Por el hecho de ser secretos, los masones han disparado la imaginación durante siglos. "Si es un secreto y es una elite, no puede ser buena", dice un personaje de Sociedad secreta, de Rob Cohen, película que estrena hoy.
Puede ser criminal; pero también puede ser aburrido, o levemente ridículo, o --como parece en Uruguay-- una sociedad de palanqueo mutuo levemente corrupto.
Eso es lo que se ofrece a un joven brillante pero pobre: veinte mil dólares y un futuro asegurado: american dream. Como el Opus Dei y otras sociedades no secretas, se informa que la masonería norteamericana intenta captar jóvenes promesas en las mejores universidades, para tener a los líderes de mañana.
Pero un amigo, estudiante de periodismo, teme que agarre por el mal camino (¿ese era el bueno?), se pone a investigar a la sociedad y termina "suicidado". El despertar será terrible y ahí comenzará la película de suspenso. El guionista John Pogue afirma haber tenido "contacto directo con sociedades secretas cuando estudiaba en la universidad": le preguntó a un consejero por un prendedor y éste "sin decir palabra giró sobre sus talones y se alejó". ¡Qué momento!
El director ha firmado varias películas más o menos taquilleras y títulos de TV, y produjo varios éxitos.
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