triunfador, un soñador con las alas de cera de Icaro derribado por la crudeza de una realidad que exige cambios mayores. Planos fijos, primeros planos y planos medios sugestivos en su sobriedad.
La cámara deslizándose para acentuar la monotonía y el tedio del paisaje, de un trayecto que al final no conducirá a ninguna parte. Todo seguirá igual en Melo.
Fernández y Charlone sólo añadieron una ráfaga de ficción a un suceso verídico que ocurrió en esa región desolada.
César Troncoso, quien encarna al protagonista, borda su personaje con un nivel de autenticidad y honestidad admirables. Su Beto es un hombre que transpira humanidad, un soñador empedernido, sólo que no sabe como ir a la raíz de los cambios. Su actuación, de hondo calado, lo perfila como un candidato al Coral a la mejor interpretación masculina.
Desde que salió a confrontarse en certámenes internacionales, El baño del Papa se cubrió de premios en los festivales de Toulouse y Gramado, en la seción Horizontes Latinos del festival de San Sebastián, es candidato al Goya y aspira a una nominación al Oscar.
En La Habana el público lo aplaudió, se conectó con la historia, rió, se conmovió, como ha ocurrido en otras partes. El filme comenzó a andar un camino que tal vez una tenga recompensa artística a la hora en punto de los Corales.
La realizadora estadounidense Estela Bravo ganó por unanimidad con "¿Quién soy yo?", que trata acerca de la búsqueda de los niños secuestrados y desaparecidos en Argentina durante la última dictadura, el premio Mejor documental del Sur, que otorga la cadena multiestatal Telesur en el marco del Festival del Nuevo Cine Latinoamericano de La Habana, constató la AFP.
El jurado del premio, presidido por el director general de Programación de Telesur, Milton Crespo, destacó que la obra de Bravo sobre la búsqueda de los niños secuestrados bajo la dictadura militar que asoló a la Argentina entre los años 1976 y 1983, contiene "indiscutibles valores que apuntan a la conservación de la memoria".
También "por destacar la trascendencia de la lucha emprendida por las Madres y Abuelas de la Plaza de Mayo, cuya perseverancia rescata la identidad de una generación de jóvenes" argentinos, a la vez que es un documental realizado "con gran sensibilidad y un extraordinario dominio del lenguaje audiovisual". "¿Quién soy yo?" es la continuación de " Niños desaparecidos", que Bravo, radicada en Cuba desde los años 60, rodó en 1984 en Argentina, y es uno de los veintiocho documentales que optan por un Premio Coral en el Festival de La Habana, que concluye el viernes. "Estoy muy contenta con este premio de Telesur", dijo Bravo, al precisar que realizó el documental junto a su esposo, el médico argentino Mario Bravo, y que ha sido el "más duro y difícil" de los que ha hecho, en total 34, según dijo. En declaraciones a la prensa en La Habana, la realizadora comentó que el filme muestra a cuatro de los quinientos niños entregados a amigos de militares que torturaron y asesinaron a sus padres, y que en él aparece Belén, de 29 años, la última de los ochenta y ocho jóvenes hallados hasta la fecha por las abuelas de la Plaza de Mayo. Bravo dijo que ahora se dedica a conservar su obra cinematográfica, pero confía en que las nuevas generaciones de realizadores puedan "reflejar los nuevos momentos que está viviendo América Latina".
Comentarios (beta!)