Dirigida por el artesano Rob Cohen y protagonizado por Joshua Jackson, Sociedad secreta, es una variación menor acerca de los innumerables tópicos que pueden ocurrir en un campus universitario. Y si te portás mal, kid, cuidado.
Un pelagato de indudable potencial que aspira a doctorarse en leyes y trabaja a la vez en un restaurante de comidas rápidas (Joshua Jackson, uno de los actores jóvenes que ya se ha visto en filmes como Leyenda Urbana y en la impecable serie televisiva Dawson's Creek), es uno de los elegidos para integrar una de las sociedades secretas que dominan las universidades y se expanden en diversas actividades o emporios de poder de los Estados Unidos.
Sus amigos (un aspirante a periodista y su novia) le advierten que todo lo que es secreto nunca funciona ni funcionará, pero el muchacho está fascinado por uno de los pocos seleccionados por esta elite y porque, en cierto modo, cree que logrará allanar su camino en tanto concreción de sus objetivos.
Sociedad secreta (The Skulls), de Rob Cohen, es una variante menor en torno a las historias que poseen como especialidad el mundo universitario. Aquí todo irá de maravillas, pese a la rivalidad interna que mantienen dos de las cabezas de mando de la sociedad (el siempre solvente William Petersen caracterizando a un congresista y Criag T. Nelson a un abogado ebrio de poder que quiere ocupar una silla de la Suprema Corte), pero los obsequios costosísimos y otras confortabilidades quedarán congelados cuando Will, el amigo-periodista, aparece muerto. En rigor, asesinado porque había descubierto el modus operandi de los skulls y pensaba darle alcance público.
Para el personaje de Joshua Jackson supone un formidable shock o cable a tierra y, por supuesto, habrá que olfatear, interrogar, investigar a fondo con la ayuda de los viejos amigos del barrio que todo lo pueden y todo lo hacen y de su angelical girlfriend: el filme adquiere un tono de thriller sin mayores tensiones y con un libreto tan previsible que todo, absolutamente todo se derrumba al pie de un happy end inevitable.
Sociedad secreta describe cómo operan estos grupos, pero falla en su modo narrativo, en la flaqueza libretística y hasta las ambientaciones de mayor intensidad dramática. El asunto daba para un tratamiento de mayor profundidad y no este ejemplo descafeinado. Una lástima.
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