Hugo Acevedo |
En "Tierra de nadie" y "Para esta noche", las dos obras recientemente reeditadas por el grupo Santillana, el inconmensurable Juan Carlos Onetti ensaya una tan reveladora como aguda radiografía de las peores miserias humanas.
El prestigioso escritor, que nació en 1909 en Montevideo y falleció en 1994, en Madrid, fue uno de los más grandes creadores de la narrativa nacional.
Desde la publicación, en 1939, de su emblemática novela corta "El pozo", Onetti marcó rumbos en la literatura uruguaya e hispanohablante, mediante un estilo ácido, cuestionador y despiadadamente incisivo.
Su incansable actividad periodística le permitió transformarse en un agudo testigo y crítico de la realidad, que proyectó sus tribulaciones, angustias e inconformismos a su vasta producción novelística.
Fue encarcelado por la dictadura, que lo acusó de "promover la pornografía", por su participación, en calidad de jurado, en un certamen organizado por el semanario "Marcha", que fue ganado por el censurado cuento "El guardaespaldas".
Su exilio en España le permitió cosechar el reconocimiento definitivo como uno de los grandes referentes de las letras castellanas, cuando, en 1980, recibió el prestigioso premio Cervantes.
Su emblemática obra incluye, entre otros, los siguientes títulos: "Tierra de nadie", "Para esta noche", "La vida breve", "La cara de la desgracia", "El astillero", "Juntacadáveres", "Dejemos hablar al viento" y "Cuando ya no importe".
En un plausible esfuerzo editorial, el grupo Santillana inició, el año pasado, la reedición de la vasta producción narrativa de Juan Carlos Onetti. Los cinco primeros libros publicados en el marco de esta colección, fueron: "El pozo", "Los adioses", "La vida breve", "El astillero" y "Juntacadáveres".
La reciente aparición de "Tierra de nadie" y "Para esta noche", otros dos títulos referentes del autor, nos permite ensayar nuevas relecturas en torno a la dialéctica de la angustia, la alienación humana y las miserias subyacentes.
"Tierra de nadie", que originalmente fue publicada en 1941, es una historia de una dureza sin concesiones y de escritura contundente, en la cual el medio urbano asume casi tanto protagonismo como los propios personajes. Esa sensación de mutua asimilación es como si se devoraran entre sí y formaran un mismo objeto inescindible.
Este es precisamente el primer relato en el que aparece Larsen, una criatura literaria nacida de la pluma de Onetti, que será una presencia recurrente en otros títulos posteriores, como "El astillero" y "Juntacadáveres", ambos publicados durante la década del sesenta.
Esta es una obra de universos humanos terriblemente fragmentados, en la cual también se respira un ambiente despiadadamente desolado.
Aquí, toda la hegemonía del discurso literario reside en el presente, desestimando los eventuales vestigios del pasado o los atisbos del futuro, como si éste último fuera realmente una utopía.
La novela, que es indispensable para un más profundo conocimiento de la producción del autor, fue gestada y publicada durante una guerra que consumía dramáticamente a Europa, circunstancia que seguramente influyó, en forma determinante, en el ánimo del novelista.
Aunque no se admita explícitamente la aluvional corriente de refugiados que por entonces llegaron al Río de la Playa huyendo de la hecatombe, esta situación modificó la percepción que el narrador tenía de la realidad.
La amplificación de los conflictos humanos y la traumática sensación de fractura que parece apropiarse de los espacios físicos, constituyen, en buena medida, el irrefutable testimonio de la aguda crisis que padecía esa sociedad, carente de rumbo y destino.
Para los personajes de Onetti, ese permanente revolcarse en el fango de la realidad no es un mero determinismo tremendista, sino una frontal aventura autocrítica de sinceramiento y hasta una dramática confesión de culpas.
La frontalidad del planteo argumental y psicológico también sepulta la siempre esperanzadora experiencia del sueño, esa salvación última que Onetti siempre niega a sus personajes.
Por su parte, "Para esta noche", inicialmente bautizada como "El perro tendrá su día", que fue publicada en 1943, es otro retrato laberíntico y opresivo, en el cual la política aflora como un tema central.
El propio protagonista es el centro de una historia sombría de miedo y de perfiles contundentemente pesadillescos, que padece la misma sensación de enclaustramiento de otros seres humanos tan atribulados como él. Como es habitual en la obra de Juan Carlos Onetti, ese incesante cruce de inciertos caminos no conduce hacia ningún destino.
Aunque en este caso el discurso del autor desestima toda tentación panfletaria, los núcleos vertebrales de la historia son el autoritarismo, la intriga y el miedo.
No es casual que esta obra sin dudas removedora, haya sido parida en un tiempo de grandes conmociones planetarias, tanto regionales como internacionales.
La locación geográfica en la cual está ambientada la narración no es ciertamente precisa, lo que parece ser un deliberado recurso literario del autor para corroborar la intrínseca universalidad de los conflictos.
Sin embargo, en el tiempo de su irrupción editorial se especuló, no sin razones, que el escenario de la trama novelesca fue realmente Buenos Aires.
Esta conjetura de los críticos y especialistas fue demolida por el propio escritor, quien afirmó que la ciudad en la cual se desarrollan los acontecimientos era realmente Valencia.
No obstante, lo realmente trascendente no es el mero contexto ambiental, sino la circunstancia y, aún más, las reacciones humanas siempre expuestas a la intemperie de situaciones límite.
La multiplicidad y complejidad de los personajes que magistralmente pincela Onetti, redimensiona la atmósfera pesadillesca que recorre todo el relato.
El novelista transforma a sus criaturas de ficción en auténticos conejillos de Indias, los cuales transpiran sus dramáticas angustias en el laboratorio de la creación literaria.
En ese contexto, hay un crudo y explícito examen de conciencia de una sociedad que, paulatinamente, comienza a ser consumida por un odio cerril e irrefrenable.
Pese a estas consideraciones, "Para esta noche" no es una obra de compromiso ni se ajusta a los parámetros convencionales del género político.
Si bien en el relato afloran temas como la violencia política y la agitación social en el tortuoso paisaje de una sociedad virtualmente sitiada, no hay un discurso ideológico propiamente dicho, sino una contundente descripción de las conductas humanas sometidas al terror y al atropello.
La reedición de estas dos novelas nos permite reencontrarnos con un escritor referente de la literatura nacional, quien cultivó un discurso de acento radical que denuncia el derrumbe moral de una sociedad alienada.
Estos dos títulos confirman a Onetti como un autor de culto, que expresó en su obra, mediante un lenguaje tan despojado como visceral, el desencanto, el hastío, la sensación de vacío y la inescrutable inercia de seres gastados y abatidos.
(Edición de Santillana)
Comentarios (beta!)