Tras ofrecer sendos recitales en Brasil (Sao Paulo y Río de Janeiro) y luego en Buenos Aires (Argentina), el llamado Frank Sinatra de Francia, se presentó ante el público uruguayo en el hotel Conrad de Punta del Este.
El pequeño gigante, como también se le conoce por su estatura de 1,65 metros, ha dicho que esta gira de hecho iniciada en 2006 en Estados Unidos y continuada en 2007 por Asia y Europa es una especie de despedida ante sus millones de admiradores en el mundo.
Pero pocos le creen, porque en más de una ocasión el cantante, compositor, actor y escritor ha dicho que jamás dirá adiós a los escenarios. Después de Argentina, Brasil y Uruguay, Aznavour viajará a Chile, Perú, Colombia, Venezuela, México, República Dominicana, Puerto Rico y Cuba.
Sus raíces armenias lo templaron para sobrevivir a éxodos y desconsuelos. En cincuenta años de éxito mundial, fue amigo de Frank Sinatra, Jean Cocteau, Ray Charles y Liza Minnelli, protegido de Edith Piaf, seductor empedernido, pero finalmente, hombre de una sola mujer. Charles Aznavour vivió cien vidas y escribió casi mil canciones.
Hoy, a los 83 años, ese fabuloso cantautor a quien la revista Time y el diario The New York Times consagraron como "el artista de variedades del siglo XX" sigue subiendo al escenario con el mismo entusiasmo que en aquella noche de 1955 para su primer concierto en el Olympia de París. Sin duda, además de su innegable calidad, su éxito se debe en parte a su perseverancia y disciplina. El cantante dijo que se levanta "cada día a las 6 de la mañana, y a las 8 ya estoy sentado en la oficina: la inspiración no cae del cielo: hay que ejercitarla. Es una disciplina. Cada noche, sin excepción, escucho una de mis canciones traducida a otro idioma o bien un texto nuevo para estrenar, aunque cada vez me resulta más difícil memorizar. Ese es uno de los problemas de la edad. El cantante, escritor, actor cinematográfico, compositor y músico preguntado acerca de cual de esas actividades eligiría si tuviese que quedar con una sola, afirmó rotundamente que "Eligiría vivir. Amo la vida dijo. Todo me interesa. Todo me atrae. Me gusta la gente, las situaciones nuevas, los lugares insólitos, las nuevas tecnologías, las ideas audaces. El día que pierda esa curiosidad, sólo me quedará la muerte".
En su rol de embajador itinerante del gobierno de Armenia, donde nacieron sus padres, Aznavour tributó homenaje a esa colectividad con algunas canciones. En algunos pasajes, el artista explicó el contenido de sus textos. En "Fait de societé" dijo que era una canción acerca de un hombre que tanto quería a una mujer sordomuda que aprendió el lenguaje de señas tan sólo para poder manifestarle su amor.
El público lo aplaudió de pie y lo ovacionó, especialmente cuando se dirigió a una de sus coristas, su hija Katia para que lo acompañara en "Je voyage".
En "La Terre meurt", llamó a preservar los recursos naturales, ante un mundo que cada vez contamina más el planeta.
Finalmente, antes de despedirse presentó a los integrantes de su orquesta mientras los asistentes, de pie, lo aplaudían solicitando otras canciones. Aznavour cerró el show con un popurrí de canciones en español.
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