Nelson Di Maggio
Desde el anuncio, hace meses, la exposición retrospectiva de Tomás Maldonado en el Museo Nacional de Bellas Artes de Buenos Aires (permanecerá hasta fines de febrero) se convirtió en un imán poderoso. Nacido en 1922, Maldonado protagonizó el movimiento de arte concreto (geométrico) desde el comienzo de la década del 40 proclamando el fin del ilusionismo pìctórico y la emergencia de un arte basado en la nueva matemática de Lobachewsky y Riemann. Su objetivo utópico, cambiar la sociedad en su fe en el mejoramiento en todos los ámbitos de la vida. Eran otros tiempos y otros ideales. Teórico de fuste, de inteligencia rápida y atento al pensamiento estético del momento (Vutemas rusa, Bauhaus alemana, el neoplasticismo holandés), aunque con retardo de dos décadas, comprensible por el estallido de la II Guerra Mundial, fue un activo redactor de manifiestos y fundador de revistas, escribiendo que los integrantes de la nueva estética no "creaban" sino que "inventaban", con la pretensión de acercar el arte a la ciencia, con similar talante de precisión y claridad. Estuvo asociado a numerosas revistas epocales. Del único número de Arturo (1946) del movimientio Madí, hizo la carátula, curiosamente, en un estilo informalista que desmentía sus ideas y formalizaciones plásticas. Se exhiben varias publicaciones de esa década fermental (también del 50), que conforman un panel informativo que los críticos memoriosos registran (y atesoran algunas de esas revistas) que además incidieron en el área del diseño gráfico que luego distinguiría a Maldonado con la edición de Nueva Visión en 1951.
En 1948 Maldonado se marchó por primera vez a Europa, conoció a Bruno Munari en Italia, a Max Bill y Richard Lohse en Suiza, a Vantongerloo en París, es decir, el sendero inevitable de la vanguardia de todo viajero inquieto por la actualidad. En 1954 es nombrado docente de la Hoschule für Gestaltung (Escuela superior de diseño) de Ulm, Alemania, dirigida por Max Bill. Abandona la pintura por la enseñanza (en las universidadedes de Princeton, Bolonia, en el Politécnico de Milán) y se convierte en téorico audaz en el campo del diseño industrial, la ecología ambiental, la semiótica, entre otras preocupaciones. En el siglo XXI retoma la pintura.
La exposición de Maldonado se divide nítidamente en dos momentos.Uno, está dedicado a los comienzos con obras (1945-53) impecablemente realizadas donde se advierte una latencia poética del nuevo espacio y un relacionamiento de formas puras altamante inventivo, con el inicio de un cuadro recortado que lo vincula al arte madí y luego sigue un despojamiento formal de extremo rigor y refinamiento. Allí ejerce el poderío juvenil de su talento, cercano y paralelo al del uruguayo Carmelo Arden Quin, a la sazón residente en la capital porteña. Entre los documentos presentados, se advierte el Boletín de la Asociación Arte Concreto Invención (Buenos Aires, diciembre de 1946, Nº 2 y último número), Maldonado escribe el artículo Torres García contra el arte moderno, en respuesta a críticas provenientes de Removedor firmadas por Torres García, Sarandy Cabrera y Guido Castillo, con la iracundia de esos años: " La estructura de Torres Gracía, aún las más abstractas, ponen a descubierto una comprensión superficial del problema no-representativo", afirmando que lo que hay que eliminar es la ley por la cual dos tintas o dos valores determinan la representación del espacio, mientras que Torres García siempre representa el espacio y mantiene la pincelada impresionista. El artículo es virulento, como lo eran los de Removedor, desmedido en la argumentación y típico de las divergencias de los distintos movimientos de vanguardia. Por eso se sucedieron las separaciones y bifurcaciones.
Luego de su extensa e importante obra teórica, Maldonado volvió, en los últimos años a la pintura, traicionando su viejos postulados. No debió haberlo hecho. La sugestión del óleo de los primero cuadros, se evapora en los acrílicos posteriores, sin la firmeza en el encuentro de los planos geométricos ni el calculado color o la inspitrada composición. Su personalidad de pionero artístico y pensador (registrada en numerosos libros), la indudable importancia de Maldonado en el contexto argentino e internacional, no queda afectada por ese tropezón final.
En la misma sala (Maldonado no dejó muchos cuadros) se presenta la exposición itinerante Modelos de Ulm, el diseño de la nueva Alemania / 1953-1968, proveniente de Alemania para conmemorar el 50º anivesario de la famosa escuela, dividida en distintas secciones que la distinguieron en el campo del diseño industrial, la arquitectura, el cine, historia y contexto y biografía de sus fundadores. Es un buen repaso de un aspecto olvidado del arte del siglo XX.
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