Hugo Acevedo |
Según el autor, el libro revela, sin tapujos, "una de las más hipócritas tergiversaciones de nuestra época, que tiene raíces en el siglo XIX, transcurre en el XX y se proyecta al XXI".
LA REPUBLICA accedió a un anticipo exclusivo de esta obra que seguramente será muy controvertida, recogiendo el revelador testimonio del propio Pérez Sparano.
El autor criticó ácidamente la visión subjetiva de un relato histórico que se retrotrae a más de un siglo. "Hasta ahora, ha resultado exitosa la mitificación, procurando equiparar al nacionalismo de Patria Grande en el que militaron Artigas y Oribe, con el enfoque astigmático de los directores del Partido Nacional, desde su fundación en 1872", afirmó nuestro interlocutor.
Con abundante documentación a la vista que naturalmente se reproduce en el texto, Pérez Sparano indaga en un pasado que admite, como en todos los casos, más de una lectura. Naturalmente, su mirada se desmarca claramente del discurso hegemónico de los historiadores oficiales y el correlato de cruciales acontecimientos cuyo análisis aún no está totalmente agotado.
"Cuando Octavio Lapido, Juan P. Caravia, Juan José de Herrera, Francisco Lecoq, Alfredo Vázquez Acevedo, Domingo Aramburu y Joaquín Requena, entre otros, se enfrascaron en arduas discusiones en El Siglo, fundamentando que por ser 'nacionalistas' y fundadores del Partido de la Nación o Nacional, sostenían que debían desaparecen los partidos tradicionales (Blanco y Colorado) y que no había otro con punto de partida en la Batalla de Carpintería de 1836, dejando paso al 'progresista' Partido Nacional, nunca hubieran podido imaginar que sus denostaciones e improperios contra Manuel Oribe, Fructuoso Rivera y sus respectivas colectividades (blanca y colorada), se diluirían en tal grado y se transformarían de manera tal que podrían servir para la creación de un conglomerado que, en nombre de Oribe y declarándose fundador del Partido Nacional, impulsara la alianza más acerada de la historia con el Partido Colorado, llegando a gobernar juntos, entreverados, con acuerdo programático y en coalición".
Esta larga reflexión del analista constituye una síntesis conceptual del espíritu de la obra, que denuncia enérgicamente la política de coparticipación y cohabitación en el poder entre nacionalistas y colorados.
El especialista realizó su trabajo de investigación con los documentos originales del proceso fundacional del Partido Nacional, lo que otorga seriedad y verosimilitud a su planteo.
Sobre el particular, Pérez Sparano explicó que el libro abreva "de las expresiones vertidas por los fundadores del Partido Nacional, cuando justificaban la creación de una nueva agrupación de hombres verdaderamente liberados de lo que consideraban las nefastas divisas blanca y colorada, de los partidos que enarbolaban y de los caudillos que las dirigían: Manuel Oribe y Fructuoso Rivera".
El documento que encabeza la pesquisa es el ejemplar inaugural de "La Democracia" (órgano oficial y fundacional de prensa del Partido Nacional, del sábado 1º de junio de 1872.
La reproducción de un párrafo realmente muy reveladora, resulta más elocuente que cualquier ulterior interpretación:
"...los partidos tradicionales son los principales enemigos de la civilización y el progreso. Ellos se empeñan en mantener viva y ardiente la hoguera de las pasiones que les dieron nombre y origen".
Según el autor, fue el por entonces joven Partido Nacional el que pronunció la sentencia de muerte del Partido Blanco.
En esta obra, se acusa al discurso oficial de mantener esta historia en secreto, al afirmar que el Partido Nacional fue fundado por Manuel Oribe en 1836, citando expresamente la Batalla de Carpintería como hito fundacional.
Pérez Sparano afirma que esta tesis es refutada por "La Democracia" en 1972, que confirma que esta confrontación fue protagonizada por blancos y colorados, cada uno con su respectiva divisa.
"La divisa celeste y blanca es la del Partido Nacional y Luis Alberto de Herrera relata, de manera cautivante, cómo su hermana Pilar colaboraba eficazmente en diferentes bordados, mientras su padre, don Juan José de Herrera vociferaba (sic) contra Oribe".
El trabajo también propone una nueva interpretación acerca de la Batalla de Carpintería, "que tampoco se agota con el proceso fundacional del Partido Nacional, en 1872".
El autor reivindica a Lorenzo Carnelli, a quien considera "el justiciero de Oribe", rescatándolo de "la condena despiadada, el olvido y la ignominia a la cual lo habían condenado los sucesivos directorios e historiadores del Partido Nacional".
Sin embargo, señala "la valiosa excepción de Luis Alberto de Herrera al reinterpretar al prócer en 'Orígenes de la tierra grande', luego de haberlo denostado en 'La tierra charrúa'".
Asimismo, corrobora la indudable validez de la investigación como herramienta idónea para hurgar en el pasado y, a partir de la materia prima que emerge de ese trabajo de indagación, ensayar nuevas y revulsivas lecturas acerca de lo sucedido.
Este libro también confirma la insoslayable necesidad de reformular la enseñanza de nuestra historia nacional, cuestionando, si es menester, algunas de las versiones más arraigadas en el imaginario colectivo.
"Una historia secreta: ni blancos todos, ni nacionalistas todos" promete transformarse en uno de los títulos más polémicos y removedores de la temporada editorial 2008, por su fuerte énfasis en la verdad histórica y su intenso acento crítico.
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