Otto Cisneros
Hay excepciones, claro que sí, y muy buenas, pero esta vez la neurosis llega por el uso y abuso de las supuestas colegas en otro papel, de ser algo más que una protagonista de un programa a ser un simple objeto para cumplir con "un chivo" publicitario que haga conocer a algún confeccionista o local de shopping que busca el ahorro de pagar modelos verdaderos.
Las mañanas televisivas son todas iguales. Recurren al mismo propósito. "Aquí está o aquí estoy" con este modelito creado especialmente por Fulana, con estas medias Mengana y los zapatos Zutano, un collar de Perengano, de esos adquiridos en la calle, y hacen su breve desfile, una vueltita alcanza para mostrar cuan lindas pueden ser. Eso, por supuesto, deja sus pesos, que cada vez son más flacos en las agencias de publicidad.
Recurso al que nadie presta atención, claro, porque alguien puede haberle vendido al dueño de la boutique que así iba a ganar mucho, pero cuyos resultados son mínimos. Lo que tiene valor de crítica para todos los programas matinales, en los canales privados de televisión abierta, pero que se agrava cuando en el caso de "Puglia y Cía", además de Paola Bianco se practica el mismo juego con Petru Valenski dando su paseo de modelaje. No exageremos porque siempre debe haber límites para el buen gusto, que no está tan lejos. Su humor merece otras variantes. Y tiene categoría de actor de primer nivel como para no perderlo en esas tonterías, que son, esperamos, también parte de una broma pero abruma.
No es un mal mañanero. Porque en programas centrales, supuestamente muy periodísticos, se cumple con esa estrategia. Desde "Buscadores", que es producto oficial, con Ana Inés Martínez, hasta el programa que tenía Orlando Petinatti, "Mundo cruel", donde una linda Patricia Wolf era el preciado argumento para superar otras debilidades pero con sus buenas razones para estar emperifollada como se la exhibía. Por ahora, esperemos que por siempre, no se recurra a esas argucias en los informativos. Imagine a Blanca Rodríguez, Yisela Moreira, Claudia García, Carolina García, Virginia Mujica o cualquiera de las noteras hablando de sus pilchas antes de informar o encontrarse con el entrevistado.
Fuentes cercanas, bien informadas, nos afirman que la inversión publicitaria mejoró con relación a años anteriores, superando largamente la crisis que había comenzado con el siglo. Eso nos daría derecho a reclamar que se trabaje publicitariamente en serio, sin esos disimulos.
Otras fuentes nos acercan lo que puede estar costando un minuto de publicidad promedial. Sería unos mil dólares. Parece mucho, es cierto, pero mire que en las tarifas impresas de los canales privados esos mil se van a cinco o seis mil, que algún distraído puede pagar. ¿O ya no hay distraídos?
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